CUERPO
CUERPO
Monólogo (el accidente)
Lo único en lo que puedo pensar es que todavía no sabes que he matado a una persona.
Los médicos van y vienen por el pasillo que veo desde mi habitación, entran para hacerme pruebas, preguntarme si necesito algo, decirme que ahora vendrá el doctor, que ahora me harán un escáner, que me tienen que volver a tomar el pulso, la tensión, auscultarme, inyectarme más analgésicos.
Tus padres están de camino, me aseguran, y cuando pido que te dejen entrar, solo familiares.
Pues eso, quiero gritar, que te dejen entrar porque, en mi diccionario la palabra familia tiene una única acepción y esa eres tú y necesito decirte que he matado a una persona.
He matado a una persona. He matado a una persona.
Mi cabeza entra en un bucle del que no puedo salir y menos estando solo en la cama de un hospital con médicos entrando y saliendo y preguntándome cosas para las que no tengo respuesta porque la carretera, la sangre, los cuerpos, su cuerpo y qué va a ser de mí, cómo voy a seguir adelante, dónde acabaré, cómo seré capaz de volver a dormir sin verlos sin verla sin verte sin verme.
En algún momento, George (hijo, qué ha pasado) y Sarah (ay, mi Connie), y no quiero verlos, no quiero escucharlos, no quiero hablarles.
En algún momento, un doctor y palabras que no entiendo porque solo puedo pensar en una maldita cosa.
He. Matado. A. Una. Persona. Y no lo sabes pero cuando lo sepas no serás capaz de mirarme de la misma forma, no querrás escucharme, no querrás hablarme.
Hay un chico en la sala de espera, comenta alguien, dice que es amigo del señor Hannaway.
Tiene que ser Charles, responde Sarah, que pase.
Y pasas. Entras en la habitación justo cuando mis padres salen para hablar con los doctores y te detienes junto a mi cama y me miras con una preocupación que no me merezco y estamos solos y sé que ha llegado el momento.
Las palabras se me agolpan en la garganta y cuando ya no puedo aguantar más las vomito.
—He matado a una persona.
Y entonces sí, todo en ti cambia.