Tokyopunk CAPÍTULO 6 #2
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CAPÍTULO 6 #2

Tanaka procesó la información con el ceño fruncido.

—Déjame adivinar. Nadie que haya cruzado esos puentes ha regresado con vida.

Hana asintió lentamente.

—Al menos, no como humanos.

Kaede chasqueó la lengua.

—Bueno, eso suena alentador.

Hana continuó con la mirada fija en la mesa.

—La oscuridad no es solo lo que se puede ver. Es lo que vive en ella. Más allá de las murallas, más allá de los puentes, hay cosas que no deberían de existir. Algunas cazan. Otras esperan.

Ryo revisó su dron, verificando los registros de energía.

—No detecto actividad electromagnética anómala dentro de la ciudad, pero hay pulsaciones irregulares más allá de la muralla. Como si algo estuviera… vibrando.

—Bueno –dije,— creo que ya es hora de descansar. ¿Nos puedes mostrar las camas por favor, Hana?

—Sí, por supuesto. Síganme, jóvenes, es por este corredor hasta el final y bajando las escaleras.

—Tuvimos que bajar unos tres niveles hasta que llegamos a la habitación.

El segundo nivel era la mitad de un enorme invernadero donde podrías ver un sinfín de plantas y árboles pequeños y la otra mitad era de una gigantesca granja donde tenían sus animales y en una enorme puerta estaba Shiro metiendo a los Taurofalos.

En la última puerta del tercer piso. Al llegar a la recamara me miraba muy humilde, las camas no eran lujosas, pero se miraban cómodas—.

Pasen por favor, chicos, descansen y que tengan un lindo sueño.

—Y se escuchó el sonido de la puerta cerrarse.

Ya adentro de la habitación, nos empezamos a poner cómodos.

Unos checaban lo cómodo de la cama y otros checaban sus dispositivos investigando más la ciudadela.

Pero a pesar de tener esa tecnología no entendían porque no les deba lecturas más precisas, porque cada vez que lo hacían les arrojaba lecturas muy irregulares y sin sentido para ellos.

¿Qué clase de mundo es este que no podemos saber qué es lo que está pasando? —dijo Ryo muy estresado—. Mañana por la mañana iremos a ver a Daiki para preguntar sobre nuestros camaradas y si sabe qué ruta tomaron para salir de este mundo lo más rápido posible.

El equipo trato de descansar, pero el sueño nunca llego con facilidad. Había algo en el aire, algo que no se sentía del todo correcto. Ryo seguía revisando su pantalla, frustrado por falta de datos útiles.

—Esto no tiene sentido… —murmuró, golpeando suavemente el costado del dispositivo—. Es como si este lugar no quisiera ser entendido.

Eri, sentada en una de las camas, exhaló con cansancio.

—No creo que nada de que tenga sentido.

Me acosté con los brazos cruzados sobre el pecho, miraba el techo de piedra.

—Lo importante es que averigüemos lo que pasó con nuestra unidad y encontremos una salida de aquí.

Kaede, que había estado en silencio hasta ahora, se giró en su cama y miró hacia la puerta.

—¿Escuchan eso?

El equipo se tensó al instante. Un sonido… un murmullo bajo, como si algo estuviera susurrando desde el otro lado de la puerta. Eri se incorporó de inmediato y tomó su rifle.

—Hana nos dijo que no abriéramos la puerta por la noche, ¿verdad?

—No me acuerdo —dijo Hiroshi, en voz baja.

El murmullo no se detuvo. De hecho, se volvió más claro. No eran palabras. Eran voces… muchas voces, hablando en tono bajo, como si estuvieran tratando de invitar al equipo a responder. Me levanté lentamente.

—Nadie haga ruido.

Las voces parecían responder, susurrando con más insistencia. Kaede deslizó su cuchilla monomolecular de su funda y se acercó a la puerta.

—Podemos ignorarlas… o podemos ver qué demonios hay afuera. —Eri la fulminó con la mirada.

—¿Acaso perdiste la cabeza? —Kaede se encogió de hombros.

—Solo digo que, si algo quiere entrar, no voy a esperar a que lo haga.

El murmullo cesó. El silencio fue peor. Levanté una mano, indicando al equipo que permaneciera alerta. Unos segundos después… Toc, toc, toc. Tres golpes secos en la puerta. El equipo entero alzó sus armas, listos para lo que fuera. Hiroshi respiro hondo.

—Si alguien abre esa maldita puerta, juro que lo mato.

El sonido de los pasos comenzó a alejarse por el corredor. Eri sintió un escalofrió recorrerle la espalda.

—No estamos solos aquí abajo.

Me acerqué a la puerta, colocando su oído contra la madera.

—Nada no se escucha nada. Mañana hablamos con Daiki.

Kaede suspiró, volviendo a su cama.

—Si es que llegamos al amanecer.

El equipo intentó dormir. Pero la sensación de que algo los observaba nunca desapareció.

El amanecer nunca se sintió tan lejano. A pesar del agotamiento, el sueño fue esquivo.

Cada sonido, cada sombra en la habitación, parecía tomar una forma distinta en la mente de cada uno.

Nadie dijo nada, pero todos sabían que no eran paranoias.

Algo estaba ahí, Observándolos. Fui el primero en levantarse.

Apenas durmió unos minutos, pero no quería seguir en esa habitación.

—Nos vamos —dije en voz baja, pero con autoridad.

El equipo asintió sin discutir. Se equiparon rápidamente, revisando sus armas y dispositivos. Kaede fue la primera en abrir la puerta con cautela. El piso estaba en silencio. Pero el suelo de piedra tenia marcas. Huellas. Eri se arrodilló, pasando la mano por la superficie fría.

—Estas no son huellas humanas…

Eran largas, con tres dedos gruesos y terminaciones afiladas. Como garras. Ryo revisó su visor y maldijo en voz baja.

—No hay registros térmicos… pero esto no estaba aquí cuando bajamos.

Hiroshi miró las paredes. Había marcas allí también. Arañazos profundos, como si alguien hubiera tratado de entrar a su habitación.

—Daiki tiene muchas malditas explicaciones que darnos.

Sin perder más tiempo, el quipo avanzó de vuelta a la superficie. La ciudadela estaba en calma. La luz matinal se filtraba entre las murallas, pero no disipaba por completo la sensación de que algo no estaba bien. Shiro los estaba esperando en la entrada de la casa.

—¡Dormilones! —dijo con una sonrisa despreocupada—. ¡Vengan! Daiki los está esperando.

Eri entrecerró los ojos.

—¿Cómo sabes que íbamos a verlo?

Shiro inclinó la cabeza.

—Todos los forasteros lo hacen.

Miré a mi equipo, pero no dije nada. Solo asentí y seguimos al niño. Nos llevó por la segunda muralla, las personas de la ciudadela estaban trabajando como si nada. Subimos por unas escaleras, y en la puerta estaban unos guardias. El niño les dijo

—Daiki quiere ver a los forasteros.

Los guardias le informaros a Daiki y segundos después los dejaron pasar. Daiki los recibió en una gran sala dentro de la muralla. Estaba sentado frente a una mesa de madera, con un mapa extendido frente a él.

—Tuvieron una noche difícil, ¿Cierto? —rio. Kaede cruzó los brazos.

—No estamos de humor para juegos. Algo intento entrar a nuestra habitación.

Daiki no mostró sorpresa.

—Y no lo lograron. Eso significa que la protección de la casa sigue funcionando.

Hiroshi golpeó la mesa con la palma.

—¡No es una maldita respuesta! ¿Qué eran esas cosas?

Daiki suspiró y los miró con seriedad.

—Han visto las marcas, las huellas. No soy idiota. Ya saben lo suficiente como para entender que la oscuridad no es solo una amenaza fuera de la muralla. También aquí adentro.

El silencio se apodera de la sala. Eri sintió un nudo en el estómago.

—¿Nos trajeron aquí sabiendo que seríamos acechados?

Daiki apoyó los codos sobre la mesa.

—Los traje aquí porque la otra opción era que murieran afuera. No me pidan que les explique algo que ni siquiera nosotros entendemos del todo.

Observé el mapa frente a Daiki.

—Nuestra unidad desaparecida. Dijeron que pasaron por aquí. ¿Sabes a dónde fueron?

Daiki mantuvo la mirada fija en el mapa.

—Tomaron una ruta fuera de la ciudadela. Cruzaron el puente oeste.

El equipo se tensó de inmediato. Kaede frunció el ceño.

—Nos dijeron que los puentes estaban destruidos.

—Y los están. Pero ellos encontraron una manera de cruzar.

Ryo apretó los puños.

—¿Sobrevivieron? —Daiki no respondió de inmediato.

—Depende de lo que llames sobrevivir.

Hubo un silencio. Hiroshi tomó su rifle con fuerza.

—Llévanos hasta el puente.

Daiki los miró con seriedad.

—Si van, puede que encuentren respuestas. Pero también puede que encuentren su muerte.

Tanaka no dudó.

—Entonces, será mejor que estemos preparados.

El equipo estaba listo para cruzar el umbral.

Pero lo que los esperaba más allá del puente…

era algo que ningún mapa podría describir.

La luz matinal comenzaba a debilitarse cuando Daiki los guio hasta los restos del puente más cercano.

El equipo avanzó en silencio, con las armas listas y los sentidos agudizados.

Las murallas quedaban atrás y el camino se tornaba más cubierto de piedras afiladas y tierra endurecida.

Entonces los vieron. El puente… o lo que quedaba de él.

Los pilares de madera aún sobresalían del suelo, ennegrecidos y carcomidos por el tiempo.

Trozos de cuerda desgarrada colgaban de los lados, oscilando con el viento.

Pero lo que llamaba la atención no era el estado del puente.

Era lo que había debajo. Un abismo insondable se extendía más allá del borde.

Negro infinito. No se veía el fondo. No había eco cuando una piedra cayó.

Kaede se arrodilló al borde y pasó la mano por la madera destruida.

—Esto no colapso por desgaste…

Eri asintió.

—Algo o alguien lo destruyó.

Ryo revisó su visor y sacó su dron. Lo lanzó sobre el abismo, esperando obtener datos de la profundidad o alguna imagen de lo que yacía abajo. Pero apenas descendió unos metros, la señal se cortó. El dron se perdió. Ryo maldijo y revisó su dispositivo.

—No hay conexión. Como si… no existiera.

Hiroshi se pasó una mano por la cara.

—Esto es una locura.

Tanaka miro a Daiki.

—Dijiste que nuestros compañeros encontraron la manera de cruzar. ¿Cómo lo hicieron? —Daiki no apartó la mirada del abismo.

–Cruzaron cuando se abrió el camino.

Eri sintió un escalofrío.

—¿Cuándo se abrió el camino?

Daiki exhaló lentamente.

—A medianoche.

El equipo guardó silencio. Kaede se puso de pie de

—Si estás diciendo que tenemos que quedarnos aquí hasta la noche, olvídalo.

Daiki se cruzó los brazos.

—Entonces nunca los encontrarán.

Tanaka miró a su equipo. Sabía que no tenían otra opción. Hiroshi bufó y pateó una piedra al abismo.

—Maldita sea.

Tanaka suspiro.

—Nos quedamos. El sol descendió lentamente.

Los últimos rastros de luz desaparecieron tras las murallas de la ciudadela.

La temperatura cayó de golpe. El equipo se reacomodó en sus posiciones.

Nadie hablaba. Nadie bromeaba. Todos esperaban.

El viento se detuvo. El mundo se quedó en silencio.

Y entonces… Algo comenzó a moverse en la obscuridad.

Un sonido reverberante, bajo, como un rugido ahogado en la distancia.

Las sombras más allá del abismo se agitaron, contorsionándose como si algo gigantesco estuviera despertando bajo tierra.

Las estructuras destruidas del puente comenzaron a vibrar.

Y frente a sus ojos… Las sombras empezaron a formar algo.

Plataformas negras emergieron lentamente desde el vacío.

No eran de madera. No eran de piedra. Eran algo más. Algo vivo. Kaede trago saliva.

—Díganme que eso no es real.

Ryo revisó su visor.

—Definitivamente no es normal.

Hiroshi sacó su rifle.

–Y definitivamente no me gusta.

Eri dio un paso adelante. El puente estaba reapareciendo. Pero no como una estructura construida. Era como si algo extendiendo su propio cuerpo para formar un camino.

—Es ahora o nunca —murmuró Daiki.

Tanaka tomó aire.

—Nos movemos.

Y con las armas listas, el equipo dio el primer paso hacia lo desconocido.

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