Todos mis fantasmas (Del Olmo y Saavedra 3) SE FORMAN ISLAS EN LAS ACERAS
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SE FORMAN ISLAS EN LAS ACERAS

L as Islas Baleares están cerca de aquí. Tiene un mar de por medio, sí, pero se puede coger un ferry y en una hora y poco estás en Ibiza. Me fijo en el pronóstico del tiempo.

—Hoy hace calor, pero mañana por lo visto la temperatura va a derretir las aceras, inspector —afirma Toribio.

—¿Entonces nos vamos a la playa o volvemos a la capital, Lucas?

—Podemos ir a la playa de Madrid.

—No, mejor a la de Córdoba, que también va a hacer fresco.

Después de las puyas habituales entre el inspector y yo, llega Olga para poner un poco de cordura.

—¿Qué estáis, jugando a las batallitas?

Tenemos desplegado el mapa de España sobre la mesa de una sala de reuniones en la comisaría de Castellón. La sala es pequeña, con las paredes forradas de corcho llenas de fotos del caso. Hace calor a pesar del ventilador de techo que gira sin parar.

Ibiza o Mallorca podrían ser el siguiente objetivo de nuestro asesino. O Barcelona, o Zaragoza o Murcia.

—O también se podría ir a tomar por saco a Coruña o a Huelva —incide Toribio.

—Hay dos cosas claras —dice Olga—. Creo que podemos descartar motivos que tengan que ver con algún tipo de venganza personal contra Delacroix. Y el género de la persona que buscamos no está claro.

—¿Pero entonces quedamos que las cosas son claras o no, inspectora? —Se lo digo para picarla.

—Del Olmo, si lo único que vas a aportar es ironía, mejor me marcho.

—Querida Olga, parece que no me conoces.

—Te conozco demasiado, pero es que no sé qué narices te pasa que no paras de tocarme…

—Sí, las narices. A Toribio también. Y a Solís y a Pleite y a Mansilla, y a Insausti porque no está, que si no, también.

No me pasa nada, lo único que hace un calor de huevos.

Que tendríamos que estar todos de vacaciones en lugar de aquí en esta sala de mierda buscando a un tipo que no sabemos dónde coño andará y que se dedica a publicar vídeos en redes sociales de sus hazañas…

—Listín dice que tiene la IP desde dónde se ha publicado el vídeo —comenta Olga.

—¿Cuándo te ha dicho eso?

—Lo acabo de llamar, me ha pedido que te lo comunique.

—¿Y puede geolocalizarla?

—Está en ello.

—¡Joder! ¿Cómo la ha conseguido…?

—Al parecer tiene un contacto en la red social que se ha subido el vídeo…

El vídeo en el que aparece un fragmento del acto sexual previo al asesinato se ha subido a una red social que está en desuso, pero que aún conserva algunos fieles.

Alguno de ellos lo ha capturado y lo ha subido a otras redes.

Ha pasado el filtro de contenido sexual porque solo se escuchan gemidos y alguna imagen sutil de una espalda.

Hemos analizado el vídeo durante horas. Ya son casi las ocho de la tarde y tengo a todo el equipo exhausto. La primera buena noticia me la comunica la inspectora y decido hacer una pausa.

—Lucas, llama a la tropa. Vamos a cenar algo y nos vamos a descansar. Mañana temprano nos volvemos para Madrid y lo reorganizamos todo.

Pleite, Mansilla y Solís se han quedado en el recinto del festival interrogando a todo dios. También les he encargado que recopilen toda la información de pensiones y hoteles de la zona.

—¿Y qué pasa con los compañeros de aquí? —pregunta Olga.

—Nos coordinamos desde Madrid. Está claro que si vuelve a actuar, lo va a hacer en otra localidad.

—¿Y la inspectora de Valencia?

—¿Qué le pasa?

—Pues que no da señales de vida.

—¿Quieres que la incorpore al caso?

—No sé, pensaba que al menos aquí sí estaría con nosotros.

—Ella es de Valencia, ahora estamos en Castellón. Y nosotros debemos coordinarlo todo. Cuando la necesite, la llamaré. No entiendo tu queja.

—No es queja, solo es duda.

—Duda solventada, vamos a comer.

Nos largamos de las dependencias de la Policía de Castellón. El sol ya se ha puesto pero el calor sigue pegajoso.

Buscamos un lugar cualquiera para cenar. Nos reunimos con el resto del equipo y terminamos en una pizzería de mala muerte. El local tiene mesas de plástico blanco y manteles de papel. Huele a masa recalentada. Las pizzas están más secas que la mojama.

Nos vamos al apartamento que nos ha procurado Mansilla. Está en una segunda planta con ascensor. Es amplio, con cuatro habitaciones, un salón con sofás viejos y una cocina americana. Las ventanas dan a una calle estrecha. Hace menos calor aquí que en la comisaría.

Resulta de lo más acogedor con varias habitaciones por las que, por supuesto, hay pelea para encontrar la mejor.

—Jefe, la novata se lo curra mucho, ya puedes no tocarle las narices —solicita Toribio, sentado sobre la cama del cuarto que compartiremos. Es pequeño, con dos camas individuales y un armario. La ventana está abierta.

—Se podría llamarla agente de viajes.

—Qué tocapelotes eres, picha.

Le hago un gesto con la cabeza. Suena la puerta. Es Olga, que me pide que salga un rato.

—¿Tienes sueño?

—Un poco.

—Venga, ven.

Me reúno con ella en el salón del apartamento. Los demás se han retirado ya a sus cuartos. El salón tiene dos sofás de tela gastada, una mesa baja de cristal y un televisor antiguo. Las luces están apagadas salvo una lámpara de pie en la esquina.

—¿Te ocurre algo? —pregunta.

—¿Algo de qué?

—No sé, en casa, con los niños, con Sofía…

—Hombre, me gustaría estar en el pueblo con ellos o irnos los cuatro a la playa, pero no, lo normal de siempre cuando es verano y me toca currar. ¿Por qué me preguntas esto?

—Porque te noto algo raro. ¿Es por la tal Prados?

Suspiro. Me pongo las manos en la cara y tomo aire.

—A ver, no es agradable recordar malos momentos del pasado.

—Ya lo sabía.

—No, Olga. No sabes nada.

—Pues cuéntamelo.

—No sé si es el momento.

—Del Olmo, haz el favor. Mientras esperamos la magia de Listín, no podemos hacer mucho más.

—Sí que podemos, descansar y mañana organizarnos para cubrir los festivales del próximo fin de semana.

—¿En serio quieres vigilar todos los festivales?

—Los que lleve la empresa de Delacroix…

—Pero si el de hoy no es suyo…

—Lo ha podido hacer para despistar.

—¡Joder! —Olga se levanta de un salto.

—¿Qué pasa?

—Sea como sea, tiene que estar dentro del mundillo. Pero muy dentro, tiene que controlar de gestión, de organización. ¿A quiénes del entorno de Delacroix hemos interrogado?

—A todos. Incluida su hija y su círculo más cercano, que solo van a los festis a hacer el egipcio y ponerse hasta el culo por la cara.

—¿Alguien con quien haya discutido y le haya sacado de los negocios, que le deba dinero o viceversa?

—Negativo, tiene una ralea de cuatro personas, dos hombres y dos mujeres que lo gestionan todo con él y llevan juntos como quince años.

—¿Y las familias de esas cuatro personas?

—Listín también las ha descartado.

—¿Has descartado a todo el personal de confianza del tipo?

—Descartado al cien por cien no, por eso quiero centrarme en sus eventos.

La inspectora se pasea de un lado a otro de la salita. Sus pasos resuenan en el parqué.

—Tengo una idea, pero…

Me quedo callado, esperando que diga algo. No lo hace. Se sienta a mi lado en el sofá. Está cerca. Demasiado cerca.

—Cuéntame lo tuyo con Nuria Prados y te la digo.

—No me jodas, me la vas a contar igual.

—Venga, Del Olmo, que hay confianza.

Suspiro. Los ojos de la inspectora sí que me transmiten esa confianza. Lo que no tengo claro es que me transmitan algo más.