6 Miedo me da
Olivia
—Hola, Mafison . ¿Qué fal ? —pregunto con la boca llena.
—¡Hola! —me saluda con voz cantarina al otro lado del teléfono—. ¿Qué haces?
Miro la tarrina de medio litro de helado de vainilla con nueces de macadamia y luego a la pantalla de la tele, donde he puesto Yo antes de ti .
Todo un clásico del mal de amores del que siempre me he mofado y, ya ves, cosas de la vida, aquí estoy, pañuelo en mano, llorando a moco tendido.
Y estoy pensando en algo que decir que no sea tan patético como esto cuando Madison rectifica.
—¡No! —grita—. Mejor no me digas de qué tienes llena la boca, que estoy con tu hermano. El dinero que ganamos no nos da para pagar el préstamo estudiantil, el piso y al psicólogo para que le quite el trauma.
Suelto una risilla al escuchar el «puaj» de fondo de mi hermano.
—Solo es helado. Estaba… estaba viendo una peli de esas cursis.
—Ahm… ¿No ha ido bien la cita?
—¿Qué ha pasado? —pregunta Chris.
—No sé, chico, estoy intentando averiguarlo —lo reprende Madison—. ¿Te has quedado sin… tema que te quemas? —me pregunta esta vez a mí.
—Repito: puaj —protesta mi hermano.
Se me escapa otra risilla.
—Sí… —Cabeceo afirmando—. Bueno, en realidad no. En realidad…, sí, pero…
—¿Con Jude? —me pregunta, y yo asiento, como si pudiera verme, y me meto otra cucharada gigante de helado en la boca y hago un ruidito en señal de confirmación de sus sospechas—. Ahm… —Suspira.
—Sí, ahm… Eso mismo. Lo de siempre: la estúpida de Olivia acostándose con el estúpido de Jude.
—¿Qué ha hecho Jude esta vez? —pregunta Chris de fondo.
—Nada, se han vuelto a acostar —le explica mi cuñada—. Mira que ese chico es un buenazo, ¿eh?, pero cuando se trata de tu hermana…
—Sí, pero es porque la quiere, y ella es una cabezota que dice que no se lo cree. Cosa que no entiendo, si es que babea por ella.
—Ya lo sé, solo que…, bueno, debería dejar de arrastrarse solo un poco, porque es patético. Y no ayuda —le suelta mi cuñada.
—Ya, da penita.
—¡Eh! —grito mosqueada y me meto otra cucharada de helado en la boca—. Que eftoy aquí, si queféis hablaf cuelgo pafa dafos intimidad.
—Vale, ¡adiós!
Y corta.
Abro la boca. Mucho. Muchísimo. Tanto que se me cae parte del helado sobre la camiseta del pijama.
—Mierda, acababa de cogerla de la secadora —lloriqueo.
Suena el timbre y con el pañuelo que tengo en las manos, que está lleno de lágrimas y mocos, voy limpiando el estropicio de camino a la puerta y abro sin pensar. Sin pensar en que probablemente puede ser Jude con Mia. O, peor, Jude solo, de nuevo, para rematar la noche.
Abro los ojos con pánico y subo la vista y, para mi total alivio, veo a Madison y Chris mirándome con los ojos abiertos como platos.
—¡Eeeeh! ¡Estáis aquí! —Me lanzo a abrazar a mi hermano pequeño—. ¿Qué hacéis en Silver Bay?
Chris y Madison se mudaron a Duluth a principios del curso pasado, estudian juntos, salen juntos y viven juntos en un apartamento compartido, lo que supuso un dolor de cabeza para Henry, mi mejor amigo y hermano de Madison, que no paraba de protestar con que mi hermano le iba a robar la virtud a la suya.
La virtud…, en fin, tan listo para unas cosas y para otras…
—Nos vamos a tomar unas semanas libres después de los finales y pensamos en venir a ver cómo vais por aquí —me explica Chris con el ceño fruncido.
—Mal, va mal —claudica Madison—. ¿No la ves? ¿Qué te ha pasado?, ¿estabas llorando?, pero ¿tú sabes llorar? Yo estaba segura de que no habías llorado ni al nacer, que cuando el médico te dio una torta en el culo le devolviste un puñetazo que le tiraste los dientes abajo.
—Juas, juas… No nací con estos músculos, bonita.
—No te creo —me dice apartándome para entrar en casa.
—Además, que físicamente esté fuerte y haya desarrollado los músculos a golpe de gimnasio, no quiere decir que no sea una persona sensible.
—¡Ja! —añade, ni que le hubiera contado un chiste…
Me estoy empezando a ofender. Suelta un grito ahogado cuando llega a mi salón y lo ve todo lleno de pañuelos de papel arrugados por todas partes.
Chris, con el ceño aún fruncido, me aparta de la puerta y sigue a su chica.
—Podéis pasar, ¿eh? No os cortéis.
Pongo los ojos en blanco, cierro la puerta y los sigo hasta el salón.
—Voy a matar a Jude —protesta mi hermano al ver el despliegue que hay por el sofá.
—¡No estaba llorando por Jude! —me defiendo—. Solo… solo es por ese bodrio de película. No sabía que era tan triste. —Señalo a la pantalla, fingiendo que es la primera vez que veo Yo antes de ti.
¿A quién se le ocurrió escribir una trama tan trágica y llamarlo comedia romántica? Luego dicen que yo no tengo sentido del humor, pero los hay peores, ya ves…, llamar comedia a esto…
—Claro, no tiene nada que ver con que te haya dicho que te quería. Otra vez —sentencia mi cuñadita.
—Jodidos vecinos cotillas —mascullo, apretando los dientes—. ¿Cómo has podido enterarte tan rápido? —Madi me guiña un ojo. Lo de ser cotilla nivel pro va en los genes en los habitantes de Silver Bay—. Voy a matar a Jude.
Mi hermano alza una mano para que le choque los cinco y me quedo observándolo con gesto serio hasta que la baja.
Madison suelta una risilla.
—Te pareces a mi cuñada Brooke —suelta sin ponerse ni roja. La miro con odio—. Venga, cuéntamelo todo.
Apago el televisor y recojo todo el desastre que hay montado por el salón en lo que les explico mi no-cita desastrosa y el desastroso final de noche con mi exmarido.
—¿Y dónde conociste a Simon? —me pregunta Madison.
—En una aplicación de esas para ligar, ¿dónde va a ser?
—¿Y estás dispuesta a seguir adelante con eso de las citas? —se interesa. Cabeceo afirmando con más seguridad de la que tengo en realidad—. A ver, déjame ver tu perfil.
Niego. Niego efusivamente.
—Mejor no.
Sin embargo, según lo estoy diciendo mi hermano ya tiene mi móvil en las manos, que desbloquea. ¿Por qué todo el mundo se sabe mi código de desbloqueo? Mierda, voy a tener que cambiarlo.
Madison le arrebata el teléfono de las manos y sé que no me va a servir de nada protestar, porque, cuando se le mete algo en la cabeza a mi cuñadita, no hay quien se lo saque. Si no, que se lo digan a Henry y a Brooke.
—Mal. Mal. Mal. Mal —recita según va descendiendo por la pantalla mirando mi perfil—. Esto está todo mal, chica, ¿y qué foto es esta?, ¿la de tu identificación en la estación de bomberos?
—¡No! —Sí, en realidad, sí—. Bueno, no tenía una mejor.
Madison suspira.
—Tenemos mucho trabajo que hacer. —Se gira hacia mi hermano y se pone las manos en las caderas—. Muajajajaja —ríe a lo bruja y, como ve que mi hermano no le sigue el rollo, le arrea un golpe en el brazo.
—Au, ¿qué?
—¡Que no te enteras, chaval! —protesta—. Esto era más fácil con Julia —musita para sí misma.
Miedo me da.
En cuanto nombra a la chiquilla, los pelos se me ponen como escarpias.
Esas dos se aliaron la última vez para liar a Brooke con Henry y no descansaron hasta cumplir su cometido.
No me cabía ninguna duda de que la cabecilla de la operación había sido Madison, así que comprenderás que tiemble con su insinuación.
—No…, no hace falta, ya me las apaño yo —titubeo, porque no hay muchas cosas en la vida que me den miedo, pero Madison es una de ellas—. ¿No tienes que ir a ver a tu hermano? —Madi niega—. ¿No quieres que te enseñen una ecografía del bebé y notar cómo da pataditas?
—No, Olivia, no… Esto es más urgente. Hazme caso, me necesitas. ¡Vamos a ver tu armario!
¿Por qué, señor, por qué?