Todos los atardeceres en los que me enamoré de ti (Cielos opuestos 1) 31 | MI PASADO
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31 | MI PASADO

Luca

Dejo que Gia me tome de la mano y disfruto de la sensación del contacto de su piel con la mía, aunque mi interior ahora mismo esté luchando al sentir que no merezco su apoyo y mucho menos su cariño.

—Nunca le he contado esto a nadie —musito con la voz más ronca de lo normal, en apenas un leve susurro—.

Los chicos —sigo diciendo, refiriéndome a mi grupo de amigos—, conocen la historia de manera superficial.

Saben lo que pasó, pero no lo que ocurrió realmente. El único que lo sabe todo es Micaelo.

—No tienes que contármelo si no quieres —añade con el ceño fruncido; puedo notar que está preocupada—. No quiero que hagas algo con lo que no estés cómodo o que luego te arrepientas.

—Quiero hacerlo —le aseguro.

Me acaricia la palma de la mano con la punta de sus dedos, provocando que mi cuerpo se tense ligeramente con cada una de sus caricias.

—¿Qué pasó?

—En cuanto llegué a Cortona, los nonnos me acogieron como un miembro más de su familia, como si fuera su propio nieto —empiezo a contar—.

Yo estaba muy perdido y ellos me ayudaron desde el primer momento a encontrar mi camino.

—Ella asiente con la cabeza y yo tomo aire antes de continuar hablando—: Conocí a Alessia al poco tiempo de llegar aquí.

Ella trabajaba limpiando la villa y también ayudaba a la nonna con algunas tareas más.

Era… —Suspiro, dejando salir todo el aire contenido en mis pulmones—.

Simplemente era un rayo de sol. Iluminaba todo a su alrededor con su alegría y la felicidad que transmitía todo el tiempo, aunque por dentro estuviera ahogándose.

—Tomo una pequeña pausa—. Nos enamoramos profundamente.

Jamás había sido capaz de amar así a alguien, ¿sabes?

Gia aprieta mi mano y me acaricia con el pulgar.

—Era la primera vez que sentía que estaba donde debía estar, porque la tenía a ella.

Todo iba bien hasta que su enfermedad empeoró y le dieron pocos meses de vida.

—Carraspeo cuando noto que mi voz se empieza a quebrar—.

Me acostumbré a vivir con miedo, lleno de incertidumbre y dolor.

No era justo que le pasara precisamente a Alessia, que tantas ganas tenía de vivir.

Sentía que me moriría sin ella, que no podría continuar sin su luz en medio de tanta oscuridad que me rodeaba.

—Inspiro hondo y trago saliva—. Le pedí que se casara conmigo aun sabiendo que se iría.

Fue un impulso, pero es lo que creí que queríaen ese momento: hacerla mi mujer.

No fue nada romántico, simplemente fui yo mismo, lleno de miedo, en un intento por tenerla conmigo un poco más.

—Si no quieres seguir contando, lo entenderé, Luca.

—Me dijo que sí con la misma alegría que desprendía cuando la conocí —sigo diciendo—.

Me sentí lleno de vida cuando la vi feliz.

Pero esa misma noche, mientras ella dormía, yo estuve dándole vueltas al tema y me di cuenta de que no quería casarme, no así.

No lo estaba haciendo por el motivo correcto y ella no lo merecía.

—¿Se lo dijiste?

—Lo hice. Y al día siguiente, murió. Sentí que le había quitado la vida con mis palabras, que me había llevado una parte de ella.

Su familia me culpó y yo mismo lo hice —murmuro con la mandíbula tensa—.

Nadie dijo nada, pero todos se alejaron de mí e hicieron como si nunca hubiese existido, y eso fue gracias a Micaelo.

No fui capaz de seguir adelante hasta que él intervino e hizo callar todas las habladurías.

Yo no la maté, pero... siento que murió por mi culpa. Todos lo pensaban —termino de decir.

—No fue tu culpa —asegura, sin ser consciente de que está sosteniendo un poco del peso que cargo en mis hombros al pronunciar esas palabras—. Lo único que hiciste fue amarla.

—Pero no fue suficiente para mantenerla conmigo.

—No tenías que salvarla, ese no era tu papel, Luca. No podías hacer más de lo que hiciste por ella. Solo fuiste un hombre al que le tocó amar a una mujer enferma.

Sus palabras me atraviesan. He oído muchas veces esa frase de parte de los nonnos , pero esta vez suena diferente. Me da la sensación de que, de alguna forma, ella entiende la culpa que siento.

—Eso es lo peor, que, en el fondo, yo sabía que no podía hacer nada por salvarla — admito en un susurro—.

Solo quería que fuese feliz hasta su último día y lo único que conseguí fue ser un egoísta.

—Trago saliva con dificultad—. Por eso no soy capaz de ver llorar a nadie, porque a ella la vi llorar muchas veces, lamentándose por lo que le había tocado pasar.

Y por eso me volví tan frío, porque siento que no merezco ningún tipo de amor.

—Eso no es verdad —responde al instante.

—He vivido tanto tiempo convencido de que no merezco querer ni ser querido que, cuando alguien nuevo entra en mi vida, hago todo lo posible por alejarlo —admito en un susurro.

Se acerca un poco más a mi cuerpo, hasta envolverme con sus brazos y apoyar la cabeza sobre mi pecho, agitando los latidos de mi corazón.

—¿Vas a alejarme a mí también? —susurra.

Mi respiración se detiene por un segundo. Tengo la respuesta en la punta de la lengua, pero no sé si merezco decirla en voz alta. No sé si merezco seguir.

—No quiero hacerlo —confieso, incapaz de mirarla directamente.

—Entonces, no lo hagas. —Se incorpora un poco y nuestros ojos se enredan—. No me alejes, Luca, porque ahora que te has acercado a mí, no quiero que te marches y tener que imaginarme de nuevo lo bien que se siente estar entre tus brazos.

—No quiero romperte.

—No se puede romper algo que ya está hecho añicos. —Me dedica una sonrisa ladeada—. Lo único que quiero es que dejes el pasado atrás y te dejes llevar, y no por un impulso ni por celos como has hecho esta noche, sino porque de verdad quieras hacerlo.

Me quedo mirándola en silencio.

Es preciosa.

Aun en medio de tanta oscuridad, es preciosa.

Me inclino muy despacio y le rozo la mejilla con la punta de la nariz. Su respiración se agita, pero no se aparta de mi lado.

—Estoy preparado para dejar el pasado atrás.