Tormenta Olivia (Silver Bay 2) 37 No es tarde
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37 No es tarde

Jude

Revivir todo esto me está desgarrando por dentro.

Escucharla abrirse por primera vez en la vida me está rompiendo, y no sé por qué ha pasado esto ahora así, de repente, por qué de pronto quiere ser sincera conmigo y, sobre todo, consigo misma.

Mi cabeza solo me grita que huya, que esta conversación no va a terminar bien para ninguno de los dos, que ya había tomado la decisión de alejarme y que si cedo, si bajo la guardia y vuelvo a dejar que se acerque a mí, volverá a destrozarme.

Suspiro. Porque tiene razón, no fue así.

Porque nos casamos y las cosas iban bien.

Trataba de demostrarle cada día lo que no había sido capaz de decirle hasta el momento: que la amaba, que estar con ella y con Mia me parecía un regalo.

Después de que Brooke se marchara a Iowa, después de perder a mi madre, llegué a pensar que la vida me había quitado tantas cosas que, por una vez, había decidido compensarme.

Y fui tan feliz el tiempo que estuvimos juntos…

Casi siempre pensaba que no me lo merecía, que no me las merecía a ellas. Pero sé que no es así, joder. Me merecía ser feliz, me merecía amarla, me merecía cuidarla, y me desvivía por ella para demostrárselo. Un error, un tropiezo, no puede ser el motivo por el cual todo eso dejara de ser verdad.

Nos hemos quedado un rato así, traspuestos, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Unos gritos de júbilo nos hacen alzar la vista y vemos a un hombre llorando a mares abrazado a lo que a todas luces son sus padres contándole que los gemelos han nacido bien, que todo está bien.

Olivia y yo nos sonreímos y, en cuanto la sala se queda en silencio, continúa hablando.

—Después de separarnos, me acomodé a usar nuestra historia como refugio cuando me interesaba y levantar un muro cuando las cosas parecía que se ponían serias, porque me daba pánico perder el control.

Tenía pánico a quererte tanto que, si algo salía mal, me destruyera, porque siempre pensé que cuando me decías «te quiero» en realidad lo que amabas era la idea de tener una familia, que lo que querías era poder llevar a cabo la responsabilidad que te habías impuesto el día que me quedé embarazada, y no supe transmitirte mis miedos. —Me encojo de hombros.

»Y siempre quise dejarte claro que tu responsabilidad empezaba y terminaba en Mia y no tenía nada que ver conmigo, pero no supe hacerlo bien, porque te amaba, te sigo amando, Jude, y me gustaba tenerte a mi lado.

La respiración se me corta. El corazón se me salta un latido, dos.

Y no soy capaz de reaccionar, de pronunciar palabra.

No sé si esto es un sueño, si sigo drogado por los medicamentos y estoy delirando en la habitación de mi cama.

Estoy por pellizcarme un brazo, pero con lo que me duelen las quemaduras como que paso.

No sé cómo actuar, no sé qué ha pasado para llegar hasta aquí y estoy cagado de miedo porque temo que llegue el «pero», el motivo que nos alejará para siempre. Y no estoy listo. No estoy preparado para no volver a compartir mi vida con Olivia.

—En estos últimos días he pensado mucho en todo ello —musita, con la vista al frente, al pasillo—, en ti, en mí, en los miedos, en lo que hablamos en la camioneta y en mi casa, en ese puñetero muro que alcé porque me harté de perder, y no quería exponerme a quererte a ti y luego perderte también, porque no lo habría soportado.

»He hablado con Brooke… —dice señalando al pasillo. Mi hermana lleva demasiado tiempo ahí adentro, sé que está en las mejores manos y en buena compañía, aun así, no puedo evitar preocuparme, espero que esté bien.

»También lo hablé con Cole. —Giro la cara para mirarla con el ceño fruncido porque ese nombre me provoca una bola de celos en el estómago que me deja un regusto amargo en la boca. Olivia chista, como leyéndome el pensamiento.

»Es gay, Jude. Cole es gay. —Alzo las cejas, sorprendido—.

Y perdió a su chico hace unos meses en un accidente de moto.

—Olivia suspira—. Él me dijo algo que me hizo reflexionar y plantearme que lo estoy haciendo todo al revés, que he puesto mi vida en stand by y que me he pasado demasiado tiempo dejándome llevar por la inercia, pensando que ya es tarde para hacer lo que quiera hacer.

Pero no es tarde, Jude… —Me aprieta los dedos, y continúo en silencio, esperando el golpe—. No es tarde.

—Olivia…