CAPÍTULO 3 #3
—Si estamos enfrentando algo que posiblemente ya eliminó a nuestro equipo de exploración, espero que este arsenal sea tan bueno como dices. Pero si no, más vale correr rápido.
Ryo, siempre practico, revisando los sensores portátiles mientras hablaba.
—Capitán, tengo que preguntar: si todo este equipo es tan avanzado, ¿por qué los equipos anteriores no lo tenían? ¿Qué les faltó a ellos que ahora tenemos nosotros?
Suspiré, anticipando la pregunta. Me acerqué a la mesa, cruzando los brazos.
—El equipo anterior fue enviado con tecnología estándar.
Nadie anticipaba lo que iban a encontrar al otro lado.
Nosotros tenemos la ventaja de tener este arsenal súper avanzado para traerlos de vuelta a casa.
Eso nos da una oportunidad que ellos no tuvieron.
Pero no subestimen la gravedad de esta misión.
Incluso con toda esta tecnología, no tenemos garantías.
Ryo asintió lentamente, pero su mirada seguía reflejando incertidumbre.
—¿Cuál es el protocolo si encontramos a nuestros camaradas? —preguntó con seriedad.
Tomé un respiro antes de responder. Sabía que esta llegaría.
—Si encontramos sobrevivientes, nuestra prioridad será evacuarlos.
Pero no podemos comprometer la misión principal.
Necesitamos saber qué pasó y recopilar información sobre ese mundo desconocido.
Es un equipo delicado, pero confío en ustedes para tomar las decisiones correctas en el momento adecuado.
Kaede soltó un pequeño silbido y dejó la cuchilla sobre la mesa.
—Así que, básicamente, estamos caminando hacia un lugar donde todo podría fallar, con equipo experimental y una misión suicida. Suena divertido.
—Por eso están aquí —respondí, dejando caer el peso de mis palabras—. Este no es un equipo cualquiera. Ustedes son los mejores en lo que hacen, y eso es lo que más necesitamos ahora. Trabajaremos juntos, enfrentaremos lo que venga, y saldremos de esto con respuestas.
El equipo asintió en silencio. Sabía que no había cuenta atrás. Hiroshi, sin embargo, no puedo evitar añadir su toque característico.
—Bueno, si vamos a hacer esto, al menos quiero que los registros digan que lo hicimos con estilo.
Kaede rodó los ojos, pero una leve sonrisa cruzó su rostro. Rio negó con la cabeza, pero parecía un poco más relajado.
—Prepárense —dije enderezándome—. Verifiquen sus equipos, ajusten sus trajes y familiarícense con las herramientas. Mañana a primera hora nos reunimos en la sala del portal. Todo comienza ahí.
Mientras el equipo se dispersaba, tomé un momento para observarlos. Cada uno de ellos tenía habilidades únicas y, aunque había riesgos, sabía que no podía haber pedido un grupo para la misión. pensé mientras ajustaba mis propios guantes tácticos, ayúdame a traerlos de
Mientras el equipo salía, unos pasos más adelante, Eri dijo en el pasillo, con voz baja:
—Hay que llevar las armas con mi hermano para que las mejore, porque la verdad, no creo que estas armas de prototipo no sean de ayuda, allá afuera, ¿o ustedes que opinan? Yo no les tengo mucha confianza.
El comentario de Eri en el pasillo provocó una reacción inmediata, aunque la mayoría del equipo se esforzó por ocultar sus pensamientos, los pasos disminuyeron su ritmo, y algunos incluso se giraron brevemente, mostrando expresiones que iban desde las curiosidades hasta la resignación.
Hiroshi fue el primero en romper el silencio, como era de esperarse.
—Eri, entiendo tu punto, pero… ¿tu hermano? —dijo, lanzándole una mirada escéptica—. No es nada personal, pero estamos hablando de armas prototipo diseñadas por algunos de los mejores ingenieros militares de Japón. ¿Qué exactamente crees que podría mejorar el sin que todo salga mal?
Kaede, caminando más adelante, se detuvo y giró la cabeza con una sonrisa burlona.
—¿Tu hermano? ¿Ese que hizo explotar su laboratorio porque, y cito, «quería ver qué pasaba si conectaba tres condensadores a un generador experimental»? —preguntó con una mezcla de humor y sarcasmo—. No sé tú, pero prefiero que las armas que llevo encima no exploten espontáneamente.
Eri frunció el ceño, cruzándose de brazos.
—No es un aficionado, ¿de acuerdo? Es un ingeniero con más experiencia de la que piensan. Y sí, puede ser poco… experimental, pero también ha mejorado equipos que ustedes han usado antes sin siquiera saberlo.
Ryo, siempre el más calmado y lógico del grupo, intervino para calmar las aguas antes de que las cosas se calentaran demasiado.
Hiroshi, viendo como estaba la situación, dijo al respecto.
—No estaría mal darle una oportunidad a el hermano de Eri.
Sí, toda la tecnología que las armas tienen son fascinantes, pero ¿qué nos asegura que siempre van a estar funcionando como se debe?
, ¿y si en una situación de riesgo, no funcionan como deberían?
, moriríamos, ¿cierto? Yo digo que hay que hablar con él y si nos puede asegurar que las armas funcionen como deberían, pues prefiero seguir viviendo que morir por un error de software o hardware.
El comentario provocó un nuevo silencio en el pasillo. Esta vez, no por incredulidad, sino porque la pregunta que planteó era difícil de ignorar. ¿Y si en una situación de riesgo las armas fallaban? ¿Qué tan dispuestos estábamos a apostar nuestras vidas en que todo funcionara a la perfección?
Kaede exhaló pesadamente y se pasó una mano por el cabello.
—Genial, ahora estamos en la fase de paranoia —murmuró, pero su tono ya no tenía el filo de burla de antes.
Hiroshi se rascó la barbilla, claramente considerando la idea con más seriedad de la que había mostrado antes.
—Mira, yo no soy un tipo que rechaza mejoras si realmente son eso, mejoras. Pero el problema es el tiempo. Mañana a primera hora cruzamos el portal. No podemos esperar a que tu hermano haga pruebas y ajustes.
—Lo entiendo. Nadie quiere entrar en una mision con dudas sobre su equipo.
Pero no tenemos margen de error ni tiempo para que tu hermano desarme y modifique cada pieza.
Sin embargo… —Miré a Eri directamente—. Si puedes asegurarte de que su revisión sea rápida, sin tocar nada crítico, y que pueda detectar posibles fallos en el software o hardware sin alterar la calibración del sistema, le daremos una oportunidad.
Eri sonrió levemente, asintiendo.
—Puedo hacerlo. No voy a arriesgar nuestras vidas en cambio innecesario. Solo quiero asegurarme de que no estamos caminando hacia la muerte con equipo defectuoso.
Kaede suspiró y se encogió de hombros.
—Bueno, mientras no terminemos con armas que exploten en nuestras manos, supongo que no me opondré.
—Bien —dijo, inclinando la cabeza—. Entonces ve a hablar con tu hermano.
Eri asintió y se alejó rápidamente por el pasillo.
Mientras los demás la seguían cada uno sumidos en sus propios pensamientos.
La determinación de Eri se reflejaba en cada paso que daba.
Aunque todavía tenían ciertas reservas sobre la idea, no podían negar que un chequeo adicional no hacía daño, siempre y cuando no se comprometiera la funcionalidad del equipo.
Kaede chasqueó la lengua y se estiró, como si la discusión le hubiera drenado la energía.
—Bien —dentro de la casa del hermano de Eri—, ahora que terminamos con eso, creo que es momento de descansar un poco antes de esta maravillosa excursión suicida. Hiroshi soltó una risa corta y le dio una palmada en la espalda a Ryo.
—Ves, Ryo, esta es la razón por la que no me gusta pensar en «qué pasaría si todo sale mal». Me deprime—. Ryo le lanzó una mirada de exasperación, pero en el fondo sabía que Hiroshi intentaba mantener el ánimo del equipo arriba.
—No es cuestión de pensar en lo peor —respondió con calma—. Es cuestión de estar preparados para cualquier escenario.
—Y por eso eres el más aburrido del equipo —bromeó Hiroshi antes de recibir un codazo ligero de Kaede.
Mientras el grupo comenzaba a dispersarse, cada uno tenía una forma distinta de lidiar con la tensión: Kaede con su sarcasmo, Hiroshi con su despreocupación aparente, Ryo con su lógica inquebrantable, y Eri con su necesidad de control.
Antes de que cada uno se dirigiera a su habitación, Eri se caminó por un pasillo donde había desaparecido.
Con suerte, su hermano encontrará algo útil. Y si no…
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