16 | OBLIGADO A OBEDECER #2
Cierro la puerta con el pie al entrar en mi habitación. Es mucho más grande que el resto, ya que se trata de la unión de dos habitaciones que hace años el nonno decidió unir, así que cuento con una especie de estudio o miniapartamento, depende de a quién le preguntes.
Me doy una ducha rápida y me pongo unos pantalones grises deportivos. Todavía tengo el pelo mojado y algunas gotas caen incesantes por mi abdomen, que también sigue húmedo.
Salgo del cuarto de baño mientras me seco un poco el pelo con una toalla y freno en cuanto me encuentro una figura curvilínea frente a mí. Alzo la mirada y me cruzo con unos oscuros ojos marrones que parecen sorprendidos al verme, cosa que no comprendo, ya que estoy en mi habitación.
—Perdona —titubea. Sonrío cuando me doy cuenta de que su mirada está clavada en mi pecho, que sigue al descubierto—.
El nonno me dio las llaves de tu habitación.
Supongo que ya sabes que tenemos que compartir el mismo espacio y oxígeno estos días —comienza a decir a toda velocidad.
He estado observándola mucho estos últimos días, y me he dado cuenta de que lo hace cuando está nerviosa—.
¡Solo serán unos días! A mí tampoco me hace especial ilusión tener que pasar tiempo contigo, así que quita esa cara de acelga —añade para rematar.
—¿Has terminado de hablar sin parar? —Me froto el puente de la nariz con los dedos y reprimo un estornudo que amenaza con salir; el picor es insoportable—. ¿Qué es eso que tienes ahí? —Señalo con la mirada una pequeña maleta rosa que tiene entre sus manos. Dudo mucho que eso sean todas sus cosas.
—La maleta con las cosas de Chanel.
—Lo que me faltaba. —Resoplo—. Chanel no va a dormir aquí.
—Claro que sí.
—Soy alérgico a los gatos, Gia.
—¡Eres alérgico a la vida en general! —Extiende los brazos de forma exagerada—. No pienso dejar a Chanel sola en mi dormitorio.
—¿Y qué pretendes? ¿Matarme?
—No te vas a morir por pasar unas cuantas horas con Chanel —replica—. Y si no quieres arriesgarte, ponte una mascarilla.
—Veo que lo que quieres es que muera asfixiado, da igual el motivo. —Pone los brazos en jarra y yo cruzo los míos contra mi pecho. La miro con la cabeza ligeramente ladeada—. No pienso dormir con una mascarilla puesta.
—¡Y yo no pienso dormir contigo! —dice, alzando la voz—. ¡Me vuelvo a mi habitación!
Se gira y da un par de pasos hacia la puerta, pero justo cuando está a punto de salir, le agarro la muñeca y hago que se voltee para que vuelva a mirarme.
Su piel arde bajo mis dedos. O quizás es mi mano la que arde con su contacto.
Sus ojos me observan con una intensidad que me pone de los nervios.
Me desestabiliza. Hace que quiera más, porque siempre me acabo perdiendo en ellos.
Y me enerva que sea así, pues la idea me saca de quicio.
Quiero mirarla a los ojos y ser capaz de actuar con normalidad, de bloquear las emociones que despierta en mi interior con una coraza que me impida volver a sentir algo por alguien, aunque sea una simple atracción.
Gia lleva tatuada en la frente el peligro, aunque intente crear una fachada dulce e inocente.
A los ojos de los demás parece una chica inofensiva, pero para mí, es todo lo contrario.
Tiene el poder de revolverme por dentro, de despertar en mí emociones que creía que estaban más que enterradas, de desmoronarme por completo con una simple mirada, de enfurecerme por no tener la fuerza de voluntad suficiente para no sucumbir a sus falsos encantos.
—No puedes irte —musito con la voz más ronca de lo normal.
Su pecho se mueve con rapidez y sus labios entreabiertos se convierten en una auténtica tentación para mí.
Creo que soy capaz de oír su corazón latir con más rapidez de lo normal y supongo que ella también percibe el ritmo acelerado del mío—.
Hablaré con Micaelo y buscaré una solución.
—No quiero que Chanel duerma en mi habitación —murmura. Puedo sentir el miedo en su mirada.
No sé qué es lo que ha pasado exactamente en su habitación —aunque pienso averiguarlo pronto—, pero la forma en la que me mira, con esos grandes ojos que parecen suplicarme, hace que sea imposible dejar que se atormente pensando toda la noche en su gata.
Está sola aquí, así que entiendo que haya creado un vínculo especial con ella.
—No dormirá en tu habitación, puedes estar tranquila, pero tampoco puede quedarse aquí —le explico con un tono mucho más calmado.
Discutir no nos está llevando a ninguna parte y necesito que lleguemos a un acuerdo pronto, porque su cercanía empieza a desesperarme—.
Le pediré a Micaelo que duerma con ellos, ¿te parece bien?
—Vale —masculla—. Por las noches pasa calor, por lo que le dejo un poco abierta por su lado la ventana para que así duerma lo más cómoda posible.
—¿Algo más? —pregunto intentando no perder la poca paciencia que me queda.
—Mhm…, sí. Tampoco le gusta escuchar ruido mientras duerme, sino se enfada y si no encuentra la postura en la cama empieza a maullar.
Ahora todo tiene sentido. Chanel y ella son tal para cual.
Las dos están locas.
—Me encargaré personalmente de que su alteza, Lady Chanel, duerma en las mejores condiciones posibles —suelto con ironía.
Se queda mirándome fijamente durante unos segundos y, de repente, estalla en una carcajada tan sonora que estoy seguro de que la han oído el resto de los huéspedes.
—¿Acabas de bromear, Luca?—dice mientras me mira con una sonrisa que parece sincera y que llega a sus ojos. Es preciosa .
Y aunque odie admitirlo…, no es desagradable saber que ha sido gracias a mí.