CAPITULO 3
MADDOX
El aire en la playa de Chicago era una mezcla densa de sal, sudor juvenil y alcohol barato, pero en el momento en que mis ojos chocaron con los de él, el oxígeno simplemente se evaporó.
Cometer un error es humano. Cometerlo sabiendo que te va a destruir es puramente masoquista. Y ahí estaba yo, de pie frente a Max Hardaway, sintiendo cómo su indiferencia me golpeaba con la fuerza de una marea gélida. Sus ojos marrones no solo me ignoraban; me borraban del mapa.
¿En serio no sabe quién soy?
La pregunta golpeó las paredes de mi mente, cargada de una ironía amarga.
En realidad, no debería sorprenderme. En este mundo era un fantasma. Maddox Salvatore no existía oficialmente, pero si su alter ego: Maddox Müller.
La mayoría conocía a Levi Salvatore como el magnate de los coches de lujo, el epítome del éxito legítimo de Chicago.
Pero bajo el asfalto de la ciudad y su sonrisa de niño bueno, mi padre era Sky Dragon , el soberano de la red criminal conocida como Draghi .
Y yo era su secreto mejor guardado. La princesa oculta en una torre de cristal que, por alguna estúpida razón, hoy había decidido bajar a la arena.
Por alguna razón no, por culpa de mi padre.
Levi Salvatore me voy a cobrar esto , pienso.
¿Tenía sentido que Máximo Hardaway no tuviera idea de quien era? Sí. ¿Eso hacía que molestara menos? En absoluto. Después de todo, compartimos clase.
Aunque participaba menos de lo que me gustaría admitir... Pero ¿Cómo demonios no se había percatado de mi existencia? Una furia caliente y vergonzosa comenzó a trepar por mi columna. Yo tenía un expediente mental sobre él.
Sabía que era uno de los soldati más prometedores de mi padre, una sombra eficiente y letal. Pero para él, yo parecía ser menos que el polvo bajo sus botas.
Mierda, sabía cuándo era su cumpleaños.
Le di un trago largo a mi cerveza, dejando que el amargor distrajera el nudo en mi garganta.
Penny, por el contrario, era una fuerza de la naturaleza. Si existía una persona que no necesite de refuerzos para enfrentar a su crush era mi mejor amiga. James pareció dudar un segundo antes de que una sonrisa ladeada transformara su rostro. Estaba atrapado y lo sabía.
Sonreí detrás del plástico rojo, al menos una de las dos tendría una buena noche.
Contrario a su amigo, Máximo solo buscaba huir de allí. Su frustración era palpable, una energía vibrante que me erizaba los vellos de los brazos.
Me di la vuelta para marcharme, lista para hundir mi orgullo en más alcohol, cuando la voz de James me detuvo en seco.
—Maddox, ¿cierto? —James ladeó la cabeza, su sonrisa era una mezcla de diversión y algo que no supe descifrar—. Teoría del Delito. Tu trabajo sobre el crimen organizado en Chicago fue… revelador. Casi pareces una experta.
La ironía me quemó la lengua.
Si supieras, James.
¿Cómo olvidar cuando Levi leyó mi trabajo? Se molestó tanto que casi llama a su informático de confianza para eliminarlo de la base de datos de la universidad. Pero lo convencí de no hacerlo, fue una pequeña victoria, una pequeña rebeldía demasiado inocente.
—Gracias —murmuro con una sonrisa—. Un tema interesante, sí.
—A Max también le pareció fascinante, ¿verdad, Max? —Insistió James, dándole un empujón a su amigo.
Max se tensó. Sus ojos se clavaron en mí por una milésima de segundo, una chispa de algo oscuro y volátil saltando entre nosotros antes de que volviera a ponerse su máscara de piedra.
—Ah. Eres tú —murmuró. Su voz era un barítono bajo, cargado de un desprecio tan puro que me cortó la piel.
¿Era acaso un imbécil con todo el mundo o tenía un problema conmigo?
Nunca tuve tantas ganas de tomar mis guantes de boxeo y usar su estúpida cara para practicar.
—Claro que es ella, Maddox no es un nombre común por aquí —le dio un empujón divertido—. Recuerdo incluso que dijiste que te resultaba interesante.
Debí contenerme para no girar a ver a Penny, pero podía sentir los ojos de mi mejor amiga sobre mí con intensidad. Sé lo que piensa y también sé que está equivocada.
Al final, la curiosidad pudo conmigo y desvié mis ojos hacia ella. Alcé una ceja al ver lo que quería decirme con su mirada y su sonrisa: «¿ves? No eres tan invisible para él» . Contuve el aire en mis pulmones por unos segundos.
James parecía claramente divertido ante la situación en la que dejaba a su amigo, quien se notaba incómodo y con muchas ganas de asesinarlo. De hecho, le dedicó una mirada que estaba segura de que podría matarlo si fuera posible.
A mí me revolvía el estómago de una forma que no comprendía el pensar que quizás me equivocaba y solo fingía no saber quién era. Aunque quizás era producto del alcohol que consumí sin cenar antes.
—¿Interesante su tema de investigación? —Mi mejor amiga preguntó con burla.
—Oh, no —respondió James—. Su nombre.
Tragué saliva.
—Sí, lo recuerdo —dijo luego de un rato Max, la voz le salió un poco más ronca mientras me observaba de pies a cabeza—. Interesantemente aburrido —murmuró antes de alejarse.
Ah sí, porque llamarte Máximo era totalmente interesante y divertido.
El insulto fue como una bofetada. Penny me lanzó una mirada que gritaba: «¡Te conoce!» , Pero yo solo sentía el sabor de la bilis.
—Descuida —susurró James al pasar por mi lado, siguiendo a un Max que ya se alejaba a zancadas—. Suele ser un imbécil cuando algo le pica la curiosidad.
Me dejó ahí, con el corazón martilleando contra mis costillas. Penny saltó sobre mí, emocionada, pero yo solo podía ver la espalda de Max perdiéndose entre la multitud.
Im-be-cil.
Si tan solo tuviera mi Mossberg...
—¿Quien demonios se cree este estúpido? —Digo en voz baja.
—Es un bad boy , Maddie. Tienen que ser así —insistió ella mientras me arrastraba hacia la barra improvisada.
—Es un idiota con complejo de superioridad, Penny. Hay una gran diferencia.
Me dejé conducir hacia la barra improvisada por mi mejor amiga, para ese momento de la noche y con toda la vergüenza que acababa de experimentar me dejaría arrastrar hacia cualquier lugar si pudiera olvidar la indiferencia del imbécil Hardaway.
¿Que por qué me molestaba tanto? No tenía idea pero lo hacía.
O si la tengo. Y es el hecho de que sé que no le hice nada para ganarme su odio o hastío. Si le resulto tan indiferente, ¿por qué parece que soy la peor persona en la faz de la tierra para él?
Penny parece concentrada en preparar un trago para ambas mientras tararea una canción que suena por los altavoces.
La playa parece haberse llenado más con el correr de los minutos, la luna estaba inmensa y llena, iluminando todo el lugar que no necesitaba de luces artificiales.
Acepto el vaso de plástico que me pasa mi mejor amiga y debo contenerme para no vomitar el contenido allí mismo. Sobre mis zapatos de diseñador.
—¿Qué mierda es esto?
Penny hace una mueca de incomprensión y toma el vaso para llevárselo a sus labios, ahora es ella la que está al borde de arruinar sus sandalias color plata. Contengo la risa.
—Te juro que creí que era vodka y jugo de naranja —hace una mueca de asco— Puag... ¿Cómo puede ser tan asqueroso?
—Tu vives de fiesta, deberías saber hacer un maldito trago…
—¡Hey! Eso no es justo, tú...
—No deberían mezclar vodka con licor.
Una segunda voz masculina nos hace girar.
Frente a nosotras hay un pelinegro absolutamente atractivo y del que no recuerdo haber escuchado jamás.
—Si quieren les puedo compartir…
—¿Y tú de dónde demonios saliste? —Abro los ojos como platos y le lanzo una mirada a Penny, pero mi mejor amiga ni siquiera me registra.
La pelirroja tenía dos estados cuando se emborrachaba: un hobbit agresivo o un hobbit tierno.
Había elegido el camino de la violencia, estaba bastante claro—.
Si piensas que aceptaremos el trago de un desconocido…
—Penny —dije entre dientes.
—Luc. Me llamo Luc —contestó con una sonrisa y nos enseñó una fila de dientes blancos perfectos y relucientes. ¿Cómo es que tenía una sonrisa tan linda? —. Y, por si no lo recuerdas porque estás muy borracha, compartimos una clase.
Penny, que hasta ese momento tenía las manos en su cintura y le dedicaba una mirada fulminante pareció cambiar de opinión.
—Oh, sí. Te conozco —dio un pequeño salto—. Eres el genio en economía y estadística. ¿Me ayudas con el examen?
—¿Examen? ¿De verdad? —La interrumpo y se encoge de hombros. Luc se ríe con diversión y nos dedica una mirada curiosa a ambas—. ¿En una fiesta?
—Bueno, puedo aprovechar…
—Eres increíble —niego—. Luego yo soy la extraña...
—Nunca te llamé extraña, solo digo que eres aburrida.
Pongo los ojos en blanco.
—No puedo ayudarte ahora —la voz del pelinegro vuelve a aparecer y vemos como se rasca la nuca pensativo—. No en un lugar como este. Pero puedo darte mi número y me escribes en la semana…
—¡Genial! —La pelirroja le extiende su móvil con la pantalla iluminada por su número y Luc lo anota rápidamente— ¿También quieres el de Maddox?
—¿¡Qué!?
Las mejillas del pelinegro se tiñen de rosado.
Tercer estado de Penny borracha: hobbit casamentero.
—¿Qué? —Pregunta Penny con inocencia—. Quizás también…
—Penny —digo entre dientes—. Perdónala, está borracha…
—Bueno, tampoco dijo una mentira —se encoge de hombros y trago saliva con fuerza. ¿Qué demonios estaba ocurriendo? —. Pero está claro que Maddox no quiere darme su número…
—Si quiere —responde Penny.
Definitivamente voy a asesinar a mi mejor amiga. Listado de personas a las que asesinaré: Levi Salvatore por hacerme venir a esta fiesta; Máximo Hardaway por ser un imbécil; Penny Ann Hill por darle mi número a un extraño.
Un extraño atractivo y con linda sonrisa.
Luc me dedica una sonrisa y niega.
—No creo que eso sea lo que quiera —lo veo acercarnos un vaso de plástico lleno de líquido naranja, Penny lo toma olvidándose que un par de minutos atrás lo miraba con desconfianza—. Pero quizás en un futuro sí.
Me guiña un ojo antes de alejarse.
¿Qué…?
— ¡Penélope! ¿Qué demonios fue eso?
La pelirroja pone los ojos en blanco al escuchar su nombre de pila.
—Oye —Penny alza ambas manos, balanceando el vaso con un descuido que casi lo hace volcar—. Estabas ardiendo por dentro porque Max te trató como si fueras aire...
—¿Disculpa?
Hago una mueca de incredulidad.
—¿Acaso me equivoco?
—Por supuesto —me cruzo de brazos—. Máximo no podría importarme en lo más mínimo.
—No tenía idea de que Max era por Máximo —dice en un susurro mientras camina a mi lado—. Interesante, ¿es italiano?
—¿A quién demonios le importa? —Murmuro.
—Bueno, quizás a ti. Ya que sabes su nombre de pila...
—No me interesa —digo entre dientes.
—Y estabas molesta porque te ignoró...
—¡No estaba molesta! —Solté de inmediato. Demasiado rápido. El tono defensivo me delató. Me aclaré la garganta, forzando una máscara de indiferencia que sabía que no la engañaba—. Simplemente no me interesa su actitud.
Penny alza una ceja y puedo ver su sonrisa divertida detrás del vaso de plástico.
—Claro. Por eso parecías a punto de estamparle la cerveza en su cara perfecta.
—No tengo idea de qué hablas —murmuro.
—Maddox...
—Bueno, quizás lo estaba. Un poco. Solo un poco —admití, sintiendo el pinchazo de la irritación bajo mi piel—. Pero es porque es un imbécil.
—Un imbécil jodidamente atractivo.
Puse los ojos en blanco y la tomé del brazo, arrastrándola hacia la pista de baile para escapar de la mención de su nombre. Pero Penny no soltaba a su presa.
—Y jodidamente bueno en la cama, según comentan...
—No lo entiendo, Penny —ella alza una ceja— ¿Cuál de los dos es el que te quieres llevar a la cama? ¿James o Max?
—James, sin duda —respondió ella, dando un sorbo lento a su bebida, cerrando los ojos con deleite—. Esto sí es vodka de verdad —murmuró—. ¿Que si Max es guapo? Sí. Pero no soy tan estúpida como para meterme en su radar. Es una zona de peligro.
—Exacto. Porque es un imbécil...
—No —me interrumpió, y su expresión se volvió extrañamente seria—. Porque hay cientos de chicas en esta fiesta intentando llamar su atención, y él solo tiene ojos para ti.
Me detuve en seco. Los tacones de mis plataformas se hundieron en la arena, anclándome al suelo. Penny alzó una ceja, esa chispa de diversión cruel bailando en su mirada mientras se mordía el labio.
—No digas estupideces, Penny.
Hizo un gesto sutil con la cabeza hacia la derecha.
Mi traicionero instinto me obligó a seguir su dirección hasta que mi visión fue capturada por un par de ojos color chocolate.
Mi respiración se atascó en mis pulmones.
¿Se le había movido la nuez de la garganta?
¿Acaso Máximo acababa de tragar saliva al verme?
James estaba a su lado, hablando sin parar, pero Max no le prestaba ni la más mínima atención.
Su mundo se había reducido a un solo objetivo.
Sus ojos recorrían cada centímetro de mi cuerpo con una intensidad que me hizo sentir desnuda bajo la luz de la luna.
Me analizó los labios, los ojos, la curva de mis hombros, con una fijeza casi depredadora.
¿Qué demonios le ocurre?
Mi corazón comenzó a golpear mis costillas, un tambor salvaje y desbocado.
Odiaba que tuviera ese poder sobre mí cuando nuestra única interacción había salido tan mal por su culpa.
Lo que me resultaba más inquietante no era su atención, sino la oscuridad que emanaba de ella.
A la distancia, ya no era el chico indiferente. Ahora era un cazador.
¿Por qué se alejaba de mí si me miraba como si quisiera devorarme?
—Invisible, ¿verdad? —La voz burlona de Penny me devolvió a la realidad.
Me tomó del brazo y me arrastró hacia el caos de la música y los cuerpos sudorosos.
Lo último que vi antes de que la multitud me tragara fue a Max.
Su mandíbula se tensó tanto que pareció que iba a romperse.
Lanzó el vaso de plástico al suelo con una violencia contenida y se dio la vuelta, alejándose de la fiesta como si necesitara escapar de la tentación de venir por mí.