Todo lo que no prometimos CAPÍTULO 15 #4
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CAPÍTULO 15 #4

—Han publicado unas imágenes de Kenan y de mí durante la cena. Hablamos unos minutos y esta mañana ya habían recuperado algunos rumores antiguos.

—Ah, comprendo.

Maia sonrió mientras destapaba la botella de agua, con la misma cordialidad que habría empleado si Aylin le hubiese hablado de cualquier otra noticia.

—No es la primera vez que nos sucede —continuó la cantante—. A veces basta con compartir una mesa para que decidan que existe una relación, pero esos rumores nunca parecen molestar a Kenan lo suficiente para desmentirlos.

Maia terminó de llenar el vaso y volvió a colocar el tapón con calma.

—Entonces supongo que ninguno de los dos los considera demasiado importantes.

—Kenan siempre ha sido muy reservado con su vida privada.

—Me parece una decisión muy sensata.

Aylin aguardó algo más: una pregunta, quizá, o alguna señal de curiosidad que le permitiera continuar. Maia se limitó a beber un sorbo de agua sin perder la sonrisa.

—Aunque no podría decirle mucho más —añadió—. Apenas lo conozco.

La cantante retomó la conversación con otra pregunta sobre las jornadas. Maia respondió sin abandonar la cortesía, aunque la botella que sostenía empezaba a enfriarle los dedos. Cuando alzó de nuevo la vista, Kenan se había separado del grupo y avanzaba hacia ellas.

Aylin lo vio acercarse y desplazó la copa para dejar espacio a su lado.

—Kenan.

Maia se volvió entonces. La sonrisa que le dirigió fue la misma que había mantenido durante toda la conversación, cortés y difícil de interpretar.

—Señor Gökalp, ¿necesita algo?

Kenan la contempló con una calidez que contrastaba con la formalidad del tratamiento.

—No, gracias. La he visto ocupándose de todo el mundo y quería asegurarme de que alguien se hubiera acordado de preguntárselo a usted.

La respuesta tomó a Maia desprevenida, aunque conservó la sonrisa.

—Estoy bien. Aprovechaba para felicitar a la señorita Berzeg por el concierto de ayer y por el de esta noche. No había tenido ocasión de hacerlo antes.

Aylin recibió el elogio con una inclinación de cabeza.

—Le estaba contando que ya nos conocíamos de Estambul.

—La señorita Berzeg ha colaborado en varias ocasiones con la fundación —explicó Kenan, dirigiéndose a Maia—. También ha actuado en algunos de nuestros eventos.

—Y hemos coincidido alguna vez sin un programa de por medio —añadió ella.

Kenan aceptó la precisión sin alterarse.

—Tenemos amigos comunes.

Aylin bebió un sorbo de vino antes de dejar la copa sobre la barra.

—Antes de que os marchéis mañana, me gustaría hablar contigo a solas.

Maia ajustó la botella entre las manos.

—Si me disculpan…

—No es necesario, señorita Madinabeitia —la detuvo Kenan antes de que pudiera apartarse.

Su tono no fue brusco, pero la respuesta llegó con suficiente rapidez para que Aylin centrara en él toda su atención.

—Solo serán unos minutos —dijo ella—. Cuando termine la recepción, quizá podamos tomar algo.

—Ya te he dicho antes que esta noche no voy a salir.

—No me refería a ir a ningún sitio. Podemos hablar aquí cuando se marche el resto.

Kenan permaneció en el lugar que había ocupado junto a Maia, sin acercarse al espacio que Aylin había dejado libre a su lado.

—Si se trata de algo que no puede esperar, puedes decírmelo ahora.

La sonrisa de Aylin perdió parte de su ligereza.

—Preferiría hacerlo en privado.

—Entonces tendrá que esperar a que regresemos a Estambul.

Durante unos segundos, el ruido del salón llenó el espacio que ninguno de los tres ocupó con palabras. Maia habría preferido no estar presente, pero marcharse después de que Kenan hubiera impedido que lo hiciera habría concedido a la escena una importancia que no deseaba reconocer.

—No sabía que tu agenda estuviera tan llena —dijo Aylin.

—Mañana viajamos y esta noche estoy con la delegación.

La explicación era irreprochable y lo bastante impersonal para no convertir el rechazo en una humillación. Aun así, Aylin miró a Maia antes de responder.

—Por supuesto. Hablaremos en Estambul.

—Si sigue siendo necesario, hablaremos allí.

Uno de los músicos la llamó desde la plataforma. Aylin levantó una mano para indicar que iba y recuperó la sonrisa al despedirse de Maia.

—Ha sido un placer conocerla.

—Igualmente. Y enhorabuena otra vez por los conciertos.

Aylin se volvió hacia Kenan.

—Buen viaje.

Kenan esperó hasta que se alejó para volver la mirada hacia Maia. Ella seguía sosteniendo la botella.

—No tenías que impedir que me marchara —dijo ella en voz baja.

—No quería que te apartaras para dejarme mantener una conversación que no pensaba tener.

—No pensabas mantenerla, pero te aseguraste de que yo no me perdiera una palabra.

Kenan guardó silencio el tiempo suficiente para confirmar que había acertado y terminó aceptando el golpe con una breve inclinación de cabeza.

—Ha quedado muy claro que no hay nada entre vosotros. No tanto por qué necesitabas que yo lo supiera.

Kenan pareció dispuesto a responder, pero una de las profesoras levantó su vaso vacío desde la mesa cercana. Maia señaló la botella.

—Me están esperando.

Esta vez él se apartó para dejarla pasar.