Todos mis fantasmas (Del Olmo y Saavedra 3) ES OTRA VEZ
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ES OTRA VEZ

O tra vez delante de un sospechoso. Sospechosa en esta ocasión.

—Sandra Laínez.

—Me llamo.

Dentro del camuflado hace un calor asfixiante a pesar de que hemos dejado las puertas abiertas.

Sandra está en el asiento de atrás, entre Solís y yo.

Pleite se ha quedado fuera, apoyado en el capó.

Dos agentes de la UIP custodian el coche a unos metros de distancia.

Desde aquí se escucha el murmullo de la gente que pasa por la plaza.

Interrogo a la sospechosa.

—Un añito a la sombra por dos agresiones sexuales. Otros seis meses por tráfico de sustancias. Y otros dos meses por robo a mano armada.

—Todo hace más de diez años.

—¿Qué hiciste anoche, Sandra?

—Ir a un concierto. ¿Puedo?

—¿Y qué grupos viste?

La sospechosa hace una lista de los grupos que presenció. También nos enseña su teléfono móvil con fotos del concierto.

—Dime, ¿y por qué has huido cuando has visto a los de la UIP?

—Ya lo sabe.

—Quiero que me lo repitas.

—Porque trapicheo con eme. ¿Me va a arrestar o me puedo ir a mi casa?

La voz de Sandra suena triste y aburrida, como si ya se supiera esta situación de memoria. Tiene los hombros caídos y mira por la ventanilla hacia la plaza.

—Necesitamos hacerte unas pruebas forenses, nos tienes que acompañar a comisaría.

—¿Qué pruebas?

—¿Tuviste relaciones sexuales anoche?

—No.

—¿Segura?

—Y tanto.

Lo dice de una forma tan sincera que es difícil que mienta. A pesar de ello, y debido a sus antecedentes —y a que no tenemos nada mejor por el momento—, tengo que arrestarla y pedir que la trasladen a Canillas para que el equipo de criminalística la examine.

Le hago un gesto a uno de los agentes de la UIP. Se acerca al coche. Sandra baja sin oponer resistencia.

Cuando se marcha, Solís me mira con desaprobación.

—Jefe, nadie se cree que esta chica haya hecho algo así.

—Amaya, querida, pareces nueva.

—¿Por qué?

—Lo primero por protocolo. Hay que descartarlo.

Lo segundo porque no será la primera ni la última que parece inocente y luego resulta ser culpable.

Te vas a venir a todos los interrogatorios que puedas, porque te falta cole en ese sentido.

A Solís no le sienta bien el reproche. Se gira hacia la ventanilla sin decir nada.

Pleite, que ha vuelto a acercarse al coche, cabecea como riñéndome.

Los ignoro porque no es momento de escuchar las quejas de los subordinados.

Llamo a Olga y no me da tono. Miro a Julio.

—Te vas con la detenida y la custodias hasta que llegue a manos de Manso. Y le pides el primer informe inicial lo antes posible. Si no me da cobertura, me contactas por transmisiones al camuflado.

—¿Y Amaya?

—Alguien me tendrá que llevar al festival de vuelta, ¿no?