Capítulo 20 #3
Estamos tiradas en la cama de Lily mirando el techo. Yo llevo un pijama de galletas de jengibre que era de mi madre, y ella, uno de renos. He pasado por casa para coger la ropa y también unos cuantos bizcochitos que nos hemos comido hace rato.
Josh ya se había metido en su habitación cuando he llegado, lo que me ha entristecido un poco, pero, por la luz encendida que se veía a través del hueco bajo la puerta, he supuesto que estaría enfrascado en el porfolio.
—Supongo que ya te habrás dado cuenta… —dice Lily, girándose para tumbarse sobre el costado, de cara a mí. La imito y, al ver cómo le brillan los ojos, me imagino lo que me va a contar—. Me gusta mucho Abby.
Sonrío, feliz de que hayamos vuelto a tener esa confianza con la que nos lo contábamos todo antes.
—Lo suponía —digo.
Lily asiente, un poco avergonzada, lo que es tan extraño en ella que la observo con atención, intentando grabarme cada milímetro de la cara de mi amiga en mi memoria.
Me cuenta que empezó a sentir algo distinto después de las vacaciones de verano, cuando Abby se quedó a dormir el primer fin de semana del curso. Y que cree que Abby siente lo mismo, pero que aún no se ha atrevido a decirle nada.
—No sé qué hacer, porque si ella se va a Nueva York y yo a Rochester…
—Bueno, White Falls queda más o menos a medio camino.
—Ya —duda—, pero falta tan poco para que acabe el curso…
—Pues con más razón, ¿no? Deberíais aprovechar el tiempo. De todas formas, eso no es como si os fuerais cada una a una punta del país.
Asiente y al segundo siguiente le cambia la expresión.
—Como Josh y tú. —Lo dice con esa sonrisa pícara que no trae nada bueno.
Enarco las cejas.
—¡Oh, venga ya! ¿Te crees que no os vi ayer y hoy? Que no estoy ciega, Sofie, que os conozco a los dos desde siempre.
Niego con la cabeza y vuelvo a girarme boca arriba para que no lea la verdad en mi rostro.
—Somos amigos, como siempre, y lo voy a echar de menos como siempre —digo, como si confesar la verdad en voz alta fuera a hacer explotar el mundo.
—Sois tontísimos los dos —gruñe—. Es que si vieras…
Vuelvo la vista hacia ella cuando no sigue la frase.
—¿Si viera qué?
—Nada —bufa—. Me hizo jurar que no te diría nada.
—¿Josh?
—Sí. —Pone los ojos en blanco.
Me quedo callada, queriendo saber más y a la vez sin atreverme a indagar.
—Son tres husos horarios de distancia —digo—. Es demasiado.
—Siempre ha sido la misma distancia.
—Pero no sería lo mismo.
Vuelvo a tumbarme de cara a Lily y la veo asentir.
—Bueno, puedes solicitar plaza en Rochester, así estaríamos las dos juntas y nos podríamos hacer compañía cuando echemos de menos a Abby y Josh.
Lo medito un momento, la verdad es que podría hacerlo; así, si no me aceptan en Caltech, no tendría que empezar la nueva etapa sola. Vería a mis abuelos más a menudo, aunque estaría más lejos de mi padre…
La imagen de la web del Culinary Institute me asalta y cierro los ojos como si quisiera deshacerme de ella. Lo que no sirve para nada porque entonces recuerdo lo que me ha dicho Josh hace un rato.
—¿Qué pasa? —pregunta Lily.
—He estado pensado en lo que me dijiste… —Lily frunce el ceño—. Lo de estudiar Repostería.
Abre los ojos tanto que, si no estuviera muerta de nervios por decir en voz alta lo que solo he plasmado en un papel, me reiría.
—Cuando seas la repostera más famosa del país, subiré un tiktok contando cómo fui yo la que te empujó a cumplir tu sueño.
Ahora sí que no puedo evitar reírme porque estoy segura de que cumpliría su palabra si ocurriera.
—No sé qué voy a hacer, me da miedo. —Al decirlo en voz alta, siento que me quito un peso de encima.
Lily me abraza y yo le devuelvo el abrazo.
—Yo también tengo miedo —confiesa—. Con la de veces que he cambiado de idea sobre lo que estudiar… Me da pánico pensar que en cuatro años no habré terminado nada o, si lo he conseguido, habré perdido la ilusión por el camino.
Me refugio en sus brazos, hecha un lío, pero aliviada al saber que no soy la única que, cuando se imagina el resto de su vida, no ve nada claro.
—Esto es muy difícil —digo contra su hombro.
—Y encima va y nos pillamos por nuestros mejores amigos —suspira.
Una risa nerviosa se me escapa. Supongo que en algún momento elegimos jugar a la adolescencia en modo difícil.
Hablamos un poco más sobre cosas menos trascendentales, como que Lily ha visto a Diya darle un beso a Ethan al salir del ayuntamiento y que el chico la miraba con cara de estar soñando.
O que cree que el hijo de Theodore, el hombre del banco del parque, es quien ha hecho la puja más alta por el dibujo de Josh.
Antes de acostarme en la cama nido, juego con la pulsera de Josh entre los dedos y decido dejármela puesta para dormir, aunque mañana me despierte con la marca de la madera en la piel.
También leo los mensajes de Isla en los que me cuenta que Ryan la ha besado y la ha vuelto a acompañar a casa, y que es la persona más feliz del mundo.
Le mando varios stickers de corazones, le resumo mi noche y le pregunto si, cuando está con Ryan, siente que se la comen los nervios, que no puede respirar y, a la vez, que sus brazos son el mejor refugio.