Tormenta Olivia (Silver Bay 2) 19 Siempre está preciosa, joder
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19 Siempre está preciosa, joder

Jude

Meto la última caja en el maletero de la camioneta con un suspiro cansado.

—No sé en qué momento se me ocurrió que apoyar a mi hermana en esto de montar un puesto de libros era buena idea —gruño.

—Brooke estaba la mar de feliz cuando le he pasado el informe de ventas hace un rato. —Asiento, porque tiene razón, todo sea por mi hermana—. ¿Y lo feliz que se habrán ido cincuenta personas a dormir hoy acompañados de bomberos y bomberas sexis? Eso no tiene precio.

Niego y me golpeo la frente con la mano.

Eliza me pasa la caja fuerte, donde guardamos el dinero de la recaudación de hoy, para dejarlo luego en la librería.

Estos días no nos queda más remedio que montar todo por la mañana y recogerlo al acabar la jornada hasta el domingo, ya que, con la humedad de la noche, probablemente ningún libro llegaría vivo al día siguiente.

Aunque el evento tiene lugar oficialmente mañana sábado, es habitual que durante todo el fin de semana haya mucho flujo de turistas y familias que se lo toman con calma, algunas se quedan a pasar la noche en los alojamientos de la zona.

Las cabañas de los Johnson, frente al lago, o las de Beaver Bay, a unos cinco minutos de aquí, tienen mucha afluencia de turistas en esta época del año, atraídos por la tranquilidad de la zona, lejos del bullicio de la ciudad, y aprovechan la marcha ciclista para quedarse más tiempo y disfrutar del paisaje, los senderos y las actividades al aire libre.

—Ya está todo —me dice Eliza, girándose para comprobar que no nos dejamos nada atrás.

Todavía quedan algunos compañeros de la estación y de los equipos de rescate recogiendo todo el despliegue.

—Sally se ha quedado frita —le digo a Eliza cuando veo, a través del retrovisor interno de la camioneta, la cabeza de la niña apoyada en la ventana y los ojos cerrados, lleva unos auriculares de casco puestos con la música tan alta que puedo oírla desde donde estoy. Es un milagro si no se queda sorda.

—Ha sido un día larguísimo —suspira Eliza—. Llevamos despiertas desde las cinco de la mañana y no hemos parado en todo el día.

—Sí, espero que puedas perdonarme. La verdad es que justo has llegado como caída del cielo.

—Río—. Deberías haberte tomado un día para instalarte, como te dije.

Muchas gracias por tu ayuda y tu paciencia.

Me consta que Brooke te ha llamado ochocientas veces, y que todas y cada una de ellas se ha quedado la mar de contenta y satisfecha.

—Me paro en seco, quedándome pálido cuando caigo en la cuenta de todo lo que estoy diciendo, y me giro hacia ella para mirarla a los ojos—.

No vas a salir huyendo, ¿verdad? Dime que no —prácticamente le ruego.

Eliza ríe.

—No te preocupes, no pienso irme a ninguna parte. —Suspiro aliviado poniéndome una mano a la altura del corazón, dramatizando—. Por ahora. —Suelta una risilla cuando ve mi fingido gesto de horror por su broma—. Se nota que Brooke se preocupa mucho por la librería.

Hago un movimiento con la mano como quitándole importancia.

—Bah, lo que pasa es que está aburrida, nada más, porque mi abuela no la deja levantarse ni para comer y, conociéndolas, se pasarán el día riñendo.

Eliza sonríe y comprueba la hora en el reloj.

—¿Dónde podría comprar algo para cenar? —me pregunta—. Es tarde, y Sally tiene que estar muerta de hambre.

Miro el reloj, sí que es tarde, sí. Sopeso opciones.

—¿Por qué no os venís a casa? Puedo preparar algo para los tres.

Eliza niega.

—No, no, no quiero molestar, Jude, gracias. —Las mejillas se le tiñen de rojo por la vergüenza—. Nos apañamos con cualquier cosa, unos sándwiches o algo así, ya mañana me daré un salto al súper a primera hora antes de comenzar con el montaje.

—No, no, de eso nada. Insisto. Hoy Mia duerme con su madre, y odio cocinar para uno.

Si no vienes a casa terminaré comiendo cualquier basura que tenga en la despensa directamente del paquete que se vendrá todo aquí —le explico dándome un par de golpes en el abdomen—.

Y luego los chicos se reirán de mí en la estación tras una de nuestras competiciones de dominadas, cuando no pueda superar a ninguno.

Eliza se ríe de nuevo. Ya me he percatado de que es muy risueña, sonríe y ríe un montón. No se da cuenta de que reírse de todas mis chorradas me da alas.

—En serio, no quiero molestar.

—Bueno, podéis ayudarme a cocinar, si queréis. Y, después de comer algo, tu apartamento queda justo en el piso de abajo.

Eliza sonríe y por fin asiente, claudicando.

Ni siquiera la he dejado llegar a Silver Bay y la he puesto a trabajar muchas más horas de las que se supone que debería y, aunque insistí en que se marchase en cuanto Sally apareció por el stand , a media tarde, no ha querido dejarme solo en ningún momento y me ha ayudado a recoger todo.

Lo menos que puedo hacer es invitarla a cenar.

De camino a casa le cuento a Eliza brevemente mi historia con Oli, omitiendo que sigo enamorado de ella como un idiota y que no paro de hacer el imbécil.

Simplemente, le explico que somos buenos amigos y que estamos muy unidos, no solo por el bien de Mia, sino porque siempre lo hemos sido y siempre lo seremos.

—Me alegro, eso es importante para la paz mental de los tres. —Asiento—. Mi separación con el padre de Sally fue dura —dice en voz baja mirando por la ventanilla con los dedos entrelazados en el regazo.

Compruebo por el retrovisor que Sally sigue durmiendo, tiene la boca abierta en un gesto la mar de gracioso que me recuerda a Mia cuando se queda sopa en el coche, y aún puedo escuchar la música que sale de sus auriculares. Dudo que se entere de nada de lo que estamos hablando.

A Eliza le debe de haber cruzado el mismo pensamiento que a mí, puesto que casi al mismo tiempo también se gira para mirar a la cría.

—Fue como si de pronto fuera consciente de que todo lo que habíamos construido estaba más que destruido y que llevábamos demasiado tiempo viviendo sobre los escombros.

Mason y yo llevábamos muchos años dejándonos llevar en una relación que ya se había enfriado y apenas hacíamos vida juntos —Solo asiento sin decir nada para dejarla continuar.

»Llevamos más de un año separados, discutiendo por todo, intentábamos hablar con calma y siempre acabábamos mal o peor.

Cuando llegábamos a un acuerdo, su madre solía intervenir, envenenándole la cabeza, lo que nos llevaba a una nueva discusión, así que un día pusimos las cartas sobre la mesa y decidimos que no podíamos seguir así porque no era bueno para ninguno.

Dadas las circunstancias, lo mejor era que me alejase de él, al menos por un tiempo.

Llevaba unos días buscando opciones y entonces vi la oferta para trabajar en la librería. —Sonríe, y yo la imito.

—Y ahí fue cuando caíste del cielo para salvarme la vida.

Si tengo que seguir trabajando en la estación, cuidando de Mia y llevando la librería a tiempo completo, para que Brooke esté lo más tranquila posible mientras tiene que guardar reposo hasta que nazca el bebé, no duraría una semana más antes de caer tieso —bromeo.

Eliza cabecea afirmando, dándome la razón—. ¿Y cómo lo lleva Sally?

—Mason es cirujano y se pasa media vida en el hospital —suspira—.

En Virginia apenas tenía tiempo para verla y se comunicaban por videollamadas o mensajes constantemente.

No es que sea un mal padre, es bueno y cariñoso con la peque, no tiene medida para consentirla y esas cosas, ya me entiendes. —Cabeceo afirmando.

»Pero no ha podido ir a un solo festival de la escuela ni la ha llevado nunca al parque o al cine o a un cumpleaños infantil, a comprar ropa o de pícnic, así que ella no notará la diferencia.

Sin embargo, para mí será un respiro, porque vivíamos en el mismo edificio que mi suegra, y la mujer estaba tan afectada con el divorcio que, si ya de por sí se metía en todo, se volvió…

un grano en el culo, por ser franca y directa.

—Asiento, comprendiendo la situación y correspondo a su sonrisa.

Lo de las suegras o suegros entrometidos es complicado, lo viví con Dylan desde el momento en que empezó a salir con Ava.

Los padres de ella fueron tajantes, el trabajo en la biblioteca, Silver Bay y Dylan no era lo que querían para ella, y se desató una guerra cuando Ava se enfrentó a ellos y les dijo que no se iría a estudiar Medicina a Nueva York, que no quería trabajar con su tío, un prestigioso cirujano cardiovascular, como ellos habían planeado desde que apenas era una niña.

Ava quería vivir en Silver Bay, era feliz en su trabajo y con Dylan.

Finalmente los padres de Ava la obligaron a elegir entre todo eso o ellos.

Ava eligió Silver Bay, eligió a Dylan, y sus padres dejaron de hablarle, de modo que ella se quedó prácticamente sin familia biológica, pero nosotros, Dylan, Henry, Olivia y yo, nos convertimos en su familia de verdad.

Jamás llegaron a resolver el conflicto, de hecho, tras la muerte de Ava, sus padres culparon a Dylan y llegaron a decirle auténticas crueldades en el funeral, delante de todos.

Nunca han tenido contacto con Julia y Matt, ni siquiera se interesaron por ellos hasta dos años después de que su hija falleciera, cuando intentaron involucrarse en su crianza, algo a lo que Dylan se negó en rotundo

No sabes lo feliz que me hace que Charlotte sea… Charlotte. Es única, divertida, cariñosa y una persona maravillosa. Aaron también lo es, aunque me llevase un sopapo suyo cuando dejé embarazada a su hija, es un buen hombre. No tengo nada malo que decir de ninguno de los dos.