Capítulo 32
Logan
—Harlan se ha fugado.
Marcus me sostuvo la mirada apenas un instante antes de apartar la hamburguesa y recoger las llaves que había dejado sobre la mesa.
—Entonces nos vamos. Tú llama a Nora mientras yo cojo las bolsas.
No hizo falta explicarle nada más. Marqué su número mientras avanzábamos entre la gente, esquivando carritos, familias y grupos cargados de compras.
La música navideña seguía sonando por los altavoces y durante unos segundos me resultó insoportable que todo continuara funcionando con absoluta normalidad.
Nora contestó enseguida.
—¿Ya habéis terminado?
—¿Ha llegado Noah?
Hubo una pausa muy breve, pero suficiente para que notara el cambio en mi voz.
—Todavía no. Tendría que estar a punto de llegar. ¿Qué ha pasado?
—Harlan se ha fugado durante el traslado de vuelta a prisión.
No respondió de inmediato. Escuché cómo se movía y cómo una puerta se abría al otro lado.
—Voy a comprobar que Noah no haya entrado sin que yo lo haya visto. Quédate conmigo.
Marcus cargó las bolsas como pudo y me señaló la salida.
Lo seguí mientras Nora preguntaba a alguien en recepción y después se alejaba hacia otra zona del centro.
Yo conocía aquel recorrido. Desde el colegio eran dos calles y Noah lo hacía muchas tardes, casi siempre acompañado durante el primer tramo por algún compañero hasta que cada uno tomaba su camino.
—No está en la sala grande —me dijo Nora—. Voy a preguntar a los monitores porque puede haber entrado por otra puerta o haberse quedado hablando con alguien.
—Comprueba también si alguno de los niños lo ha visto. Tendría que haber salido hace ya un rato.
—Lo estoy haciendo, Logan. Dame un minuto.
Marcus abrió el coche y dejó las bolsas en el maletero sin preocuparse por ordenarlas. Yo me quedé junto a la puerta del acompañante, con el teléfono pegado al oído y la sensación de que cada segundo empezaba a pesar demasiado.
Nora regresó poco después.
—No ha llegado. He preguntado en recepción, en las salas y a los monitores que estaban pendientes de la entrada. Nadie lo ha visto.
Miré la hora otra vez.
—Son dos calles.
—Lo sé. Puede haberse entretenido con Tyler o con alguno de los otros niños al salir, pero no quiero que perdamos tiempo pensando que será eso. Llama a Alberto y ve al colegio. Yo me quedo aquí por si aparece.
—Te llamaré en cuanto sepa algo.
—Y yo a ti, si cruza esa puerta. No hagas ninguna locura por el camino.
No contesté porque ni siquiera sabía qué podría hacer todavía. Corté y marqué a Alberto mientras Marcus arrancaba, y el detective respondió de inmediato.
—¿Está con Nora?
—No ha llegado al centro.
La respuesta al otro lado fue tan rápida que tuve claro que llevaba esperando aquella posibilidad desde que habíamos hablado.
—¿Cuánto tarda normalmente desde que sale del colegio?
—Menos de diez minutos. El centro está a dos calles y hace ese recorrido muchas tardes.
—Quiero que vayáis directamente al colegio. Yo también voy hacia allí y ya estoy avisando a las unidades de la zona. Tenemos que confirmar cuándo salió y quién fue la última persona que lo vio.
Noté cómo Marcus aceleraba en cuanto pudo incorporarse a la avenida.
—Harlan sabe quién es Noah. Lo mencionó mucho antes de la fuga y me ha estado amenazando durante semanas.
—Lo tengo presente, por eso no vamos a esperar a que pase una hora para empezar a movernos. Pero necesito que vayamos cerrando datos y no que salgas a buscar a Harlan sin saber dónde está.
—¿De verdad crees que esto puede no tener relación?
Alberto tardó un momento en responder.
—Creo que un hombre que te ha amenazado acaba de escapar y que tu hijo no está donde debería estar. Para mí eso ya es suficiente para actuar como si pudiera haber una relación. Ahora necesito que tú me ayudes a averiguar exactamente dónde ha desaparecido Noah en el recorrido.
Aquello consiguió atravesar el ruido que tenía en la cabeza.
—Voy a llamar al colegio.
—Hazlo y dime todo lo que te confirmen cuando lleguemos.
Colgué y busqué el número. La mujer de recepción tardó poco en localizar a la profesora de Noah y, a partir de ahí, cada respuesta fue eliminando una posibilidad: Noah había salido de clase a su hora, había recogido la mochila y no estaba apuntado a ninguna actividad aquella tarde.
Su profesora lo había visto abandonar el edificio con Tyler y otros dos compañeros, así que ya no quedaba ninguna posibilidad de que siguiera dentro del colegio.
—Necesito saber hasta dónde fueron juntos —le dije a la mujer—. Noah tenía que ir al centro comunitario después de clase y no ha llegado.
Su tono cambió.
—Voy a intentar localizar a la profesora que estaba cerca de la salida, pero si los niños ya han abandonado el recinto, no puedo decirle dónde se separaron.
—Conozco a la madre de Tyler. La llamaré yo.
Mi madre se había empeñado meses atrás en que guardara los números de varios padres porque, según ella, tener un hijo de ocho años implicaba asumir que algún día acabaría necesitando saber dónde estaba un calcetín, una mochila o el propio niño.
Nunca imaginé que utilizaría uno de aquellos contactos así.
La madre de Tyler respondió cuando ya estábamos cerca del colegio.
—Hola, Logan. ¿Pasa algo?
—Necesito preguntarle una cosa a Tyler. Noah no ha llegado al centro y quiero saber cuándo lo vio por última vez.
No perdió tiempo pidiéndome explicaciones. Escuché cómo hablaba con su hijo y después puso el manos libres.
—Salimos juntos —dijo Tyler—. También estaban Ben y Mateo.
—¿Hasta dónde fuisteis con Noah?
—Ben se fue primero y Mateo cruzó con su hermana. Yo llegué hasta la esquina porque mi madre estaba allí.
—¿Y Noah siguió hacia el centro?
—Sí. Me dijo que Nora lo esperaba.
Apreté los dedos alrededor del teléfono.
—Piensa un momento, Tyler. ¿Viste a alguien hablar con él antes de que os separarais? ¿Algún coche que estuviera parado cerca o alguna persona esperando?
El niño guardó silencio unos segundos.
—Había coches, pero siempre hay muchos cuando salimos. No me acuerdo de ninguno raro.
Su madre intervino.
—Nosotros nos marchamos en cuanto subió al coche. Si quieres, vuelvo y hablamos allí.
—No hace falta. Quédate con Tyler y, si recuerda cualquier detalle, aunque le parezca una tontería, llámame.
—Lo haré. Y avísame cuando aparezca Noah, por favor.
No fui capaz de decirle que aparecería enseguida. Me limité a prometerle que la mantendría informada y colgué.
Marcus entró en la calle del colegio unos minutos después. Todavía quedaban coches en doble fila, familias alejándose y algunos niños junto a la entrada. La normalidad de la escena me resultó casi ofensiva.
—Déjame aquí —le pedí.
—Aparco y voy contigo.
Bajé antes de que terminara de parar el coche. Alberto llegaba desde el otro extremo de la calle y vino directamente hacia mí mientras otros dos agentes se acercaban a la entrada del colegio.
Le conté lo que había dicho Tyler.
—Así que sabemos que Noah salió, llegó hasta esa esquina y siguió solo hacia el centro.
—Eso son menos de dos calles.
—Precisamente por eso vamos a poder acotar mejor el recorrido. Ya están pidiendo acceso a las cámaras de comercios y edificios de la zona.
Miré hacia la esquina que Tyler había mencionado. Desde allí casi podía imaginar a Noah caminando con la mochila, pensando probablemente en cualquier cosa menos en que alguien pudiera estar esperándolo.
—Voy a recorrerlo.
Alberto me sujetó por el brazo antes de que empezara a moverme.
—Vamos a recorrerlo, pero no quiero que te adelantes solo. Si Harlan está detrás de esto, no sabemos si sigue cerca ni qué pretende.
—Lo que pretende lo dejó bastante claro con los mensajes.
—Y por eso mismo no voy a dejar que hagas exactamente lo que espera de ti.
Me zafé sin violencia y me pasé una mano por la cara.
—Mi hijo tiene ocho años, Alberto. Ha desaparecido a dos calles de llegar al centro.
—Lo sé, y voy a tratar cada minuto como si importara porque importa. Pero necesito que sigas hablando conmigo y no que decidas de repente que puedes resolverlo mejor por tu cuenta.
Marcus se acercó después de aparcar y se quedó a mi lado sin decir nada. Agradecí que no intentara tranquilizarme porque no había nada que pudiera tranquilizarme en ese momento.
Recorrimos el camino hacia el centro mientras los agentes entraban y salían de algunos comercios.
Una mujer de una panadería recordaba haber visto grupos de niños, pero no podía asegurar si Noah estaba entre ellos.
En una lavandería tenían una cámara orientada parcialmente hacia la calle y el dueño accedió a enseñar las imágenes.
Alberto dejó a uno de los agentes revisándolas mientras nosotros continuábamos.
Cada paso hacía más pequeño el espacio en el que Noah podía haber desaparecido y, al mismo tiempo, más grande la certeza de que no se había entretenido sin más.
Nora llamó cuando estábamos a mitad del recorrido.
—Sigue sin aparecer. He hablado también con dos niños que suelen venir directamente desde el colegio y ninguno lo ha visto entrar.
Le expliqué lo de Tyler y que estábamos revisando cámaras.
—Entonces sabemos que salió hacia aquí.
—Sí, pero todavía no sabemos hasta dónde llegó.
Respiró hondo al otro lado.
—Quiero estar contigo.
—Alberto prefiere que sigas en el centro por si aparece y tiene sentido. Si Noah consigue llegar por cualquier motivo, tú eres la persona que espera encontrar allí.
—No me gusta quedarme quieta mientras vosotros lo buscáis.
—A mí tampoco me gusta nada de esto, Nora.
Hubo un silencio antes de que volviera a hablar.
—Entonces prométeme una cosa. Si aparece cualquier pista sobre Harlan, deja que Alberto haga su trabajo. No te adelantes a él por mucho que quieras salir corriendo.
Miré al detective, que hablaba con el propietario de otro negocio unos metros más adelante, y después a Marcus, que no se había separado de mí desde que salimos del centro comercial.
—Lo haré.
—Bien. Llámame en cuanto sepáis algo.