QUE ME MIRA RARO
M e mira raro. Su expresión ocular es una nueva experiencia. Se le agota el oxígeno y sus ojos se voltean —otra vez.
Esta vez no he usado el cinturón, sino su corbata. ¿A quién coño se le ocurre venir de corbata a un festival de verano con el calor que hace? Creo que por eso lo elegí. Por ir de sobrado. Me recordó a la canción de Estopa en la que un fiera entra invitando a la peña a cañas.
Le he conocido en la zona VIP del festival.
Un espacio elevado con vallas que lo separan del resto del recinto.
Suelo de tarima, sofás de mimbre, macetas con plantas falsas.
Ese lugar en el que si pagas más pasta tienes derecho a una cerveza menos caliente que en las otras barras y con los baños con un poco menos de olor a pis.
Me puse en el borde del balcón que otorga una vista supuestamente privilegiada del escenario principal.
Los grupos que actúan no me llaman demasiado la atención, por eso me interesé más por las personas que me rodeaban.
Lo vi desde arriba. Él me vio y me sonrió y me levantó el vaso de cerveza en señal de saludo.
Le correspondí y a punto estuve de tirarle la cerveza encima de su calva.
Me señaló su pulsera y me señaló con la mano, después me hizo otro gesto con la palma hacia arriba como si parase un taxi.
Supongo que para pedirme tiempo. Tiempo era todo lo que tenía porque me estaba aburriendo como una ostra.
Así que el tipo llegó en menos de cinco minutos. Me saludó y chocó el vaso de cerveza.
Como me aburría y el tipo me daba un poco de repelús, decidí ir por la vía rápida.
—Acompáñame a un sitio.
Me siguió como un corderito. Sorteé como otras veces los controles de seguridad y llegamos a una zona apartada, en la que había una cabina de baño portátil. La zona estaba oscura, solo iluminada por una farola lejana. Se escuchaba la música del festival amortiguada.
Le dij que si quería un poco de eme, que entrase conmigo al baño. Al tipo se le iluminaron los ojos como dos farolas.
Dentro el espacio era mínimo. Hacía un calor infernal y olía a químico y a mierda. La puerta apenas cerraba bien.
Saqué la bolsita, chupé y le di a chupar de mi dedo.
Se volvió loco y comenzó a besarme. Me dejé hacer por puro aburrimiento y le toqué sus partes por lo mismo.
Quería mandar, pero le dejé claro con el primer bofetón que se equivocaba conmigo si tenía esa intención.
Le di otra chupadita de eme y cambió su actitud.
Entonces fue cuando le di la vuelta, le bajé los pantalones y comencé a penetrarlo sin miramientos.
Los que van de machitos y prepotentes suelen ser los que más vicio tienen cuando están a oscuras y en privado.
Y entonces fue cuando se quiso quitar la corbata y visualicé lo que ahora está sucediendo. Fingí ayudarle a quitársela y aproveché la coyuntura para enroscársela alrededor del cuello y tirar.
Él intentó zafarse pero le di un azote en el culo y le dije que se tranquilizara. Y lo hizo porque seguí penetrándolo con furia. Y cuando estaba a punto de correrse, repetí la acción.
Y ahora lo tengo aquí delante de mí con los ojos vueltos como una dorada a la sal en su punto y soy yo quien está sintiendo una oleada de placer. No es un orgasmo, pero se le parece. Me gustaría poder explicar esta sensación, es casi poética.
Por fin deja de patalear y de emitir esos grititos tan extraños y desagradables. Los he soportado porque son necesarios para que deje de respirar. Hay que hacer ciertos sacrificios de vez en cuando si se quiere obtener lo que se desea.
A este apenas lo he tocado, pero no llevo guantes así que le voy a pasar una toallita por todos lados por si acaso.
Nunca se sabe lo que la policía puede encontrar, que yo veía mucho el CSI y aunque la mayoría de las cosas son mentira, hay otras que sí son reales y te pueden encontrar por una tontería como un trozo de tela de mi ropa o un trozo de mi piel.
Lo limpio lo mejor que puedo y me largo de este asqueroso cubículo y le tiro un beso de despedida al tipo.
Salgo a la noche. El aire fresco me golpea la cara. No hay nadie cerca, la zona sigue vacía. Sonrío y me escabullo entre las sombras.
Llego a uno de los escenarios. Las luces cambian de rojo a azul.
La gente salta al unísono. No conozco al grupo, pero tienen buena energía.
Su estilo es una mezcla de rock con electrónica.
Me pongo a bailar, los acordes me hipnotizan.
La sensación placentera perdura en mi organismo y tengo los sentidos muy activados.
Lo noto. Noto como se me llena el cerebro de imágenes y de palabras. Es la hora.
Es la hora de volver a componer.