Capítulo 36
Logan
Seis días después del disparo, el médico me confirmó que podía irme a casa.
Todavía me costaba moverme sin notar el tirón en el costado y tenía la sensación de haber pasado las últimas jornadas durmiendo, despertando y preguntando las mismas cosas una y otra vez.
Las primeras horas después de la operación apenas existían en mi cabeza.
Había perdido bastante sangre, me habían mantenido sedado y, cuando empecé a estar realmente consciente, Nora ya ocupaba la butaca junto a mi cama como si llevara allí toda la vida.
Aquella mañana estaba guardando mis cosas en una bolsa cuando la vi doblar una camiseta con una seriedad que no correspondía en absoluto a la tarea.
—Sabes que puedo hacer eso.
—También puedes abrirte los puntos intentando demostrar que ya estás perfectamente, así que prefiero no darte oportunidades.
—El médico acaba de decir que me voy a casa.
—Ha dicho que te da el alta. No que puedas ponerte a levantar motores mañana.
—No pensaba hacerlo mañana. Pasado mañana tampoco.
Nora levantó la vista y aquello consiguió arrancarle una sonrisa.
Me incorporé un poco mejor contra la almohada y observé cómo terminaba de guardar la ropa. Llevaba varios días contándome fragmentos de todo lo que había ocurrido después de que perdiera el conocimiento, pero todavía había momentos en los que necesitaba volver a escuchar algunas cosas.
—¿Noah está con mi madre?
—Sí. Ha ido al colegio esta mañana y Diane lo recogerá al salir. Marcus ha prometido pasar también por casa para asegurarse de que nadie te deje hacer estupideces cuando lleguemos.
—Veo que habéis organizado mi vida sin consultarme.
—Has estado varios días bastante poco disponible para reuniones.
Noah había salido físicamente ileso de la nave.
Lo habían examinado aquella misma noche y, aparte de las marcas de las bridas y el susto, Harlan no le había hecho daño.
Dormía peor, preguntaba más de una vez dónde estaba yo y todavía no quería recorrer solo las dos calles entre el colegio y el centro, pero Nora había conseguido que aceptara hablar con una profesional acostumbrada a trabajar con niños después de situaciones traumáticas. Eso era lo que más me importaba.
—¿Ha preguntado otra vez por lo que pasó allí?
Nora dejó la bolsa sobre la silla.
—Anoche. Sigue preocupado porque cree que el disparo fue culpa suya por haberte llamado.
Sentí un nudo en el pecho que no tenía nada que ver con la herida.
—Tengo que hablar con él.
—Lo harás, pero no intentes arreglarlo todo en una conversación. Tiene ocho años, Logan. Necesita verte en casa, verte mejorar y comprobar muchas veces que sigues ahí. El resto irá llegando.
Asentí porque sabía que tenía razón. Durante aquellos días también habían conseguido reconstruir buena parte de lo ocurrido: Harlan no había improvisado todo después del accidente.
El hombre que lo recogió tras la fuga ya estaba detenido y la policía lo había relacionado con el vehículo que apareció en las cámaras cerca del colegio.
Había sido quien ayudó a Harlan a moverse, conseguir otro coche y llevar a Noah hasta la nave.
—¿Alberto sabe por qué lo ayudó?
—Dinero y favores pendientes, por lo que me contó. Todavía están investigando hasta dónde llegó la planificación, pero tienen bastante para mantenerlo detenido.
—¿Y Harlan?
La expresión de Nora se endureció.
—Sigue en el hospital penitenciario, bajo custodia. El golpe contra la mesa le hizo bastante daño, pero está consciente y estable. Alberto dice que esta vez tiene por delante la fuga, el secuestro, las amenazas, el arma y todo lo demás que ya estaban investigando.
No necesitaba saber cuántos años podían caerle. Por primera vez, ni siquiera me importaba demasiado mientras no volviera a acercarse a Noah.
Alberto había pasado dos veces por el hospital.
La primera, yo estaba tan grogui que apenas recordaba la mitad de lo que me dijo; la segunda, ya pude escucharlo de verdad.
Harlan seguía bajo custodia y, con todo lo que se le venía encima, no iba a volver a aparecer en nuestras vidas.
También me dejó claro que, cuando estuviera algo mejor, todavía tendríamos que sentarnos con él para reconstruir con detalle todo lo ocurrido en la nave.
Nora se sentó en el borde de la cama.
—Hay otra cosa que no te he contado.
—Eso nunca empieza bien.
—Tu madre y Marcus casi consiguen que los echen del hospital la primera noche.
La miré sorprendido.
—¿Juntos?
—Tu madre decidió que nadie podía obligarla a irse mientras tú estabas en quirófano y Marcus decidió apoyarla. Alberto tuvo que intervenir para convencerlos de que la sala de espera seguiría existiendo por la mañana.
No pude evitar sonreír.
—Me habría gustado verlo.
—A mí no. Yo estaba demasiado ocupada intentando no matarlos a los dos.
La sonrisa se le fue apagando poco a poco y bajó la mirada hacia nuestras manos.
—Nos asustaste muchísimo. Cuando entraron en la nave, Noah no dejaba de gritarte y, después, en la ambulancia, preguntaba todo el rato si ibas a despertarte. Diane llegó al hospital convencida de que iba a perderte otra vez y yo no sabía qué decirle porque tampoco sabía si…
Se detuvo y apreté su mano.
—Pero estoy aquí.
Nora levantó los ojos hacia mí.
—Sí. Esta vez estás aquí.
No hacía falta añadir nada más.
Una enfermera apareció poco después con los últimos papeles y una lista de instrucciones que Nora escuchó con bastante más atención que yo: nada de esfuerzos, nada de conducir durante unos días, curas, medicación y revisión más adelante.
Asentí a todo y prometí portarme bien, sobre todo porque las dos me miraban como si estuvieran bastante convencidas de que iba a intentar volver al taller en cuanto me dieran la espalda.
Cuando por fin salimos del hospital, Nora siguió a mi lado con una mano entrelazada con la mía.
Hacía frío y faltaban pocos días para Navidad.
Al llegar al aparcamiento me acordé de aquella mañana con Marcus, de Noah hablando de Santa desde el asiento trasero y de todas las bolsas que habíamos metido en el maletero después de que la llamada de Alberto lo cambiara todo.
Habían pasado apenas unos días, pero a mí me parecía otra vida.
—Por cierto, Marcus tiene todos los regalos en su habitación —dijo Nora mientras llegábamos al coche—. Los custodia con un nivel de seriedad bastante preocupante.
Sonreí.
—Le confié una misión importante.
—Pues se la ha tomado muy en serio. No deja entrar a nadie y dice que no piensa entregar una sola bolsa hasta que haya un árbol donde ponerlas.
—¿Todavía no lo habéis comprado?
Nora me miró como si la respuesta fuera bastante evidente.
—Hemos estado un poco ocupados, Logan.
—Cierto.
—Noah insiste en que todavía estamos a tiempo, así que supongo que tendremos que solucionarlo.
Aquello consiguió hacerme sonreír de verdad.
—Entonces tendremos que ir a por uno.
Nora abrió la puerta del coche y esperó a que me acomodara antes de cerrarla. No sabía cuánto tardaría Noah en volver a caminar tranquilo hasta el centro, cuánto tardaría yo en dejar de despertarme recordando el disparo ni cuánto de todo aquello seguiría acompañándonos durante un tiempo.
Pero íbamos a casa y, esta vez, los tres estábamos allí para hacerlo.