No digas papi.
GAËL RECHINÓ LOS DIENTES mientras su mente volvía una y otra vez a las palabras de Spencer de camino a la universidad de Juliette.
Con sus treinta y cuatro años frente a los dieciocho de su pupila, era innegable que tenía edad suficiente para haberla engendrado...
pero ni una puta vez había pensado en ella como su hija. Como una niña, sí, pero ¿su puta hija?
¿Y ahora, una hija a la que ya le había probado el coño y bebido la sangre?
¡JODER!
Gaël apretó el volante con fuerza, intentando contener su furia. Sabía que estaba siendo irracional y que no había nadie a quien culpar por la diferencia de edad entre ellos. Era simplemente un hecho de la vida, pero...
¿Y Juliette? ¿Ella también lo veía como una figura paterna? ¿Alguna vez lo había visto como su papi? ¿Y sus compañeros? Si lo veían como su padre, ¿eso la molestaría? ¿Quizá incluso lo haría menos atractivo para su pupila?
Solo había una manera de averiguarlo, y unos minutos después, el mensaje de Gaël hizo que Juliette se disculpara apresuradamente con los demás pupilos.
Aunque no era la primera vez que Gaël asistía a una reunión de padres como su tutor, normalmente lo hacía de forma discreta.
Nunca había ido a buscarla cuando estaba en su escuela, y ella solo se enteraba de lo que sus profesores le habían dicho a Gaël cuando se encontraban en casa.
Era la primera vez que Gaël le pedía que se reuniera con él, y Juliette no podía evitar sentirse nerviosa mientras se estrujaba las manos esperando a que—
Oh.
A Juliette le dio un vuelco el corazón al ver la familiar limusina de su tutor subir por el camino de entrada, y el chófer de Gaël, el querido Toby, bajó para abrirle la puerta a su señor.
—Hola.
La tensión en el pecho de Gaël se alivió al escuchar el tono entrecortado de Juliette. Ninguna mujer sonaría así si el hombre con quien hablaba fuera alguien a quien viera como su padre. ¿Verdad?
La aprensión de Juliette volvió cuando vio que la mirada de Gaël recorría de pronto el aparcamiento. —¿Qué pasa?
—La mayoría de los estudiantes de aquí conducen su propio coche —observó Gaël con tono sombrío.
—Bueno... claro. No todos pueden permitirse contratar un chófer—
—¿Crees que sería mejor que condujera yo en vez de venir en la limusina?
Juliette frunció el ceño. —¿Qué quieres decir con mejor?
—¿Qué te haría sentir más cómoda? ¿Prefieres ir en la limusina conmigo? ¿O te sentirías más cómoda si fuera yo quien condujera?
La confusión de Juliette aumentó. —Sigo sin entender a qué te refieres, pero...
—Lo miró con sinceridad—. Creo que es tu comodidad la que debería importar más.
¿No me dijiste una vez que preferías la limusina porque te permitía trabajar y hacer otras cosas mientras viajabas?
Y como siempre estás tan ocupado, también creo que la limusina es lo ideal.
Así puedes aprovechar el tiempo libre para descansar.
No era la respuesta que Gaël había esperado, pero joder, esas palabras le hicieron darse cuenta de lo jodidamente dulce que era su pupila. Sin embargo—
—¿Puedo preguntarte una última cosa?
—Vale... —Juliette no pudo evitar tensarse mientras esperaba a que hablara.
No era propio de Gaël hablar de estas cosas en público, y no podían estar más expuestos que los dos de pie frente a la entrada de la escuela, con todos los estudiantes de UdLA mirándolos boquiabiertos.
¿Sería esto algún tipo de prueba? ¿O quizá una pregunta con trampa?
—¿Alguna vez has pensado en mí como tu padre?
¡Oh, lo sabía!
¡Estaba con sus jueguecitos otra vez!
Gaël se quedó desconcertado cuando Juliette, de pronto, empezó a sonrojarse y a negar con la cabeza.
—Dios mío, Gaël —susurró su pupila—. Para. Aquí no, por favor.
Él parpadeó. —¿Parar qué?
—Me estás tomando el pelo otra vez —lo acusó en voz baja—. Te has dado cuenta de que no puedo jugar a esos juegos—
Como ella seguía susurrando, y él seguía sin entender por qué, Gaël decidió seguirle el juego, bajó la cabeza y le susurró: —¿Qué juegos?
Juliette lo miró horrorizada. ¿De verdad iba a obligarla a decirlo aquí? ¿No se daba cuenta de que los demás estudiantes e incluso los profesores los estaban mirando?
—¿Y bien?
Dios mío.
Entonces realmente iba a obligarla a decirlo.
Con las mejillas encendidas, Juliette se removió mientras susurraba: —Juegos guarros. Te has dado cuenta de que simplemente no puedo hacerlo y llamarte papi, y por eso me has estado haciendo estas preguntas. Tengo razón, ¿verdad?
Gaël apretó los labios. Juliette obviamente lo había malinterpretado, pero al hacerlo, también le había dado la respuesta que necesitaba. Su pupila definitivamente no pensaba en él como su padre, y en cuanto a la otra preocupación de Juliette...
Juliette volvió a removerse cuando vio la expresión pensativa en los ojos de su tutor.
—¿Estás segura de que no puedes llamarme papi?
Juliette le lanzó una mirada horrorizada. Sí, estaba absolutamente segura de que era incapaz de llamarlo... eso.
—Pero... ¿y si te digo que me decepcionaría muchísimo que no pudieras? —Gaël sabía que no debería estar tomándole el pelo a su pupila de esta manera, pero ¿cómo demonios iba a resistirse cuando estaba tan adorable, removiéndose nerviosa frente a él?
Juliette se mordió el labio. Odiaba la idea de decepcionar a su tutor, pero...
—¿Estás seguro de que no cambiarás de opinión?
Oh, Dios.
Cuando su voz sonaba así de ronca, ella quería dárselo todo, pero...
—¿No puedes elegir otra cosa, por favor? —le suplicó—. Te llamaré como quieras... menos eso.
—Entonces... ¿qué tal si tú eliges cómo llamarme —dijo Gaël solemnemente— y yo te digo lo que me parece?
Su pupila volvió a mordisquearse el labio, y él tuvo que contenerse para no mordérselo él mismo. Pasaron unos momentos más, y justo cuando estaba a punto de apiadarse de ella y decirle que solo bromeaba, Juliette se puso de puntillas y le susurró su elección al oído.
Joder.
Se empalmó al instante y, sin decir palabra, le agarró la mano y llamó a su conductor con un mensaje escueto.
El corazón de Juliette latía desbocado mientras Toby volvía a recogerlos. Una vez dentro de la limusina, Gaël no perdió tiempo en subir la mampara de privacidad, y antes de que ella pudiera preguntarle qué tenía en mente...
Oh, Dios mío.
Ya le había abierto las piernas de par en par, Gaël estaba arrodillado entre ellas, y a Juliette le daba vueltas la cabeza.
—Recuerda cómo tienes que llamarme —ronroneó su tutor.
Fue su única advertencia antes de que hundiera la cabeza bajo la falda de ella y le apartara las bragas para que su lengua pudiera acariciarle el clítoris.
Un gemido escapó de la garganta de Juliette, y sus dedos se cerraron en puños mientras Gaël empezaba a succionar aquel botón hinchado.
—Oh, Dios.
Y cuando recordó cómo había prometido llamarlo...
—Oh, Dios, sí, cariño, sí.
Y mientras él succionaba cada vez más fuerte y el cuerpo de ella empezaba a temblar y arquearse contra su boca, lo único que pudo hacer fue agarrarse a sus hermosos rizos mientras gemía: —Por favor, cariño, por favor, no pares. Por favor, cariño, por favoooor... ¡cariñoooo!
EL COMEDOR DE LA UDLA ESTABA mucho más abarrotado y ruidoso de lo habitual, con muchos padres y tutores de estudiantes aprovechando la jornada de puertas abiertas que ninguna otra universidad ofrecía.
Los demás Bellecourt ya estaban con sus pupilas cuando Gaël y Juliette se sentaron a la mesa con ellos. Ella esperó nerviosa a que alguien preguntara por qué llegaban tarde, pero nadie lo hizo, y Juliette respiró aliviada.
¡Oh, gracias a Dios, nadie había descubierto lo que pasaba entre ella y su tutor!
Gaël aprovechó para informar a su familia del último descubrimiento de Etienne, y Jean Luc accedió con gesto sombrío a reforzar la seguridad.
—Pero ¿es posible? —quiso saber Sydney—. Ninguna de nosotras va a ningún sitio donde un vampiro callejero haya tenido tiempo de obsesionarse con nosotras.
—Puede que sea cierto —reconoció Severin—, pero no está de más tomar precauciones adicionales.
El almuerzo llegó a su fin, y era hora de que las pupilas acompañaran a sus respectivos tutores al salón de profesores.
Mientras Gaël iba a hablar con el profesor Gustav, Juliette se dirigió al baño de señoras, y cuando volvió, lo que vio le rompió el corazón.
¿Era Emilia Moretti hablando con su tutor?
Aprilynne vio la expresión de dolor en el rostro de Juliette e inventó rápidamente una excusa para las otras pupilas antes de llevarse a Juliette a un lugar apartado.
—Parecía que estabas a punto de llorar —dijo inquieta.
—Lo siento. —Juliette se sintió mortificada por no haber sabido controlar sus emociones.
Si Emilia estuviera en su lugar, seguro que no habría cometido un error tan infantil.
Emilia parecía tan perfecta, y cuanto más lo pensaba, más sentía que era un error y un egoísmo por su parte siquiera soñar con ganarse el amor de Gaël.
Se volvió hacia Aprilynne y preguntó vacilante:
—¿Estás al tanto de este nuevo experimento de Etienne...?
—¿El que usa el fluido precoital?
A Juliette le ardieron las mejillas a pesar de que Aprilynne había pronunciado las palabras con tono pragmático. ¿Era la última mojigata del mundo o qué? ¿Por qué a todos les resultaba tan fácil decir estas cosas?
Aprilynne miró pensativa a Juliette.
—Si lo sabes, supongo que fue el propio Gaël quien te lo contó, ¿no?
Juliette asintió.
—Solo me dijo que tiene que consumir cierta cantidad para mejorar la compatibilidad de mi sangre con la suya.
—Ya veo...
—¿Hay algo más que deba saber, algo más que pueda hacer...? —La voz de Juliette se apagó al ver la expresión incómoda de Aprilynne—. Hay trampa, ¿verdad?
La otra chica no respondió, y era tan impropio de Aprilynne titubear que los recelos de Juliette aumentaron.
—No es propio de ti andarte con rodeos. ¿Es tan malo?
Aprilynne suspiró. Por esto odiaba tener que ver con cualquier cosa que implicara sentimientos románticos. Solo servía para complicar las cosas, cuando todo podría haber sido simple y calculable.
—Es cierto que consumir la cantidad necesaria de fluido precoital, mezclada con la sangferia de la misma fuente exacta, puede aumentar la compatibilidad sanguínea.
—Pero... —Juliette no pudo evitar contener el aliento de nuevo—. Hay un pero, ¿verdad?
—Hacerlo anularía cualquier consumo posterior de sangferia de otras fuentes.
Juliette parpadeó.
—No... no lo entiendo.
—Si Gaël consume la cantidad necesaria de fluido precoital de tu cuerpo, y después también tu sangferia, la compatibilidad sanguínea mejorará y él disfrutará de todos los beneficios que eso conlleva.
Sin embargo, este método tiene un efecto secundario.
Hará que su cuerpo sea incapaz de procesar cualquier otra fuente de sangferia en el futuro.
Así que si alguna vez las cosas no funcionan entre vosotros, o si llega un día en que Gaël necesite aumentar aún más su fuerza para la batalla, no podrá hacerlo.
Podría consumir la sangferia de alguien casi perfectamente compatible como Emilia, y no le serviría de nada.
Ese es el inconveniente de usar un método suplementario para mejorar la compatibilidad química.
Aprilynne miró a Juliette con pesar. —Para Gaël es una oportunidad única, así que espero que ambos lo penséis muy bien antes de dar el paso.