Todo lo que perdí Capítulo 21
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Capítulo 21

Logan

La besé con más hambre de la que había querido mostrar mientras terminaba de aflojarle el cordón del pantalón.

Nora seguía sentada sobre la encimera, con las piernas a ambos lados de mis caderas, cuando tiré de la tela junto con la ropa interior hasta bajárselas lo suficiente.

En aquella postura no podía quitárselas del todo, pero tampoco me hacía ninguna falta todavía.

Su respiración se entrecortó cuando deslicé una mano entre sus piernas. Se estremeció al primer contacto y apretó los muslos alrededor de mí, arrancándome un gruñido que apenas conseguí contener.

—Logan…

Mi nombre en su boca me hizo cerrar los ojos durante un segundo.

La acaricié despacio, pendiente de cómo respondía a cada movimiento, de dónde se le aceleraba la respiración y de cuándo empezaba a mover las caderas buscando mi mano. Cuando encontré su clítoris y tracé el primer círculo lento, Nora se agarró a mis hombros con más fuerza.

Joder, aquello era muchísimo mejor que cualquier cosa que hubiera podido recordar.

Seguí tocándola mientras su respiración se aceleraba junto a mi oído. Estaba tan duro que el pantalón empezaba a resultar una tortura, pero no conseguía apartar la atención de ella, mucho menos cuando empezó a moverse contra mis dedos, pidiendo más sin necesidad de hablar.

Hundí un dedo dentro de su cuerpo y el gemido que soltó me atravesó entero. Añadí otro despacio y empecé a moverlos mientras el pulgar volvía a buscar su clítoris.

—Así —murmuró, tan bajo que casi no la oí.

Mantuve exactamente el mismo ritmo y ella empezó a respirar a golpes, empujando las caderas contra mi mano, mientras yo la sujetaba con el brazo que rodeaba su cintura. Cuando quise llegar a su pecho, fue ella quien, sin soltarme del todo, tiró hacia abajo de una de las copas del sujetador.

No necesité más invitación y me incliné para cerrar la boca alrededor de su pezón mientras mis dedos seguían moviéndose dentro de ella.

Gimió con más fuerza y hundió una mano en mi pelo.

Le pasé la lengua despacio antes de succionar, aumentando la presión cuando tiró de mí y se arqueó contra mi boca y mi mano al mismo tiempo, abierta sobre aquella encimera, con el pantalón a medio bajar y unos platos todavía esperando en la mesa como si a cualquiera de los dos pudiera importarle ya una mierda.

Noté que estaba cerca por la forma en que su cuerpo se tensó alrededor de mis dedos y sus muslos se endurecieron a ambos lados de mí. Levanté la cabeza para verla. Tenía los ojos cerrados, la boca entreabierta y el pecho agitado mientras mi pulgar aumentaba la presión sobre su clítoris.

—Eso es —murmuré contra su boca—. No te escondas.

Nora se corrió contra mi mano con un gemido que me dejó ardiendo. La sostuve mientras su cuerpo se contraía alrededor de mis dedos y sus uñas se clavaban en mis hombros, reduciendo poco a poco el movimiento hasta que terminó apoyando la frente contra mi cuello para recuperar el aire.

Me quedé así con ella durante unos segundos, disfrutando de los últimos temblores que seguían recorriéndola mientras le besaba la sien. Cuando Nora levantó por fin la cabeza, aparté despacio la mano de entre sus piernas y ella bajó la suya por mi pecho hasta el cierre del pantalón.

Tenía los labios hinchados, el pelo desordenado y una mirada que no ayudó en absoluto al estado en el que yo llevaba ya demasiado rato.

—Ahora tú.

Me desabrochó el cinturón con dedos algo menos firmes de lo habitual y abrió el pantalón. Cuando su mano entró bajo la tela y me rodeó por encima del bóxer, tuve que apoyar una palma en la encimera.

—Joder…

El contacto después de tanto tiempo resultó casi excesivo. Cálido, firme y completamente imprevisible porque no era mi mano la que decidía el ritmo.

Nora empezó a acariciarme despacio.

—Estás… —murmuró antes de dejar la frase a medias.

Sabía perfectamente cómo estaba. Duro hasta doler, grueso bajo su mano y tan cerca del límite que verla bajar la mirada entre nosotros consiguió que empujara apenas contra su palma sin poder evitarlo.

—No hagas eso —murmuré.

—¿Tocarte?

—Mirarme así.

Levantó los ojos hacia mí y, por la forma en que se oscurecieron, quedó bastante claro que no tenía intención de hacerme ningún favor.

—Vamos a mi habitación.

No tuve ninguna intención de discutirlo.

Antes de ayudarla a bajar de la encimera, Nora se recolocó la ropa interior y el pantalón lo suficiente para poder ponerse en pie. Aun así, tuve que sujetarla por la cintura cuando las piernas le fallaron ligeramente, y soltó una risa pequeña que desapareció en cuanto volví a besarla.

El camino por el pasillo fue un desastre de ropa, manos y respiraciones.

Mi camisa cayó antes de llegar a la puerta y, unos pasos después, Nora terminó de empujar hacia abajo el pantalón para salir de él, dejando la ropa interior en su sitio.

El sujetador se resistió bastante más de lo que mi paciencia podía permitirse y ella se rio contra mi boca hasta que conseguí desabrocharlo.

La risa se me acabó en cuanto cayó al suelo.

Se quedó delante de mí con el pecho desnudo, los pezones duros y la piel encendida por todo lo que acababa de hacerle. Le cubrí los pechos con las manos y Nora cerró los ojos mientras mis pulgares rozaban los pezones, tensándolos todavía más.

Me incliné para llevarme uno a la boca, lo lamí despacio y después succioné con más fuerza cuando sus dedos se cerraron en mi nuca. Nora arqueó el cuerpo hacia mí y su gemido me hizo repetirlo antes de cambiar al otro pecho.

Cuando conseguimos llegar junto a la cama, ella buscó el cierre de mi pantalón y terminó de empujarlo hacia abajo junto con el bóxer. Mi pene quedó libre entre nosotros y bajó la mirada. Tardó apenas un segundo en tocarme, pero joder, fue suficiente para ponerme todavía peor.

—Nora… —murmuré.

Se acercó y me rodeó con la mano. Todo el cuerpo se me tensó con el primer movimiento de su palma. Se me había olvidado lo bien que podía sentirse que alguien te tocara así, y que fuera Nora no ayudaba precisamente a mantener el control.

Me acarició despacio, recorriéndome entero con los dedos antes de detenerse en la punta. Cuando extendió con el pulgar la humedad que ya empezaba a cubrirla, tuve que agarrarla por la cintura.

Después se arrodilló delante de mí y apoyé una mano contra la pared cuando su lengua encontró la punta de mi pene. La pasada fue lenta, húmeda y suficiente para dejarme sin aire.

—Joder. —Se me escapó.

Me rodeó la base con los dedos y volvió a lamerme, bajando por el tallo antes de cerrar los labios alrededor de mí.

A partir de ahí se me acabó cualquier pensamiento útil.

Su boca avanzó poco a poco mientras la mano acompañaba el movimiento, y tuve que enredar los dedos en su pelo para sujetarme a algo.

Mis caderas buscaron más antes de que pudiera evitarlo, aunque conseguí frenarlas y dejar que fuera ella quien marcara el ritmo.

Cuando levantó los ojos hacia mí sin dejar de mover la boca, estuve a punto de perder el poco control que todavía conservaba.

La sujeté del pelo con algo más de firmeza, sin empujarla, y respondió aumentando el ritmo hasta que tuve que apartarla porque, si seguía así, aquello iba a terminar muchísimo antes de lo que pensaba permitir.

Se incorporó con la respiración agitada y los labios húmedos.

La cogí de la cara y la besé con una necesidad que ya no podía ordenar mientras la hacía retroceder hasta la cama.

Gimió contra mi boca cuando cayó de espaldas sobre las sábanas y me coloqué encima, separándole los muslos mientras volvía a besarle el pecho.

Quería estar dentro de ella con una urgencia que empezaba a doler, pero todavía quería tocarla un poco más.

Le bajé las bragas despacio y levantó las caderas para ayudarme hasta quedar completamente desnuda bajo mi cuerpo.

La imagen me dejó sin aire, aunque no perdí demasiado tiempo contemplándola antes de hundir una mano entre sus piernas y volver a acariciarla.

Seguía húmeda después de su orgasmo y sus caderas reaccionaron enseguida cuando mis dedos rozaron de nuevo su clítoris. Cerró los ojos y arqueó el cuello.

—Mírame.

Los abrió y me coloqué entre sus piernas, deslizando el pene contra ella sin entrar todavía. La punta rozó su entrada, empapándose con su humedad, y levantó las caderas con impaciencia mientras me agarraba de los hombros, obligándome a apretar los dientes.

—Necesito saber si estás segura —dije con la voz rota.

—Estoy segura.

No dudó ni un segundo y entré despacio, o al menos lo intenté. El primer instante dentro de ella fue tan intenso que tuve que detenerme a mitad de camino y apoyar la frente contra la suya mientras respiraba contra mi boca.

—Logan…

Mi nombre salió convertido en un jadeo y la forma en que sus dedos se cerraron sobre mis hombros dejó bastante claro que aquello tampoco estaba siendo precisamente poco para ella.

Seguí avanzando con más cuidado hasta quedar completamente dentro y volví a detenerme porque, si me movía demasiado pronto, iba a durar una cantidad de tiempo bastante humillante.

Me rodeó con las piernas y me atrajo un poco más. Cerré los ojos. Joder, se me había olvidado lo imposible que era pensar con un cuerpo caliente apretándote así.

Empecé a moverme despacio, con embestidas largas y contenidas que me hacían sentir cada centímetro al salir y al volver a entrar.

Me besaba cuando podía, aunque pronto empezó a faltarle el aire tanto como a mí.

La lentitud duró poco. Empezó a acompañarme con las caderas, levantándose para recibirme mejor, y aquello terminó con la calma que todavía intentaba mantener.

La besé con fuerza y aumenté el ritmo. Sus uñas se clavaron en mi espalda, sus pechos se apretaron contra el mío y sus gemidos empezaron a escapársele sin ningún intento de contenerlos.

La penetré más profundo, sujetándola por una cadera con una mano mientras apoyaba la otra junto a su cabeza para no cargar todo mi peso sobre ella.

Se aferró a mí y mi nombre volvió a romperse en su garganta cuando entré hasta el fondo.

No quería terminar todavía, ni de coña.

Me separé lo justo para mirarla. Tenía el pelo extendido sobre la almohada, los labios hinchados y el pecho agitado. Bajé la boca hasta uno de sus pezones sin dejar de moverme, lo lamí y lo succioné, y su cuerpo se cerró alrededor de mí con tanta fuerza que gemí contra su piel.

Me agarró de la nuca y no me dejó apartarme, así que seguí moviéndome dentro de ella mientras le besaba los pechos, cambiando de uno a otro y aumentando el ritmo cada vez que sus caderas buscaban más.

La cama empezó a sonar bajo nosotros, pero para entonces ninguno de los dos habría podido prestar atención a nada que estuviera fuera de aquellas sábanas.

Noté que volvía a acercarse cuando su respiración cambió y todo su cuerpo empezó a tensarse debajo del mío.

Solté su cadera y bajé esa mano entre nosotros hasta encontrar otra vez su clítoris, manteniendo la otra apoyada junto a su cabeza.

El primer roce la hizo gemir con tanta fuerza que tuve que cerrar los ojos para no correrme en ese instante.

Seguí acariciándola mientras la penetraba, manteniendo la presión y el ritmo que la hacían estremecerse cada vez más hasta que sus piernas se cerraron con fuerza alrededor de mi cintura.

Se corrió con mi nombre quebrándose contra mi boca y sentí cada contracción alrededor de mi pene, arrastrándome con ella.

Aguanté apenas unas embestidas más antes de hundir la cara en su cuello y perder el control.

El orgasmo me golpeó con una fuerza que me dejó sin aire mientras me abrazaba, todavía con las piernas alrededor de mi cintura y las manos recorriéndome la espalda.

Cuando terminó, me quedé quieto sobre ella porque, durante unos segundos, moverme me pareció una tarea bastante por encima de mis capacidades.

Me acarició el pelo y la nuca mientras nuestras respiraciones recuperaban poco a poco un ritmo normal.

Seguía dentro de ella y ninguno parecía tener demasiada prisa por cambiarlo, pero al final tuve que apartarme antes de acabar aplastándola.

Me dejé caer a su lado y tiré de ella para mantenerla cerca.

Acomodó la cabeza sobre mi pecho y pasó una pierna sobre las mías. Le acaricié la espalda distraídamente mientras el silencio se instalaba alrededor de nosotros.

—¿Sigues vivo? —preguntó después de un rato.

Miré el techo.

—Tengo dudas.

Se rio, una risa pequeña y cansada pegada a mi pecho.

—Eso es buena señal.

—Necesito unos minutos para valorar daños.

—Mecánico hasta en la cama.

—No arruines el momento.

Levantó la cabeza y la sonrisa se le suavizó.

—¿Estás bien?

Sabía perfectamente qué estaba preguntando. Pasé una mano por su pelo y durante un instante estuve tentado de buscar una respuesta más complicada, pero no la necesitaba.

—Sí. Mucho.

Nora me sostuvo la mirada unos segundos antes de volver a acomodarse contra mí.

La habitación olía a nosotros, mi ropa estaba repartida entre allí y el pasillo y todavía quedaban platos sin recoger en la cocina. Después de todo lo que acababa de ocurrir, aquello me pareció bastante perfecto tal como estaba.

—Te puedes quedar —murmuró.

Sonreí.

—Pensaba hacerlo.

—Qué confianza.

La abracé un poco más.

—No pienso vestirme ahora ni aunque me eches.

Nora soltó una risa contra mi pecho y cerré los ojos, sin mirar la hora ni pensar cuándo tendría que marcharme. Por una vez, no tenía ninguna prisa.