Tormenta Olivia (Silver Bay 2) 25 Solo serán unos días
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25 Solo serán unos días

Jude

La fachada de la librería aparece iluminada por los focos de emergencia de la camioneta. Hay un resplandor azulado en los ventanales y se distinguen varias sombras moviéndose al otro lado del cristal.

—Al menos no ha ardido —musita Olivia cuando nos llega el olor a quemado por el cortocircuito que se debe de haber producido.

—No, no ha ardido, solo se ha convertido en una enorme piscina —le contesto.

Henry debe de habernos oído llegar, porque sale a recibirnos, empapado hasta las rodillas y con el pelo pegado a la frente.

—¿Qué tal está? —se interesa Oli, preocupada, acercándose a Henry.

—La librería, bastante bien. El estudio no tanto —contesta resignado.

—¿Dónde está Eliza? —le pregunto.

—Dentro. Está al teléfono hablando con los del seguro.

Entramos, y el olor a quemado se intensifica mezclándose con el de la humedad.

La zona de la librería está prácticamente intacta.

Hay algunos charcos cerca de la pared del fondo y unas pocas cajas de novedades que estaban apiladas en el suelo han quedado inservibles, pero podría haber sido muchísimo peor.

Otras cajas, que creo que han podido salvar a tiempo, están sobre las mesas y los sofás de la zona de lectura.

En general, los estantes están bien y, a simple vista, la mayor parte de los libros siguen intactos.

Eliza está junto al mostrador, con el móvil pegado a la oreja y una toalla sobre los hombros. Hasta el pelo lo tiene mojado, le castañean los dientes y tiene las zapatillas empapadas.

Me quito el abrigo y me acerco a ella.

—Sí, el local está asegurado —explica al teléfono.

Le quito la toalla de los hombros y la ayudo a ponerse el abrigo mientras continúa hablando.

Me hace un gesto con la cabeza para darme las gracias, y yo asiento—.

No, no ha habido daños personales… Sí, el sistema eléctrico está desconectado.

—Hace una pausa, mirando hacia el estudio—.

No, todavía no sabemos si habrá que levantar el suelo.

Henry me lanza una mirada de agotamiento y señala al pasillo.

—La tubería ha reventado dentro del falso techo. El agua ha caído directamente sobre el frigorífico y los enchufes.

—¿Has tocado algo?

—Me he asegurado de que los plomos estaban bajados y he cerrado la llave general del agua.

Olivia se acerca al estudio, y los demás la seguimos.

El suelo está cubierto por varios centímetros de agua aún, aunque hay señales de que llevan un buen rato achicando.

La madera de los muebles ha empezado a hincharse en la parte que ha estado en remojo, el colchón en el suelo está completamente empapado, las cajas con las pertenencias de Eliza y Sally destrozadas junto a la pared, y el frigorífico tumbado de lado, rodeado de cables y espuma aislante desprendida del techo.

—Joder… —susurra Olivia.

—No ha llegado al almacén —nos cuenta Henry—. Y la mayoría de los libros están en alto. Hemos tenido suerte. El estudio se ha quedado inhabitable, pero al menos la librería se ha salvado.

Cabeceo afirmando. Si Eliza no hubiera bajado, es probable que se hubiera producido un desastre descomunal.

Y, si yo no hubiera estado atendiendo el incendio, probablemente… Eliza hubiera estado durmiendo en ese colchón del suelo y a saber qué les hubiera ocurrido al romperse la tubería.

Eliza cuelga el teléfono y se acerca a nosotros. Nos miramos, parece leer mis pensamientos al verme el ceño fruncido y sonríe.

—Estoy bien. Estamos todas bien —recalca, y asiento—. El seguro mandará a un perito por la mañana. Me han dicho que no tiremos nada y que hagamos fotografías de todo antes de moverlo.

—También he llamado a VoltBay —interviene Henry—. Nos mandarán a un electricista en cuanto puedan, pero no reconectarán nada hasta revisar toda la instalación.

—¿Y la tubería? —pregunta Olivia.

—Un fontanero vendrá en estos días. Tendrá que abrir parte del techo, sustituir el tramo reventado y revisar si la humedad ha afectado a la pared —le cuenta Henry.

Eliza aprieta los labios mientras mira al estudio.

—He hecho algunas llamadas a los dos hoteles de Beaver Bay, y están completos. También al motel de Two Harbors y a un par de hostales en Silver Bay. No queda una sola habitación libre.

—Este finde hay mucha afluencia de turistas —deduce Henry.

—He llamado incluso a las cabañas cerca del lago, nada. —Suspira—. Pero puedo dormir aquí. Solo necesito despejar una esquina de la librería y que me prestéis un colchón, y si…, si puedes dejar a Sally con Mia unos días, te lo agradezco —dice girándose hacia mí.

—Ni de puta coña —respondo tajante—. No vas a dormir en un local sin luz, calefacción y el suelo mojado. Ni siquiera puedes usar el cuarto de baño. Puedes venir a casa.

El silencio que sigue es tan repentino que se escucha el goteo del agua dentro del estudio.

Eliza se queda en silencio, pensativa, y unos instantes después, como si no lo hubiera entendido bien, pregunta:

—¿A tu casa?

—Sí, la habitación de Brooke está libre.

—Miro a Henry, buscando su aprobación, aunque, en realidad, no la necesito.

Por su gesto diría que parece aliviado de que me haya ofrecido y solucionar esto lo antes posible—.

Hay una cama enorme para las dos, un armario y un baño justo al lado.

Puedes quedarte allí hasta que arreglen el estudio.

—Jude…

Supongo que está intentando buscar otra solución, pero no la hay.

—Jude… —interviene Oli. Me vuelvo hacia ella, incapaz de descifrar su tono de voz—. Si quieres, en mi casa… —pronuncia, pero yo ya estoy negando.

Primero, porque es absurdo que Eliza tenga que caminar cada mañana desde la casa de Olivia hasta la librería, cuando la mía está justo aquí mismo.

Segundo, porque la casa de Olivia es bastante más pequeña, Eliza y la niña tendrían que dormir en el sofá cama que hay en el salón, que es demasiado pequeño.

Y, tercero, que sé que Oli no se sentiría cómoda, apenas ha cruzado dos frases con ella, no la conoce.

—Es la solución más sencilla. Y las niñas ya están en casa, es lo más práctico, ¿vale? Es absurdo discutir esto ahora, deberíamos secar toda esa agua e irnos a descansar. Estoy tan agotado que apenas me mantengo en pie.

Olivia asiente dándome la razón, aunque de pronto parece haberse quedado pálida. Debe de ser por el cansancio. Demasiadas horas sin dormir.

—Solo serán unos días —musita Eliza—. En cuanto se libere algún hostal de la zona, Sally y yo nos trasladaremos.

—Es absurdo, Jude tiene habitaciones de sobra en casa y estaréis justo encima de la librería —me apoya Henry—.

Si te trasladas a un hostal, Brooke tendrá que pagarlo del dinero de la librería, porque el alojamiento forma parte del contrato, y lo veo un gasto innecesario —explica, aunque en lugar de mirar a Eliza, está mirando a Oli, que asiente—.

Siempre que te sientas cómoda compartiendo espacio con Jude y Mia, claro, preferiría no disgustar más de lo necesario a Brooke.

—Bien, estamos todos de acuerdo entonces… —añado—. Venga, vamos a ponernos manos a la obra, solo quiero acabar ya, llegar a casa y darme una ducha antes de caer dormido.