Tormentas de verano 21 #3
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«Cuando termines de hacer que me enamore de ti». Al menos eso se lo calló. Qué vergüenza.

—Un momento. Eso no forma parte del trato. —Parecía furioso—. No tiene nada que ver con el juego.

—¿Estás seguro?

Todo su cuerpo se convirtió en piedra.

—Sí, Alice. Segurísimo, hostia.

Quería creerlo con todas sus fuerzas. Era difícil imaginar que todo lo que había sentido en los últimos días hasta aquel momento había sido algo unilateral. Pero si aquello formaba parte del plan de Franklin desde el principio, ¿cómo podía saberlo a ciencia cierta?

—Pues dímelo, venga.

Él se pasó una mano por el pelo, frustrado.

—Una parte sustancial de las acciones de Storm. Suficientes para no tener que volver a trabajar en mi vida incluso aunque no incluyeran el activo de primera clase, pero te recuerdo que estaba dispuesto a ayudarte a salir de la isla, así que...

«Por supuesto».

—Activo de primera clase —repitió ella.

—¿Qué pasa?

—El acuerdo era el activo de primera clase.

—En parte. —Su frustración era palpable—.

El acuerdo era que si te retenía aquí durante toda la semana y hasta esta medianoche, recibiría el activo de primera clase de Franklin.

No forma parte de la herencia de la familia Storm.

Contractualmente, tiene que volver al fondo común o a alguien que trabaje en la empresa. Es más valioso que...

—Sé lo que es —lo interrumpió ella, comprendiéndolo al fin, dominada por la ira. Y por algo más. Triunfo, quizá. Tenía razón—. El que no lo ha entendido eres tú, Jack.

Él frunció el ceño.

—¿Y eso por qué?

—Porque mi padre no hablaba de las acciones. —Agitó la carta en la que Franklin había detallado sus planes—. Hablaba de mí. Yo soy su activo de primera clase. Así me llamaba de pequeña. Primera clase. Ha estado jugando conmigo. —Jack era la otra mitad del plan, al fin y al cabo—. Y también contigo.

Franklin sabía que se moría y sabía, también, que aquello era lo que quería: dejarlo todo bien atado. Quería meter a Jack en la familia para que controlara el circo. Y sabía que la única forma de hacerlo era embelesarlo.

Jack y Alice eran el espectáculo final de Franklin.

Y ella debería haber perdido los papeles. Porque aquel era el plan de su padre. Porque había vuelto a ganar. El eterno controlador, moviéndolos a todos como piezas en un tablero de ajedrez.

Se giró hacia sus hermanos.

—Me habéis dicho que yo controlaba mi vida. ¿Lo entendéis ahora? ¿Entendéis que también ha estado dirigiendo mi vida desde el principio? No solo durante esta semana ni el verano pasado. Lleva años manipulándome, desde que me echó.

Se estaba viniendo abajo y las lágrimas le caían por la cara con una mezcla de frustración y tristeza y un tipo concreto de decepción que provoca el hecho de ver por fin a tus padres por lo que son: humanos.

—Y no superaré nunca la última conversación que tuve con él, cuando me echó de la isla.

Porque está muerto, y nos hemos quedado sin respuestas.

Ahora solo hay preguntas. Una vida entera de preguntas sin responder.

—Se giró hacia Jack—. Como qué hizo para convencerte de que venir aquí era una buena idea.

—Nunca me convenció de que esto fuese una buena idea —repuso él, acercándose, pero se detuvo en cuanto vio que Alice retrocedió hacia sus hermanos, quienes formaban una fila detrás de ella como un ejército, como si estuvieran de su parte por primera vez en la vida.

Hizo un gesto con la mano—. Desde el principio le dije que me parecía ridículo.

Que lo que tenía que hacer era decirte la verdad.

—Sí, pero me follaste igualmente, ¿verdad?

Todos los presentes contuvieron la respiración.

—Alice —susurró Emily, como si pudiera impedir que cometiera un error. Bueno, pues ya podía ahorrar saliva. Alice se había pasado la vida cometiendo errores.

—Da lo mismo —continuó, odiando la emoción que por fin, por primera vez, vio en la cara de Jack, como si le hubiera herido los sentimientos—.

No debería culparte. Tú también formabas parte de esto.

Una pieza más en la colección de mi padre.

¿Sabes lo que le pasaba? Que se aburría como un cabrón.

Se aburría tanto de lo que construía que tenía que removerlo todo para crear algo nuevo, para vender más, para ser un genio todavía más reconocido.

»Se aburría tanto con los juguetitos que acumulaba, los cohetes, los globos aerostáticos y los coches de los cojones, que tuvo que estrellarse con uno.

»Se aburría tanto que ni siquiera se le pasó por la cabeza cómo se sentirían sus hijos cuando se muriera, así que nos montó un juego para cuando terminara todo, olvidándose de que nosotros no estaríamos aburridos, sino tristes.

Se giró hacia sus hermanos, quienes asintieron con los ojos muy abiertos.

—Consiguió todo lo que siempre quiso, así que se entretenía coleccionando personas —sentenció, volviéndose finalmente hacia Jack—.

¿Y sabes qué? Que eres uno de nosotros. Como un insecto debajo de un cristal.

Ni siquiera fue capaz de liberarnos al final.

Tuvo que reunirnos a todos aquí, atrapados.

Manipulándonos para que quisiéramos exactamente justo lo que él quería para nosotros.

Se giró hacia Greta.

—Pero tú no lo querías.

Ella negó con la cabeza.

—No.

Hacia Sam.