Todos los te quiero que escribimos en la nieve Capítulo 16 #2
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Capítulo 16 #2

Josh se desabrocha el abrigo y echo un vistazo a su suéter: negro, con la cara del Grinch con gorro de Papá Noel y el texto en blanco «Merry Grinchmas».

—En tu honor —me dice.

Le doy un pequeño empujón con el hombro y solo consigo que se ría.

—¿Y vosotros qué vais a cantar? —pregunta Violet al llegar a nuestra altura con un boli y una carpeta en la mano, luciendo un jersey de copos de nieve y espadas láser.

Me entra pánico. Estaba nerviosa, pero ahora, al darme cuenta de que de verdad voy a subir ahí delante de toda esta gente a cantar, me quedo sin aire, sin palabras y sin neuronas.

—¿«Sleigh Ride»? —me pregunta Josh.

Me giro hacia él y mi expresión debe de ser de pánico porque me roza las yemas de los dedos con las suyas.

—Yo canto contigo —me dice—. Como la última vez.

Sigo nerviosa, pero la sonrisa tranquila de Josh me da un poco de seguridad. Y no debo olvidar que esto lo hago por la señora Fisher. Su jersey tiene que ganar este concurso.

—«Sleigh Ride» —le digo a la mujer con una seguridad que no siento.

Intento respirar hondo. Aunque aún queda un rato para que tengamos que subir al escenario, sé que los nervios ya no se me van a ir hasta que baje de él.

—Si hoy no consigo que lo pille, dimito —dice Ethan cuando se acerca a nosotros.

Miro a Josh, alzando las cejas, mientras el chico le dice a Violet la canción que quiere cantar.

Mi amigo me señala con la mirada a Diya, que está junto a sus padres a unos metros de nosotros mirando el coro.

Vuelvo la vista a Ethan, que se ha quitado el gorro horrible y mueve las ruedas de su silla con la mirada clavada en Diya, como si no pudiera estarse quieto.

La señora Fisher, el señor Walters y algunas personas más del centro social se acercan hacia nosotros.

—Me encanta tu jersey —me dice la mujer, guiñándome un ojo.

—Me parece una injusticia —dice el señor Walters— que yo, tu amigo de la infancia, haya estado años pidiéndote un mísero gorro de lana sin que te dignes a hacérmelo y que a Sofie ya le hayas regalado una bufanda y un jersey.

La señora Fisher apoya las dos manos sobre su bastón y mira al hombre con los ojos entrecerrados. La mujer le llega a la altura del pecho, lo que hace que la situación sea demasiado cómica como para no reírme, así que escondo el rostro tras la bufanda para que no me vean.

—Bob Junior Walters, te regalé un gorro cuando tenías veinte años y me dijiste que no te lo ibas a poner porque no combinaba con tu tono de piel, así que no esperes que te vuelva a tejer nada.

El hombre refunfuña por lo bajo un poco avergonzado, pero reticente a darle la razón a su amiga.

La escena ha hecho que se me olvide por un momento lo que estoy a punto de hacer, pero los aplausos del público cuando el coro baja del escenario y vuelve a subir la alcaldesa me lo recuerdan, provocando que se me encoja el estómago.

—¿Vais a cantar? —nos pregunta Lily cuando se acerca a nosotros.

Josh asiente por mí porque yo ahora mismo creo que no soy capaz ni de parpadear. Voy a hacer el ridículo, se me va a olvidar la letra, me tropezaré al subir.

—Sofie —me llama Josh con voz suave.

Lo miro y ni siquiera su sonrisa tranquila consigue calmarme.

—Yo estaré contigo. —Me vuelve a coger de la mano.

Me pongo más nerviosa aún cuando noto que me está sudando la palma de la mano y que a Josh le va a parecer asqueroso. Pero no me suelta, al contrario; me da un suave apretón que me provoca sensaciones que ahora no me veo capaz de desentrañar.

Me doy cuenta de que no vamos a actuar por orden de inscripción cuando Ethan sube por la rampa lateral de la tarima.

Se coloca en el centro, con el micrófono en la mano derecha y su sonrisa deslumbrante.

Cuando las campanillas de «Santa Tell Me» llenan la plaza, balancea la silla ligeramente hacia los lados y empieza a cantar.

Se pasa los más de tres minutos que dura la canción echando vistazos a Diya, que está muy quieta, mirando al escenario sin mostrar ninguna expresión en el rostro.

No tiene nada que ver con el recuerdo que guardo de él cantando algún villancico de Phineas y Ferb con afinación cuestionable. Estoy segura de que esta se la ha preparado.

Al terminar, hace una reverencia con una última mirada a Diya, que no da muestras de haber pillado la indirecta, aunque los pies que no deja de mover delatan sus nervios.

—Creo que dimito —dice Ethan con expresión de derrota al detenerse junto a nosotros.

—Se ha dado cuenta —le digo.

El chico me mira escéptico.

—¿Por qué no intentas hablar con ella en serio? —aporta Lily, que se ha cambiado el jersey por uno rojo con un árbol de Navidad de fieltro, al igual que Abby—. Sin esa pose que pones de rompecorazones.

Ethan va a protestar, pero se calla, dándose cuenta de que puede que Lily tenga razón. Aun así, no se mueve, se queda pensativo, como si estuviera planeando su siguiente movimiento.

Desde los altavoces suenan unas palmas que reconozco de inmediato. Miro al escenario y veo a mi abuelo dando pasos hacia los lados y chascando los dedos de la mano en la que no tiene el micrófono.

—¿Tu abuelo va a cantar «Like It’s Christmas» de los Jonas Brothers? —pregunta Josh, sonriendo incrédulo.

—Eso parece —digo en tono interrogativo porque no me lo puedo creer hasta que empieza a pronunciar las primeras palabras.

—Superfán de Henry —dice Lily, bailando y vitoreando a mi abuelo.

En el estribillo, baja los dos escalones delanteros y coge a mi abuela, que ríe feliz mientras bailan. Sin darme cuenta canto las últimas estrofas e incluso me muevo al ritmo de la música. Aplaudo fuerte cuando acaban, con la alegría inundándome el pecho como hacía tiempo que no sentía.

El siguiente es el señor Walters con su clásico «Blue Christmas», que recuerdo entre la niebla de la memoria y que baila haciendo que todo el público lo ovacione como si fuera el mismísimo Elvis Presley.

—¡Josh y Sofie! —anuncia Violet de repente.

Oh, no. Durante un momento lo había olvidado por completo. El pánico me vuelve a bloquear todos los músculos del cuerpo y ni siquiera la mano templada de Josh creo que pueda moverme esta vez.

—Lo vas a hacer genial —me dice Lily a la vez que me da un abrazo rápido y un pequeño empujón hacia el escenario.

Caminamos los pocos metros que nos separan de la tarima, le damos los abrigos a Violet y ella nos tiende un micrófono a cada uno. Ni siquiera noto el frío de lo nerviosa que estoy.

—Imagínate que no hay nadie más —me susurra Josh, subiéndose las gafas—, que estamos tú y yo solos en el salón de tu casa y nadie puede oírnos.

Lo intento, de verdad que lo intento, pero el alboroto alrededor es demasiado evidente.

Cometo el error de mirar al público. Hay muchísima gente.

En primera fila está la señora Fisher, que me mira con esa sonrisa cálida, y junto a ella Mae, Kathleen, mis abuelos y mi padre, quien asiente con una sonrisa y se levanta la punta de la nariz con el índice.

Me río sin poder evitarlo. Es el gesto que me hacía mi madre cuando me ponía nerviosa por algo.

Es una tontería, pero consigue soltarme un poco los músculos.