Capítulo 35
Logan
—Ahora sí podemos hablar.
Noah estaba sentado junto a la pared, con las muñecas sujetas delante del cuerpo por una brida. No vi sangre ni golpes, pero tenía la cara tensa y los ojos clavados en mí. Harlan mantenía una mano sobre su hombro y en la otra llevaba una pistola.
—Suéltalo y hablamos de lo que quieras.
—No has venido aquí a poner condiciones.
—He venido solo, como pediste. Ya me tienes delante.
La mano de Harlan se tensó sobre el hombro de Noah.
—Precisamente por eso sigue ahí.
Miré a mi hijo.
—Eh, campeón. Estoy aquí. Tú tranquilo y haz lo que te diga, ¿vale?
Asintió muy despacio.
Harlan levantó un poco el arma.
—El teléfono. Déjalo en el suelo y empújalo lejos.
Obedecí sin saber cuánto podían ver Alberto y los demás desde fuera ni cuánto tardarían en entrar si las cosas se torcían. Antes de cruzar aquella puerta me había pedido que hablara, ganara tiempo y evitara provocar a Harlan mientras Noah siguiera a su alcance, así que me aferré a eso.
Saqué el móvil, lo dejé sobre el cemento y lo empujé con el pie hasta debajo de una mesa.
—Ya está. Ahora dime qué quieres.
—Que entiendas lo que hiciste.
—Entregar pruebas a la policía.
La mandíbula se le endureció.
—Conseguiste que me cayeran más años.
—No. Eso lo hiciste tú cuando cometiste los delitos que había en esas pruebas.
El arma subió unos centímetros y Noah se encogió en la silla. Verlo reaccionar con miedo hizo que dejara de mirar a Harlan y centrara toda mi atención en él.
—Harlan, mírame a mí. Noah no pinta nada en esto.
—Eso mismo pensaba yo de mis asuntos.
—Si quieres ajustar cuentas, hazlo conmigo.
Dio un paso hacia mí.
—¿Te crees mejor que yo porque cumpliste seis años y ahora juegas a ser padre de familia?
—No. Pero dejé de culpar a los demás de lo que hice.
Vi el golpe antes de sentirlo. Harlan se acercó lo suficiente para alcanzarme con la culata de la pistola y el impacto me abrió el labio y me hizo trastabillar, aunque conseguí mantenerme de pie.
Noah gritó mi nombre desde la silla y levanté una mano para tranquilizarlo sin apartar la vista de Harlan.
—Estoy bien.
—Cállate —ordenó él.
Me limpié la sangre con el dorso de la mano.
—¿Para esto me has traído? Ya estoy aquí. Déjalo ir.
—Quiero que sepas lo que se siente cuando alguien decide quitarte lo único que te importa.
Aquello consiguió helarme por dentro.
—Si quisieras hacerle daño, ya lo habrías hecho.
Su expresión cambió apenas.
—No estés tan seguro.
No podía darle el miedo que buscaba.
—Entonces deja de dar vueltas y dime qué quieres de mí.
Harlan miró hacia el fondo de la nave.
—Nos vamos.
Mi cuerpo entero se tensó.
—¿Adónde?
—Eso ya lo sabrás. Tú vas delante y el niño viene conmigo.
No podía permitir que nos sacara de allí. Alberto sabía dónde estábamos. Fuera había gente preparada para intervenir. Si Harlan conseguía movernos otra vez, todo volvía a empezar.
Se inclinó hacia Noah y cortó la brida de sus muñecas con una pequeña navaja.
—Levántate.
Noah me miró antes de obedecer.
—Despacio, campeón.
Harlan se colocó detrás de él y apoyó la pistola contra su costado. La imagen bastó para obligarme a quedarme quieto.
—Camina hacia la puerta del fondo —me ordenó—. Tú primero.
—Salir contigo apuntando a un niño no parece la mejor idea para alguien al que está buscando media ciudad.
—Muévete.
—Puede haber policía fuera aunque yo no haya traído a nadie.
La duda le cruzó la cara durante un instante.
—Papá…
Noah empezaba a respirar demasiado rápido.
—Mírame. Coge aire despacio.
Harlan le dio un empujón.
—He dicho que caminéis.
Di un paso hacia ellos y Harlan levantó la pistola de inmediato.
—Ni se te ocurra.
Me detuve.
Necesitaba apartarlo de Noah aunque solo fueran un par de metros.
—¿Quién te ayudó?
Frunció el ceño.
—¿Qué?
—No podías estar cerca del colegio tan rápido después de la fuga. Alguien te esperaba.
—Cierra la boca.
—¿También le vas a echar la culpa cuando lo detengan?
Harlan me miró de lleno.
—No sabes de qué hablas.
—Rachel tuvo la culpa. Yo tuve la culpa. Seguro que el que te ayudó acabará teniendo la culpa también. Siempre hay alguien menos tú.
La rabia hizo que Harlan avanzara un paso y Noah quedó ligeramente por detrás de él.
—Te he dicho que cierres la puta boca.
—Ven y hazme callar.
Harlan dio otro paso y terminó de separarse de Noah. Cuando levantó la pistola hacia mí, tuve claro que era la oportunidad que estaba esperando.
—De rodillas.
No obedecí.
—He dicho que te pongas de rodillas.
—Primero deja salir a Noah.
El golpe llegó con la mano libre y me hizo caer sobre una rodilla.
Harlan se acercó para volver a pegarme, pero esta vez aproveché la distancia y me lancé sobre él.
Le agarré la muñeca armada con las dos manos y tiré hacia abajo justo cuando apretaba el gatillo.
El disparo retumbó dentro de la nave y la bala se perdió en algún punto detrás de nosotros.
—¡Noah, aléjate!
Caímos contra una mesa. Harlan intentó girar el arma hacia mí y le golpeé la muñeca contra el borde metálico hasta que la pistola cayó al suelo. La aparté de una patada y algo dentro de mí terminó de romperse.
Le golpeé en la cara. Harlan respondió con un puñetazo que me abrió aún más el labio, pero conseguí derribarlo y quedé encima de él.
Volví a golpearlo y ya no estaba pensando en reducirlo ni en ganar tiempo.
Solo veía los mensajes, la fotografía de Noah, el miedo de mi madre y Nora, a mi hijo atado a una silla por culpa de aquel cabrón.
Todo lo que había intentado contener desde que Harlan volvió a aparecer salió de golpe.
Le pegué otra vez, y después otra, incluso cuando empezó a defenderse con menos fuerza. Apenas escuchaba nada más allá de mi propia respiración y los golpes, ni siquiera las voces que comenzaban a oírse fuera de la nave.
—¡Logan!
Era Alberto, pero apenas conseguí escucharle. Harlan tenía sangre en la boca y ya casi no conseguía cubrirse, y aun así yo solo pensaba que unos golpes más podían acabar de una vez con todo aquello. Una parte de mí deseaba hacerlo con una fuerza que me asustó.
Levanté el puño.
—Papá.
La voz de Noah consiguió detenerme. Giré la cabeza y lo vi a unos metros, pegado a una columna, llorando y con los ojos clavados en mí. No miraba a Harlan, sino a su padre, y el miedo que vi en su cara terminó de romper algo dentro de mí.
Durante aquellos segundos había dejado de pensar en sacarlo de allí, en volver a casa con él y en todo lo que llevaba meses intentando reconstruir. Solo había querido hacerle daño a Harlan hasta que no pudiera volver a levantarse.
Mantuve el puño en alto mientras Noah seguía mirándome y entendí lo cerca que estaba de echarlo todo por la borda otra vez.
Ya no estaba golpeándolo para proteger a nadie ni porque fuera necesario.
Lo hacía porque estaba furioso y había empezado a creer que tenía derecho a decidir hasta dónde llegar.
Bajé la mano.
No iba a permitir que mi hijo saliera de allí después de ver cómo su padre se convertía en otro hombre al que temer, así que me aparté de Harlan.
—Ven, Noah.
Mi hijo dio el primer paso hacia mí y entonces escuché un movimiento detrás. Me volví justo a tiempo para ver a Harlan arrastrándose hacia la pistola.
—¡No!
Llegamos casi al mismo tiempo. Harlan consiguió cerrar la mano alrededor de la pistola justo cuando me lancé sobre él y le agarré la muñeca. Forcejeamos por el arma y el cañón giró entre nuestros cuerpos.
El disparo retumbó a centímetros de mí.
Durante un instante no sentí nada. Después, un dolor brutal me atravesó el costado y me dejó sin aire.
Harlan aprovechó para intentar apartarme, pero no solté su muñeca. Vi a Noah unos metros más allá y reuní la fuerza suficiente para desviar el arma hacia el lado contrario antes de que pudiera volver a apuntar.
Harlan se revolvió para quitárseme de encima. Lo agarré por la chaqueta y tiré de él con todo lo que me quedaba. Perdió el equilibrio, chocó de lleno contra el borde metálico de la mesa y cayó al suelo sin volver a moverse.
Intenté mantenerme en pie, pero el dolor se extendía ya por todo el costado y las piernas terminaron cediendo. Caí de rodillas justo cuando los gritos y las pisadas de varios agentes irrumpieron en la nave.
—¡Papá!
Noah corrió hasta mí mientras yo intentaba pedirle que se quedara atrás, pero apenas conseguí coger aire. Todo ocurrió a la vez: Alberto y varios agentes se abalanzaron sobre Harlan; otro apartó la pistola de una patada y uno más llegó hasta nosotros.
—Logan, no te muevas.
No pensaba hacerlo. Me llevé una mano al costado y, al apartarla cubierta de sangre, vi a Noah arrodillarse frente a mí con la cara desencajada.
—Papá…
—Estoy bien, campeón.
No lo estaba, pero necesitaba que él lo creyera. Levanté una mano como pude y apenas conseguí rozarle la mejilla.
—Ya está. Se acabó.
La imagen de Noah empezó a desenfocarse y alguien me sujetó antes de que terminara de caer. Escuché a Alberto dando órdenes y a otra persona pedir una ambulancia, pero las voces fueron alejándose hasta convertirse en un murmullo confuso.
Lo último que conseguí distinguir fue a Noah intentando llegar hasta mí mientras alguien lo sujetaba por los hombros.
—¡Papá! ¡Papá, por favor, despierta!
Quise decirle que seguía allí, que estaba bien y que ya había pasado todo, pero no conseguí sacar las palabras antes de que la oscuridad terminara por llevárselo todo.