Capítulo 19 #2
Lo miro, sin saber si me está diciendo la verdad o solo lo dice para que acepte su ayuda. Josh parece darse cuenta de mis dudas.
—De verdad, voy bien. Cuando vuelva tu abuela, me iré a seguir con ello.
—Entonces, sí, por favor —le pido.
Josh se arremanga el jersey verde con cenefas de regalos, se lava las manos a conciencia, limpiándose las manchas de pintura, y me ayuda a terminar de colocar los dulces para llevarlos al mostrador.
Cuando salgo para girar el cartel de abierto ya hay vecinos esperando.
—Me encargo yo —dice, y se coloca tras el mostrador.
—¿Seguro? —pregunto. Me siento un poco mal por necesitar ayuda y por hacer perder el tiempo a Josh.
—Ve. —Me empuja por los hombros hacia la cocina.
Le sonrío agradecida y me devuelve el gesto antes de saludar al señor Walters, puntual como un reloj, conforme a lo habitual.
Sigo terminando las elaboraciones mientras Josh entra y sale de la cocina según hay o no clientes y me ayuda a sacar o meter bandejas en el horno. No paro de preguntarme dónde estará mi abuela, llega un momento en el que me preocupo de verdad por si le ha pasado algo.
Cuando, desde la radio, empieza a sonar «Run Rudolph Run», Josh se pone a cantar e intenta que lo acompañe, pero le estampo mi mano llena de harina y mantequilla en la cara.
Con los ojos medio cerrados, mete los dedos en un bol con nata y yo echo a correr por la cocina, como si fuera el reno de la canción.
Lo que no sirve para nada porque no hay mucha escapatoria, así que Josh no tarda ni diez segundos en atraparme por la cintura y mancharme la cara.
Me la limpio con el dorso de la mano mientras la risa se me escapa sin dificultad, a la vez que noto la suya en mi espalda.
Con un movimiento, me gira y nos quedamos uno frente al otro.
La respiración se me entrecorta al tenerlo tan cerca.
Y creo que él inspira despacio, como si necesitara coger todo el aire que le pueda caber en los pulmones.
El corazón me late tan rápido y fuerte que debe de estar notándolo en su propio pecho.
Busco en sus ojos algo que me diga si también siente algo distinto, si vale la pena el riesgo. Y me pierdo en ese azul oscuro donde me parece reconocer nervios, cariño, duda…
Noto sus manos aferrarse más fuerte a mi cintura y mueve los labios, como si fuera a decir algo…
—¡Ya estoy aquí! —oímos la voz de mi abuela.
Nos separamos con rapidez, con los latidos retumbándome en el cuello y en cada parte de mi cuerpo que estaba en contacto con Josh.
Cuando mi abuela entra en la cocina, es como si no hubiera pasado nada, excepto por la tensión que crepita entre nosotros y que espero que solo sea una impresión mía.
—Pero ¿qué habéis hecho? —pregunta, lo que me recuerda que los dos llevamos la cara pringada de dulce.
Josh y yo nos miramos y la tensión desaparece cuando nos entra la risa otra vez.
Después de comer, subo a la habitación para descansar un rato antes de la subasta y aprovechar para cumplir con la tarea de hoy.
Antes de nada, miro el móvil, donde me esperan varios mensajes de Isla.
Pues ese Josh tiene cara de regalarte flores y bombones
No puedo evitar sonreír al coincidir con Isla en su clasificación. Según ella, están las personas que te regalan flores y bombones y las que esperan flores y se comen los bombones. Ella siempre ha dicho que es más de las segundas, pero está claro que no cuando leo su siguiente mensaje:
He quedado con Ryan esta tarde.
Socorro.
Ryan, claramente, es del mismo grupo que Josh, por eso Isla siempre se ha negado a prestarle atención… hasta ahora.
¿Os vais a besar cuando se enciendan las luces del árbol?
Debía de tener el móvil cerca porque, inmediatamente, me salen los puntitos que indican que está escribiendo.
Pues no creía que diría esto, pero OJALÁ
Sonrío al notar a mi amiga tan emocionada.
Mantenme actualizada
Lo mismo digo, que no me olvido de que te ha invitado a un baile
La conversación con Isla me ha devuelto todas esas dudas que tengo sobre Josh y sobre lo que siento, más aún después de lo que ha pasado en la pastelería y que ninguno de los dos ha mencionado cuando se ha despedido.
Puede que sea porque no haya nada que decir, ¿y si me lo estoy imaginando todo?
¿Y si para él es tan normal como siempre?
Sacudo la cabeza como si así fuera a conseguir olvidar el tema y saco un folio de dentro del libro de Matemáticas, donde los metí para poder hacer ejercicios de repaso que no he hecho.
Suspiro y, con el boli en la mano, empiezo la carta que tengo pendiente.
Hola, mamá:
Te echo mucho de menos. Y papá también. Y los abuelos. Y Kathleen y Josh y Lily. La señora Fisher… Bueno, cualquiera que te conociera te echa de menos.
Se supone que esto debería ser una carta a Papá Noel, pero he preferido escribírtela a ti.
He leído tu diario. Lo siento. Espero que no te moleste. No creo que a los 17 años pensaras que algún día tu hija lo leería, pero me alegro de haberlo encontrado. He estado haciendo los mismos planes que tú, quería, de alguna forma, sentir que estabas conmigo estos días.
Aún me queda la última entrada y no puedo dejar de pensar que necesito saber cómo terminan esas navidades y, a la vez, no quiero leerla porque eso significará que ha terminado, que no tendré tu guía para seguir con el resto de mi vida, como la he tenido estos días.
He recuperado a mis amigos. Me daba miedo que no quisieran pasar tiempo conmigo o que se hubieran olvidado de mí, pero ha sido todo lo contrario. Y he hablado con papá para volver en verano y en las navidades del año que viene.
Por cierto, sobre eso… Creo…, creo que siento algo por Josh…
No solo amistad. No estoy segura, o no me atrevo a estar segura, no lo sé.
Estoy hecha un lío porque es mi amigo y no quiero perderlo; además, dentro de unos días vuelvo a Los Ángeles.
En tu diario hablas del chico de ciudad que te daba la mano a cualquier mínima oportunidad y que se despidió con un «como desees» y todo eso me ha pasado con Josh.
Eso, y que cada vez que estamos cerca no quiero separarme de él.
Mamá, casi nos besamos esta mañana, en la pastelería. Estoy segura de que habría pasado si la abuela no hubiera llegado en ese momento.
Pero, por mucho que los demás digan lo contrario, creo que no me parezco tanto a ti, porque tú te arriesgaste y yo no puedo, me pesa más el miedo.
Me gustaría poder hablar contigo. Saber si estás orgullosa de mí.
Especialmente ahora que no sé si voy a poder estudiar lo que te prometí. Ahora que no sé si quiero dedicarme a ello. Solo se lo he dejado caer a Josh y a Isla, o más bien ella lo ha adivinado. Me da miedo planteármelo siquiera. Me da miedo decepcionarte a ti, a papá, a los abuelos…
Estos días aquí, las conversaciones con Josh, Lily e Isla, ayudar a la abuela en la pastelería… me han hecho plantearme si no he estado tan ofuscada en eso que todos me han dicho siempre que se me da bien, que no me he planteado si hay alguna otra cosa que me hace más feliz.
¿Y si estudiara Repostería? ¿Y si me hiciera cargo de la pastelería de la abuela cuando acabara los estudios?
Me tiembla el pulso al escribirlo. Me da miedo este nuevo camino que se ha abierto ante mí. Siempre lo he tenido tan claro que no sé cómo salir de esta encrucijada. ¿Y si me equivoco? ¿Y si cometo un error?
Me gustaría que pudieras responderme, que me dijeras si es una locura, si te parece bien o no, si te he decepcionado…
Sé que tengo a papá, y se lo voy a contar cuando lleguemos a casa.
Pero me da miedo que se aleje más aún. Estos días lo veo mejor, más alegre, más como antes y no quiero ser yo la que provoque que se vuelva a cerrar.
Quiero que me abrace porque sí y que bromee, que vuelva a hacer fotos.
Y sé que le decepcionaré cuando le cuente lo de Caltech, y más si le digo que ya no sé si quiero estudiar Ingeniería.
Ojalá pudieras mandarme una señal, algo que me muestre el mejor camino. Ojalá estuvieras aquí, mamá.
Te quiero mucho,
Sofie