Tormenta Olivia (Silver Bay 2) 8 Casi me mato por tu culpa #2
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8 Casi me mato por tu culpa #2

—Ah, espera, te he traído una cosa —le digo antes de que se me olvide.

Abro el bolso y saco un paquete de frutos secos de esos nada saludables —muy fritos y con mucha sal—, que son su perdición, junto a una tableta de chocolate. Básicamente, es una forma de pelotearle por lo que le tengo que pedir a continuación.

Se lo tiendo, y se queda observándolos con el ceño fruncido.

—Gracias… —suspira—, pero no tengo hambre.

La miro con la boca abierta.

—¿No tienes hambre? —pregunto, y niega—. ¿Cómo que no tienes hambre? —Se encoge de hombros. Ahora sí que estoy preocupada—. Vale. ¿Qué ha pasado?

—Nada, he discutido con Henry esta mañana y no me ha llamado en todo el día.

—¿Por qué?, ¿qué has hecho?

Brooke me lanza una mirada asesina.

—¿Por qué das por hecho que es culpa mía? —Señalo la escalera en la que estaba subida hace un minuto con esa barriga gigante de embarazada—. Pufff.

Al resoplar así me recuerda a Jude cuando está frustrado. Voy a ignorar el revoloteo en el estómago ante tal hecho.

—Suéltalo de una vez.

—No es nada.

—¡Que me lo cuentes, que no tengo todo el día! —le grito, y parece que funciona.

Bien, no me gusta nada este intercambio de roles.

Descruza los brazos, el gesto de enfado se difumina y suspira una vez más.

—Valeee. No te pongas así —me pide Brooke, rindiéndose—.

Es solo que llevo unos días con una tirantez rara en la parte baja del abdomen y algo de presión.

También he tenido contracciones, pero son irregulares y no muy fuertes.

He buscado en Google y, con la información que encontré, he supuesto que deben de ser las de Braxton Hicks.

Asiento. Sé que son normales, aunque también entiendo perfectamente por qué a Henry le ha dado un síncope, teniendo en cuenta nuestro historial en Silver Bay.

—Tenemos cita con el ginecólogo el jueves, así que yo quería esperar —continúa ella, jugueteando con un bolígrafo—, pero Henry se puso histérico cuando se lo dejé caer y llamó a su hermano.

Logan nos hizo acudir al consultorio para una revisión rutinaria, ya sabes, lo de siempre: medir la tensión, palpar la barriga, escuchar los latidos…

—¿Y qué os dijo? —pregunto preocupada al ver su expresión.

—Weston y Logan coinciden en que, a pesar de que las contracciones no son regulares, parecen demasiado intensas para ser Barxton Hicks y que el abdomen está muy tenso al tacto.

En definitiva, Logan nos ha dicho que no puede hacerme un diagnóstico sin ecografía, y Weston, que ya sabes cómo es, añadió que mejor prevenir y que me quede quietecita hasta el jueves —me explica, y asiento.

»Logan insistió en que no parece que haya un peligro inmediato, pero que, si son contracciones reales, podrían acortar el cuello uterino y adelantarse el parto o que incluso podría haber una infección oculta que provocase complicaciones.

Vamos, que Henry entró en pánico y me «prohibió» —añade remarcando las comillas con los dedos— venir a trabajar, pero no puedo cerrar la librería así como así. Total, que hemos discutido.

»Le he prometido que, si me encuentro mal, cerraré y subiré a casa de Jude a tumbarme, aun así, sigue enfadado.

Me quedo en silencio, procesando la información.

Quiero tranquilizarla, sin embargo, en Silver Bay es imposible hablar de complicaciones en un embarazo sin que el fantasma de Ava, la mujer de Dylan y nuestra mejor amiga de la infancia, flote en el ambiente.

Todos recordamos el infierno que pasamos cuando dio a luz a los mellizos.

Las complicaciones de su parto se mezclaron con una de las peores tormentas que habían azotado jamás Silver Bay.

Ava se puso de parto en mitad de la noche, todo fue muy rápido, había roto aguas y estaba muy dilatada.

Sin posibilidades de trasladarla a Duluth, Logan y Weston la atendieron en el consultorio médico e hicieron todo lo que pudieron con los medios de los que disponían, pero, al sufrir una hemorragia posparto tras dar a luz a los mellizos, no lo superó.

Ella se fue, y todos los demás nos quedamos devastados.

—Bueno, es normal que Henry se asuste, después de… —Las palabras mueren en mi boca porque, de pronto, no me parece buena idea nombrar a nuestra amiga.

—De lo de Ava, sí, lo sé —culmina Brooke con la voz más suave—. Lo entiendo, pero estoy bien.

—Entonces, ¿por qué pareces tan preocupada? —le pregunto.

Ella suspira y se pasa la mano por la frente, apartándose los mechones de pelo violetas y azulados que le caen sobre los ojos.

—Porque Henry no ha dado señales de vida en todo el día.

Hoy le tocaba turno en la estación de bomberos y ya no sé qué pensar: si pasa de mí porque sigue enfadado, si está teniendo un día complicado o si…

, yo qué sé, cualquier otra cosa. Le he escrito, y no me contesta, y me niego a llamarlo porque no quiero convertirme en la típica esposa agobiada que asfixia a su marido porque tiene un trabajo peligroso.

—Entiendo.

Saco el teléfono del bolso y busco rápidamente el número de Jude en la agenda. A mí no me importa lo que Jude ni nadie piense de mí, y sé que tenía turno en la estación esta tarde, así que me dispongo a llamarlo.

Frunzo el ceño cuando da el tercer tono y no ha contestado. Es raro, porque siempre lleva encima el reloj ese que le avisa de los mensajes y llamadas entrantes, por lo que suele responder muy rápido, a no ser…, a no ser que esté en medio de un servicio.

La llamada se corta, y no quiero preocuparme. Si hubiera habido algún incidente o incendio grave, ya me hubiese enterado.

—Tranquila, verás que no es nada —le digo a Brooke.

Normalmente me encanta picarla, pero hoy no tiene el cuerpo para bromas y mejor no le toco las narices.

El móvil me vibra en la mano y bajo la vista.

Suspiro aliviada al ver el nombre de Jude antes de contestar.

Nuestro trabajo es gratificante; de hecho, para mí siempre ha sido mucho más que eso.

Me gusta lo que hago, la sensación de ser útil cuando alguien necesita ayuda y la adrenalina que te recorre el cuerpo ante cada salida.

Jude lo vive con mayor intensidad, siempre ha adorado ser bombero.

Lo sé por la forma en que se le ilumina la mirada en cuanto suena la alarma y cómo se entrega en todo lo que hace.

Nunca ha dudado de seguir en esta profesión, mientras que yo, después de años de dedicación, me he planteado muchas veces si continúo en ello por inercia o si de verdad me sigue apasionando.

Con el tiempo, uno termina acostumbrándose al ruido, al humo y al riesgo, pero nunca a esa sensación de incertidumbre y de preocupación que se te queda pegada al cuerpo cuando son tus compañeros, sobre todo Jude, los que están en un servicio sin que estés allí para presenciarlo.

Deslizo el dedo sobre la pantalla para contestar.

—Hola —musita al otro lado y tiene tal tono de preocupación que enseguida me pongo en alerta.

—¿Qué pasa?

Brooke se levanta, lo cual le cuesta lo suyo. Me reiría, pero ahora mismo estoy más centrada en su hermano al otro lado de la línea.

—No, nada —suspira—. Yo… solo es que pensé que no ibas a querer hablar más conmigo.

Será capullo, el susto que me ha dado el muy imbécil.

—¿Qué? ¿Qué pasa? —me pregunta Brooke.

—Ahm —contesto, intentando ser asertiva, ya ves, una siempre superándose a sí misma.

Me giro, en busca de un poco de intimidad, lo cual es absurdo, porque ya Brooke está bordeando el mostrador para acercarse a mí.

Podría decirle a Jude que eso nunca va a pasar, que siempre será mi mejor amigo y el padre de Mia, alguien especial para mí, que siempre estaremos ahí el uno para el otro, que siempre podremos hablar, pero que simplemente trato de protegerme y que por eso me enfadé tanto y lo eché de casa.

Sin embargo, no es el momento ni el lugar para tener esta conversación, así que opto por ser más la yo de siempre y menos la yo dolida.

—Jude…, joder, ¿eres imbécil?

—¿Eh?

—Me has dado un susto de muerte, pensé que había pasado algo en la estación —le reprocho—. Ni tú ni Henry cogíais el teléfono y luego me has llamado con esa voz.

—Entonces…, ¿todo bien? —insiste.

—Yo sí, yo estoy la mar de bien, a ti debió de quemársete la neurona en alguno de los incendios que has apagado —le espeto.

Pues no, no me está saliendo muy bien lo de ser asertiva, aunque lo importante es que estoy intentando ser mejor persona, ¿no? Bah, da igual. Paso a paso.