CAPÍTULO 9 #2
—Si todo lo que haces es cierto… si este mundo ya nos tomó… entonces dejamos de pelear contra ello.
La mujer de cabello gris rio suavemente.
—Sabia elección.
Ryo se estremeció.
—No… no todos hemos decidido aún.
—No. Pero lo harán.
Kaede sintió que su respiración se volvía más pesada. Uno a uno, estaban cayendo. Uno a uno, estaban aceptándolo. Tanaka extendió la mano.
—Únete a nosotros, Kaede.
Eri sintió la sombra dentro de ella moverse. Y en su mente, la respuesta llegó sin que tuviera que formularla. Siempre fue el ciclo. Kaede dio un paso atrás.
—No… —Pero en el fondo, sabía que el abismo la había reclamado también. Y finalmente aceptó. La oscuridad no era una presencia ajena. Estaba dentro de ella. Palpitaba en su pecho, recorría su piel, danzaba entre sus huesos.
Hiroshi alzó la mano envuelta en llamas sombrías.
—No se trata de lo que queremos, Kaede. Se trata de lo que somos ahora.
Ryo respiró hondo. Había lucha en sus ojos, pero ya no suficiente. Eri, con una sombra retrocediéndose como una entidad propia, finalmente exhaló, derrotada.
—Siempre fue eso… siempre fuimos parte del ciclo.
Kaede apretó los dientes. Negarse no cambiaba nada.
Y entonces, su cuchilla se apagó. La vibración cesó.
Su filo dejo de latir. Porquee ya no había resistencia.
Porque había aceptado. El ser colosal extendió su mano una última vez.
Y dio el paso final. El abismo los envolvió en su abrazo eterno.
Y el ciclo continuó. Un portal se abrió entre ellos y el ser colosal, los invitaba a regresar a el lugar donde fueron tomados.
Y cada uno fue entrando en el portal, donde se podía ver al otro lado la casa de la mujer esperándolos.
El portal palpitaba con un brillo antinatural, su superficie ondulante reflejado no el mundo que habían conocido, sino la realidad distorsionada que ahora los reclamaba.
Tanaka cruzó primero. Su sombra fue lo único que se desvaneció en la nada antes de que su cuerpo lo hiciera.
No dudó. Nunca lo había hecho. Hiroshi entro después, envuelto en su fuego negro, como una expresión de resignación en su rostro.
Eri fue la siguiente. Sintió su reflejo sonreírle con un rostro que ya no era del todo suyo.
Ryo avanzó con pasos lentos, con el eco de su antigua vida todavía atrapado en su cabeza.
Pero no miró atrás. Y entonces Kaede atravesó el portal sin respirar, con el filo de la cuchilla en su mano.
El mundo al otro lado los esperaba. El mundo que ya no les pertenecía.
Porque ellos reclamarían como propio. La casa de la mujer los recibió con una puerta abierta.
La misma casa donde todo había comenzado.
Pero ahora, no eran los mismos. Era el siguiente ciclo.
El portal se cerró tras ellos son un susurro vacío.
No hubo estruendo ni luz cegadora. Solo un instante de transgresión, una exhalación del abismo reclamando su deuda.
La casa de la mujer permanecía inalterada, como si nunca hubieran partido.
Pero ellos sabían que nada era igual. Tanaka fue el primero en hablar.
Su voz resonó con una gravedad que antes no poseía.
—Ya no hay vuelta atrás.
Hiroshi miró sus manos, aún envueltas en llamas negras, pero ahora parecían más… estables. Como si finalmente las entendiera.
—Nunca la hubo.
Eri sintió su reflejo moverse dentro de los vidrios polvorientos de la casa.
Una figura oscura la observaba desde el otro lado, son ojos que no eran los suyos.
Ryo, sin decir palabra, cerró los ojos y dejó que la electricidad recorriera su piel.
El viejo miedo se había ido. Kaede no habló.
Apretó la empuñadura de su cuchilla con fuerza, pero el filo no reaccionó.
No era rebeldía, era aceptación. Tanaka miró fijamente a la mujer.
—¿Qué sigue?
La mujer ladeó la cabeza con paciencia.
—Mierda, ¿qué fue eso? —dijeron todos a la vez—. ¿Quién dijo eso?
—Yo no he hablado —dijo la mujer.
Todos voltearon a verse. Y la mujer continuó hablando. Pero antes de que hablara, Tanaka dijo o escucharon, «¿verdad?». Kaede sintió un escalofrío recorrer su piel. No era miedo. Era algo más profundo. Algo que su nueva existencia no comprendía instintivamente.
—¡Quiero que se acabe esto y regresar a casa! una vez más esa voz. Pero Tanaka no comprendía lo que escuchaba. Pero unos segundos después lo comprendió muy rápido, «esa voz», pensó—. ¿Eres tú, Eri?
Eri sintió cómo una voz le retumbaba en el interior de su cabeza, y contestó.
—Sí, soy yo, ¿quién eres?
—Soy yo, Tanaka, ¡aún tenemos el NuxUs! —dijo emocionado, Eri dio un pequeño salto de alegría—. ¿Chicos me oyen?
Ryo se quedó en silencio por un momento, procesando lo que escuchaba de escuchar. Luego, cerró los ojos y se concentró.
—Tanaka. Sí, te escucho.
Kaede se llevó una mano a la cabeza, sintiendo un leve zumbido en su cráneo.
—Esto es una broma, ¿verdad?
Hiroshi, en cambio, gruñó. Con los puños envueltos en llamas escuras.
—No… no lo es.
Tanaka dio un paso adelante, sintiendo su propia sombra vibrar con una emoción que no supo nombrar.
—Tenemos el NexUs… eso significa que aún hay un enlace. No estamos completamente perdidos.
Eri tragó saliva.
—Si podemos a través del NexUs, tal vez… tal vez aún haya una forma de salir de esto.
Kaede la miró con furia.
—¿Salir? No sé si te has dado cuenta, pero no hay salida. Nos convertimos en parte del ciclo, nos tragó el abismo. ¡Nosotros somos el siguiente paso!
—¡No lo aceptes tan fácilmente! —Eri respondió con un tono de súplica—. Si todavía tenemos el NexUs, eso significa que hay un vínculo con lo que éramos antes. Tal vez… tal vez no todo este perdido.
Ryo inspiró hondo, sintiendo la electricidad recorrer su piel.
—Si hay una manera de salir de esto, tenemos que encontrarla ahora. Porque si nos quedamos aquí demasiado tiempo… dejamos de querer salir.
Tanaka frunció el ceño. Algo dentro de él le decía que era cierto. La transformación aún no estaba completa. Todavía tenían una elección… ¿o solo era una ilusión de esperanza? Hiroshi giró la cabeza bruscamente. --¿Podemos? Pensó. Tanaka sonrió, pero sus ojos permanecieron fríos.
—Si aún tenemos el NexUs, significa que todavía hay un vínculo con nuestra antigua realidad, pero eso no significa que podemos regresar siendo los mismos.
Kaede apretó la mandíbula.
—Entonces, ¿qué significa?
—Aún no lo sé —dijo Tanaka.
Se quedaron en silencio por un momento. El aire dentro de la casa pesaba como si estuviera cargado de algo más que sombras. Era denso, más profundo. No era oscuridad… era el eco de lo que habían aceptado. O de lo que aún estaban tratando de negar. Hiroshi gruñó, su puño envuelto en llamas negras.
—Si hay un camino de regreso, más vale que lo encontremos rápido y también hay que encontrar a nuestros camaradas, que es nuestra mision principal.
Ryo cruzó los brazos, su cuerpo irradiando estática.
—¿Y qué nos garantiza que no es otra trampa? Este lugar… este ciclo… no deja cabos sueltos.
Tanaka los observó en silencio, su sombra latiendo con vida propia a su alrededor. Él ya había aceptado. Pero algo en sus entrañas le decía que aún no era el final.
—Compañeros —habló Tanaka desde NexUs—. Tenemos que buscar una forma de salir de esta casa y buscar a nuestros compañeros.
Ya perdimos mucho tiempo aquí hablando con esta mujer.
—El aire dentro de la casa parecía vibrar con algo latente, algo que los observaba desde las grietas de las paredes y desde las sombras que no proyectaban ninguna fuente de luz.
El ciclo los había reclamado. Pero aún no los había consumido por completo.
Tanaka miró la mujer con desconfianza. Ella no era solo una guía.
Nunca lo había sido—. ¿Creen que sepa que nos estamos comunicando vía neuronal?
—preguntó con voz calmada y desconfiada.
La mujer no reaccionó de inmediato. Su rostro permanecía inmutable, pero Tanaka no se dejó engañar. Había algo en sus ojos, una chispa diminuta de reconocimiento, una sombra de entendimiento.
—No lo sé –—espondió Ryo, su tono bajo, calculador—, pero si el NexUs sigue funcionando, significa que aún tenemos una parte de nosotros fuera de ciclo.
Hiroshi chaqueó la lengua.
—Lo que significa que todavía somos una anomalía.
Kaede se cruzó de brazos, su cuchilla aún muda en sus manos.
—No sé si eso es bueno o malo.
Eri cerró los ojos. El NexUs vibraba en su mente, un hilo de conexión con algo más allá de este lugar. Algo que tal vez aún podía salvarlos. O algo que simplemente los retenía en la falsa esperanza.
—Si nos está escuchando —susurró—, no lo demuestra.
Tanaka entrecerró los ojos. Observó cada movimiento de la mujer. Su postura, su respiración, la manera en que ladeaba la cabeza con un interés apenas disimulado. ¿Lo sabrá? Tal vez no con certeza, pero lo sospechaba.
—Si lo sabe —murmuró Tanaka—, entonces no nos detiene.
Ryo asintió con lentitud.
—Lo que significa que no le importa… o que está esperando que lo descubramos por nuestra cuenta.
Kaede soltó una risa áspera.
—O que es otra jodida trampa.
—Bueno, eso no importa —dijo Tanaka—. Tenemos que crear un plan para salir de esta casa y buscar a nuestros camaradas.
—Tanaka dio un paso adelante, su sombra pulsando con vida propia.
El NexUs seguía activo. Esa simple verdad lo llenaba de una sensación extraña, una mezcla de esperanza y desconfianza—.
No podemos quedarnos aquí —dijo con firmeza—.
Si NexUs aún nos conecta con nuestra antigua realidad, significa que todavía tenemos un punto de anclaje. Pero no sabemos cuánto tiempo durará.
Ryo asintió, su piel vibrando con estática sutil.
—El tiempo aquí no es lineal —murmuró—. No sé cómo lo sé, pero lo siento. Si esperamos demasiado… algo nos va a cambiar.
Kaede bufó, cruzándose de brazos.
—¿Nos va a cambiar? Míranos. Ya no somos lo que éramos.
Hiroshi, con los puños envueltos en llamas oscuras, gruñó en señal de aprobación.
—Pero aún no estamos completamente perdidos. —Sus ojos brillaban con fulgor profundo—. Todavía tenemos una misión.
Eri se abrazó a sí misma, sintiendo el eco de su reflejo moverse en los cristales polvorientos de la casa.
—Tenemos que encontrar a los demás —susurró en su mente—. Si todavía podemos.
La mujer los observaba. No dijo nada. No intervino. Pero su sonrisa era mínima, apenas un reflejo de la penumbra. Tanaka la miró con desconfianza.
—¿Sabes? Tenemos que salir de aquí, nuestros compañeros siguen ahí perdidos en medio de la nada y debemos ir por ellos.
La mujer no respondió de inmediato. Se limitó a mirarlos con esa expresión paciente, como si ya supiera lo que dirían, como si estuviera esperando que llegaran a una conclusión que ella ya conocía.
Tanaka sintió su sombra vibrar. El NexUs seguía pulsando dentro de sus mentes, un lazo frágil que los mantenía unidos a algo más de este lugar. Pero por cuánto tiempo.
Kaede avanzó un paso, su cuchilla colgando a su costado, aún dormida.
—Dijiste que habíamos pasado la primera prueba —espetó, su voz cargada de irritación—. ¿Cuál es la siguiente?
La mujer ladeó la cabeza.
—¿Realmente crees que hay pruebas? —Hubo un silencio en toda la habitación.
Ryo chasqueo la lengua.
—Por supuesto que las hay. Este ciclo no deja cabos sueltos.
La mujer sonrió, pero no era una sonrisa de burla, ni de satisfacción. Era una sonrisa vacía.
—Quizá. —Su tono era ligero, pero había algo debajo de su voz, algo más profundo, más antiguo. Algo que no pertenecía a este mundo ni el anterior—. O quizá simplemente estaban buscando significado en un lugar que ya no se los ofrece.
Eri apretó los dientes.
—No me importa lo que signifique —dijo, su voz temblando con algo entre furia y desesperación—. Voy a encontrar a los demás.
Hiroshi gruñó en señal de acuerdo.
—Lo mismo digo. —Tanaka no apartó los ojos de la mujer—. Si no hay pruebas, entonces no necesitas detenernos.
Ella parpadeó lentamente.
—No lo haré.
Kaede la miró con sospecha.
—¿Por qué?
—Porque no es necesario.
Y entonces, la casa cambió. Las paredes se estiraron hacia arriba, devoradas por una sombra líquida que parecía descomponerse en sí misma.
El suelo tembló bajo sus pies, y de pronto ya no estaban en la casa.
Estaban en la nada. Un vacío interminable, sin horizonte ni cielo, pero tampoco oscuridad. Solo… el ciclo.
Ryo sintió su piel erizarse.
—Mierda.
Tanaka cerró los ojos un segundo, enfocándose en la vibración del NexUs. Todavía estaba allí.
—Podemos movernos —dijo con decisión—. Podemos encontrar a los demás.
Kaede giró sobre sí misma, buscando algo, cualquier punto de referencia. Pero el abismo no tenía dirección. Hiroshi apretó los puños.
—Esto es otra trampa.
—O es la única manera de salir —murmuró Eri.
La mujer los observaba, su figura difuminándose poco a poco, como si nunca hubiera estado ahí realmente. Como si nunca hubiera existido. Su voz llegó como un susurro en el aire inmóvil.
—Caminen.
Y lo hicieron. Sin saber dónde. Sin saber si era verdad o mentira. Pero avanzaron. Porque la otra opción… era quedarse.
.text-area p, .text-area table {
font-size: 20px;
}
.text-area p {
margin: 0;
padding: 5px 0;
}
.text-area table p {
padding-bottom: 0;
margin-bottom: 0;
}