Todos los atardeceres en los que me enamoré de ti (Cielos opuestos 1) 23 | ES HORA DE SABER LA VERDAD
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23 | ES HORA DE SABER LA VERDAD

Luca

Al llegar a la villa me dirijo hacia el restaurante, donde esquivo las mesas que hay esparcidas por toda la terraza hasta que llego a la que está más cerca de la cocina, donde están cenando Micaelo y Marietta, acompañados, cómo no , de Gia.

Parecen estar tan absortos en la conversación que mantienen, que ni siquiera notan mi presencia, hasta que carraspeo con fuerza, atrayendo su atención.

Gia me dedica una sonrisa tímida cuando me ve, y respondo con un leve asentimiento de cabeza, lo que hace que frunza el ceño. Parece confundida y no sé por qué, porque aquí el único que no sabe ni entiende nada soy yo.

—Hola, cariño —me saluda la nonna —. ¿Has cenado ya?

—Sí, tranquila.

—¿Quieres acompañarnos un rato? —propone—. ¡Te serviré una copa de vino! Gia nos estaba contando algunas cosas de su vida en España.

—Ah, qué interesante. —Me siento en la silla libre junto a mi abuela, quedando frente a la chica que me mira con las mejillas levemente sonrojadas, supongo que por el vino.

Lleva el pelo recogido en una coleta y, maldita sea, está preciosa—.

Cuéntame a mí también, Gia. Me interesa mucho saber cómo era tu vida antes de que te convirtieras en una novia a la fuga.

—¡A ti también te lo ha contado! —chilla la nonna , siempre entusiasmada por un buen chisme, el mismo que luego compartirá con todas sus amigas hasta que se acabe enterando toda la ciudad.

Da una palmada en el aire y vuelve a mirar a la chica que tengo frente a mí, que parece estar estudiándome, como si intentara descifrar la oscuridad de mi mirada o mi indiferencia, a pesar de que estos últimos días nos hemos acercado un poco más.

—No hay mucho que no sepas ya —murmura con tranquilidad después de darle un sorbo a su copa de vino tinto—. Mi vida era bastante aburrida y monótona. No estaba enamorada de mi prometido y quise empezar de cero en otro lugar. No es tan interesante como parece. —Se encoge de hombros.

—¿Y qué relación tienes con Turquía, entonces? —inquiero.

Se le cae el tenedor de las manos, haciendo que rebote contra la mesa, hasta acabar cayendo al suelo.

—¿Con Turquía? —Asiento con la cabeza. Mira de reojo al nonno , que parece inmóvil mientras oye nuestra conversación, comiendo tranquilamente—. ¿Por qué lo preguntas?

—Simple curiosidad. —Me encojo de hombros—. Me preguntaba si alguna vez has estado allí, es un país precioso.

—Sí, estuve de vacaciones. —Asiente con la cabeza un par de veces, sin mirarme—. La madre de mi exprometido es muy fan de las novelas turcas, y se empeñó en llevarnos a toda la familia a hacer una ruta por las ciudades que más aparecen en las series que ve.

Asiento y doy un trago a mi copa. Creo que he tenido suficiente. No parece estar mintiendo, pero tengo claro que tampoco dice la verdad, así que tendré que seguir investigando por mi cuenta.

—Cariño, esta salsa está exquisita —comenta Micaelo, que está distraído mojando un trozo de pan en lo poco que queda de salsa en su plato.

—Gracias, cielo. Me ha ayudado Gia a prepararla. Estuvo un buen rato conmigo en la cocina antes —me cuenta a mí, como si me importara saberlo—. Nos hemos estado conociendo mejor. ¡Es un encanto!

—Gracias, Marietta —murmura ella.

—Oh, cariño, ¡llámame nonna ! —Extiende su brazo y le acaricia la mejilla con una de sus manos—. Recuérdalo, ahora eres una más de nuestra familia.

—Luca —me llama Micaelo—. ¿Vienes a mi despacho un momento?

—Claro, nonno .

Nos levantamos y, después de despedirnos de las chicas, entramos en el interior de la villa y cruzamos los pasillos hasta llegar a su despacho. Una vez dentro y con la puerta cerrada, da algunos pasos tranquilos hasta llegar al sofá y se sienta, animándome con la mirada a hacer lo mismo.

—Tú dirás —le digo cuando me siento a su lado.

—¿Dónde has estado?

—Por ahí, dando una vuelta. ¿Es que también tengo que decirte a dónde voy o dejo de ir? Porque ya es lo que me faltaba.

—Siempre y cuando interfiera en alguna de mis órdenes, sí.

Tenso la mandíbula.

—¿Y en qué se supone que interfiere? —inquiere.

—Has dejado sola a Gia. —Me advierte con la mirada—. Y te dije que tenías que protegerla.

—Y eso hago. He estado hablando con el chico que puso la nota dentro de la caja, Micaelo. —Sus ojos achinados se abren de par en par al oír mis palabras—. Así que ya he hecho mucho más de lo que han hecho tus hombres hasta ahora.

—¿Qué has averiguado? ¿Y a qué ha venido el numerito de hace un rato?

—Numerito, ninguno. —Niego con la cabeza—. Siempre me dices que sea amable con la chica. Solo me estaba interesando por ella.

—¿Y a qué viene preguntarle precisamente por Turquía, Luca? —insiste, observándome con los ojos entrecerrados.

—Hay algo que no nos está contando. O que tú ya sabes y no quieres contarme a mí. Te lo digo de verdad, nonno . —Inspiro hondo antes de continuar hablando—: O eres sincero y me cuentas la verdad, o será mucho peor cuando la descubra por mí mismo.

—¿Te atreves a amenazarme? —Enarca una ceja y suelta una carcajada—. ¿Después de todo lo que he hecho por ti?

—Solo te estoy avisando —respondo a regañadientes.

Le debo mucho a Micaelo. No sé qué sería de mí si él no me hubiera acogido como un nieto. Le debo su hospitalidad, su cariño y su compañía. Pero, sobre todo, le debo su silencio.

—Su padre y yo fuimos amigos hace muchos años —comienza a decir—. Le debía un favor y por eso la estoy ayudando. Su exprometido es turco y esa es la única relación que tiene con Turquía.

—¿Y por qué la está buscando El Sultán?

La mirada del nonno se ensombrece, pero enseguida lo oculta al relajar las facciones de su rostro.

—Supongo que por algún ajuste de cuentas por parte de la familia del novio, no lo sé.

—¿Es una familia importante?

—Mucho.

—¿Los conoces?

Me responde asintiendo con la cabeza.

—¿Por qué la persiguen? —Aprieto los labios, tenso—. Si no se quiere casar, no está obligada a hacerlo.

—Créeme, hijo, sí que lo está. Cuando hay alianzas importantes de por medio, no hay nada que una chica como Gia pueda hacer.

—¿Conoces al hombre con el que estaba prometida?

Asiente con la cabeza.

—Sí —responde—. Y tú también.

Mi cerebro se niega a procesar estas últimas palabras. Quiero entenderlas y lograr procesar toda la información, pero me resulta imposible. En mi cabeza, todo da vueltas ahora mismo.

—¿Quién es?

—No pienso hablar más, me duele la cabeza. —Se recuesta en el sofá—. Cierra la puerta al salir.

—No puedes soltarme tremenda bomba y ahora quedarte callado. —Me pongo de pie y extiendo los brazos a ambos lados del cuerpo—. ¡Dime ahora mismo qué está pasando! —exijo con seriedad.

—El padre del chico firmó una alianza con los de Gia antes de que murieran. —Entorna los párpados y me observa unos segundos antes de decir—: Debe casarse con él si no quiere romperla. Y ya sabes lo que pasaría si lo hiciera.

Suelto un gruñido.

—Hablar de cosas tensas me da dolor de cabeza —repite y señala la puerta con la mano—. Cierra cuando salgas, por favor.

—¿Ella sabe quién soy? —pregunto antes de salir de su despacho.

—No —responde con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás—. Y no tiene por qué saberlo.