26 No necesito que me rescates #2
Tendríamos que quedar todos antes de que Brooke y Henry se marchen a Duluth, pasar un rato juntos antes de que llegue el bebé. De pronto, sonrío. Se me acaba de ocurrir algo que animaría un montón a Dylan.
—Prepararemos algo especial antes de que te vayas, ¿vale? —suspiro—. Te lo prometo. Confía en mí.
Brooke se mantiene en silencio unos instantes.
—Gracias, Oli… —La voz se le rompe. Ay, madre, ya están las hormonas haciendo de las suyas—. Gracias por soportarme, sé que me he puesto muy pesada estos días. Gracias por perdonarme y por ser mi amiga de nuevo.
La voz se le quiebra y, cuando se queda en silencio, pongo los ojos en blanco porque sé que está llorando.
—Ea, ea… —musito a modo de consuelo—. Bueno, adiós.
—¡No! ¡Espera!
Y cuelgo soltando una risita. Eso la habrá cabreado y dejará de llorar, que es lo importante. ¿Ves? Soy una amiga cojonuda, todo amor, aquí donde me ves.
Empujo la puerta para entrar con la sonrisa malvada en los labios. Me encanta hacerla rabiar.
Lo primero con lo que me encuentro es con las cuatro chicas sentadas en el sofá, con un bol de palomitas más grande que ellas y las piernas cruzadas mientras intentan ver alguna película, y digo intentan porque no se calla ninguna.
Bueno, por lo que veo, Julia, Jessica y Mia no se callan, y Sally no para de reírse.
Van vestidas con pijamas, bueno, al menos tres de ellas, lo de Julia…
, lo de Julia no sé qué demonios es, bajo mi punto de vista tiene demasiados colores estrambóticos y tul para ser una pieza de ropa pensada para dormir.
Me acerco para saludarlas y, durante unos minutos, me cuentan lo que tienen planeado para esta noche sin apenas coger aire para respirar. Estoy por ofrecerle un paracetamol a Sally, pero la verdad es que parece la mar de encantada y divertida con la situación.
Le estoy dando un abrazo a Mia para despedirme de ella cuando escucho pasos y la voz de Jude a mi espalda.
—¡Oye, Oli! ¿Te apetece una cerveza?
—No, gracias. Estoy deseando llegar a…
Las palabras mueren en mis labios cuando, al girarme, veo cómo le tiende un botellín a Eliza mientras se acomoda en un taburete alto en la barra de la cocina, sentados demasiado cerca.
Y no solo es que ambos estén ahí, en una actitud demasiado amigable, sino que además están en pijama, lo que me resulta de lo más íntimo teniendo en cuenta que solo hace unos días que se conocen.
Abro la boca, y le estoy gritando a mi cerebro órdenes para que termine el saludo y largarme por piernas, sin embargo, simplemente estoy ahí tiesa, boqueando como un pez, sin saber qué hacer o decir.
Hay una mujer apostada con mi marido —«exmarido», me grita mi cabeza— justo donde tantas veces hemos comido, charlado, nos hemos besado y follado, y no sé cómo tomármelo.
Por suerte para mí, el móvil vuelve a sonar, miro la pantalla y, aunque es Brooke y sé que me va a insultar, descuelgo rápido, aferrándome al móvil como un náufrago a una tabla en medio del mar.
—¡Eres una asquerosa! Ojalá te dé un resfriado con diarrea y, cada vez que estornudes, te cagues encima —brama enfadada.
Parpadeo un par de veces, confundida. Ya sabía que la había hecho enfadar, aun así, no esperaba que me soltase algo así. En otro momento, igual se me escaparía una carcajada, pero ahora…, ahora estoy tan incómoda que ni ganas de reírme tengo.
—Ahmm, vale —respondo, obligándome a recuperar la compostura—. Yo también te quiero, Brooke —musito fingiendo mi tono habitual de perdonavidas.
Mientras tanto, me planteo formas de deshacerme de la pelirroja: si la corto en trocitos y la tiro al mar, estaría feo, ¿verdad?
—¡Gracias! —suelta la tarada con voz cantarina.
No sé si es por el embarazo o porque tiene una enfermedad mental, pero a mí esos cambios de humor tan drásticos me dan mala espina. Deberíamos consultarlo con algún psiquiatra.
Jude y Eliza comentan algo que no alcanzo a escuchar, ella asiente y le sonríe.
—Te dije que no subieras, ¿qué necesidad tienes de torturarte así? —añade Brooke como si me estuviera leyendo la mente.
—¿Eh? —pregunto distraída.
Brooke chista.
—Hace un rato Jude, Eliza y yo hablamos por videollamada para que me pusieran al día de cómo va la librería. Y los vi, Oli. Y si a mí me chocó la imagen, pues…
—Ehm… —musito todo elocuencia.
Ya ves, Soy Jack en Titanic , la tabla es demasiado pequeña para sujetarme a mí, a todos mis celos e inseguridades, y estoy a punto de ahogarme.
—¿Va todo bien? —pregunta Jude.
Yo asiento y alzo un dedo para que me dé un segundo, porque, de pronto, me siento la peor amiga del universo, pues acabo de recordar que, tras la inundación en la tienda, no la he llamado ni una sola vez para ver cómo le sentó la noticia y si estaba bien.
—Brooke…, siento mucho lo de la librería —musito.
—Eso no me preocupa ahora, está todo bajo control —contesta seria—. Me preocupas tú, llevas unos días… desaparecida.
—Ya.
—No soy tonta, Olivia. Sé que llevas tres días con el móvil apagado porque que Eliza se haya trasladado a su casa te afecta más de lo que quieres reconocer.
Por tu cabeza están pasando un montón de ideas absurdas y te estás muriendo de celos.
—Frunzo el ceño y la verdad es que según la escucho me voy sintiendo peor—.
Solo piensa que esto es lo que tú querías, Oli.
—Me quedo en silencio y trago con fuerza—.
Tú empezaste con todo ese rollo de que querías tener citas, de que tenías que hacer tu vida y que ambos os merecíais conocer a otras personas, ¿no?
Carraspeo, intentando encontrar las palabras para decirle que es una perra de fuego y que se vaya a hacer cosas de tarada con esa amiga suya que está igual de tarada que ella y me deje en paz.
—¿Qué ocurre?, me estás asustando —insiste Jude, que se pone de pie y se acerca a mí.
Intenta sujetarme el brazo y, rápida, doy un paso atrás.
—Brooke me está contando que Henry y ella van a irse en breve a Duluth y que… —me invento sobre la marcha—: Vamos a quedar a comer todos juntos antes de que se vayan.
Jude mira el brazo que he apartado y luego a mis ojos, incrédulo, con el ceño fruncido. Doy otro paso atrás, hacia la puerta.