CAPÍTULO 15 #3
Al regresar al salón, los aplausos ya habían terminado y la cantante se disponía a comenzar otra pieza.
Maia abrió la puerta primero; el volumen de las conversaciones aumentó de golpe y la obligó a detenerse mientras un camarero cruzaba frente a ella con una bandeja de copas.
Kenan esperó detrás sin acercarse. Cuando el paso quedó libre, le cedió el sitio con un movimiento de la mano y entró después.
Zeynep continuaba sentada junto a Begoña, con Defne dormida sobre el regazo. Al verlos aparecer, levantó las cejas, aunque la proximidad de su abuela y el peso de la niña impidieron que acompañara el gesto con ninguna pregunta.
—¿Ya está todo solucionado? —quiso saber Begoña.
Maia tardó un instante en comprender que se dirigía a ella.
—No había nada que solucionar.
—Pues para no haber nada, habéis tardado lo vuestro.
Zeynep volvió la cara hacia el escenario. Sus hombros se movieron apenas, pero Maia decidió no darle la satisfacción de comprobar si estaba riéndose.
Kenan se inclinó hacia Begoña para disculparse y explicó, a través de Maia, que debía atender a varios invitados antes de que terminara la recepción. Su trato no había cambiado: seguía siendo correcto, atento y lo bastante formal para que nadie que los observara encontrara nada extraño.
Después regresó junto a Barış.
—¿Qué te ha dicho? —preguntó Zeynep en cuanto estuvo lo bastante lejos.
—Que quería disculparse.
—Eso ya lo he deducido por la cara con la que ha venido a buscarte. Me interesa lo que vino después.
—No hay ninguna parte posterior.
—Baja la voz —intervino Begoña—. La niña está dormida.
Zeynep obedeció, aunque no apartó los ojos de Maia.
—¿Y por qué se ha disculpado?
—Por marcharse de vuestra casa de aquella manera.
—¿Ha mencionado a Saim?
Maia tomó el vaso de agua que había dejado sobre la mesa y bebió antes de contestar.
—Ha dicho que no tenía derecho a pedirme explicaciones.
—Eso está bien.
—Sí.
La conformidad con que lo reconoció debió de resultar más reveladora de lo que pretendía.
Zeynep sonrió, pero la llegada de Ezel le evitó tener que defenderse.
Él se inclinó sobre su hermana y recogió a Defne sin despertarla.
La niña pasó de unos brazos a otros con un murmullo incomprensible y ocultó la cara contra el cuello de su padre.
—Voy a llevarla al coche —dijo Ezel—. Anne quiere que nos marchemos dentro de poco.
Begoña protestó al oírlo desde la silla.
—Vuestra madre lleva media hora queriendo marcharse y otra media despidiéndose.
—Por eso he dicho dentro de poco.
Elvira apareció poco después con los abrigos y anunció que se marchaban antes de que la despedida se prolongara.
Saim ayudó a Begoña a levantarse, mientras Ezel avanzaba ya hacia la salida con Defne dormida contra el hombro.
La niña no reaccionó al movimiento ni al ruido del salón; se limitó a hundir un poco más la cara en el cuello de su padre.
Maia los acompañó hasta la entrada. Elvira le recordó que no se acostara tarde y prometió llamarla a la mañana siguiente, mientras Begoña insistía en que trasladara a Kenan y Barış su invitación para comer en casa antes de regresar a Turquía.
Zeynep esperó a que los demás empezaran a cruzar la puerta y se acercó a su oído.
—Mañana terminarás de contármelo.
—Ya te lo he contado todo.
—Por supuesto.
La sonrisa de Zeynep dejó claro lo que opinaba de aquella afirmación. Antes de que Maia pudiera defenderse, Zeynep salió detrás de su familia y se reunió con ellos en la acera.
Maia permaneció junto a la puerta hasta verlos alejarse y después regresó al salón.
La recepción continuaba con menos invitados, aunque la delegación turca seguía repartida entre las mesas.
Maia recorrió el grupo para comprobar que nadie necesitara nada antes de que los camareros empezaran a retirar las bandejas.
Consiguió agua para Demir, pidió que acercaran otra fuente de comida a los profesores que conversaban junto a los ventanales y explicó al responsable del hotel que varios invitados todavía no habían probado los canapés calientes.
No tenía que traducir mientras permanecieran entre ellos. Durante unos minutos, su trabajo consistió únicamente en localizar vasos, responder preguntas sobre el hotel y comprobar que todos supieran que a la mañana siguiente podrían desayunar con tranquilidad antes de salir hacia San Sebastián.
Kenan se mantuvo ocupado en el otro extremo del salón. En varias ocasiones sus recorridos estuvieron a punto de coincidir, pero alguno de los dos encontró a quién atender antes de que sucediera.
Maia se acercó a la barra para pedir otra botella de agua. Mientras esperaba, comprobó en el teléfono que no hubiera ningún mensaje de Elvira.
Aylin apareció a su lado después de despedirse de una pareja junto al escenario. Ya no llevaba el micrófono y, de cerca, el maquillaje resultaba más intenso bajo la luz blanca de la barra. Pidió una copa de vino en inglés y después se volvió hacia Maia.
—Es usted la intérprete del señor Gökalp.
La afirmación llegó en turco. Maia guardó el teléfono y le tendió la mano con una sonrisa.
—Soy la intérprete asignada a la delegación y no había tenido ocasión de saludarla antes. Quería decirle que disfruté mucho tanto del concierto de ayer como del de esta noche.
Aylin aceptó su mano. La sorpresa que cruzó su rostro fue breve, quizá porque no esperaba encontrar una acogida tan amable.
—Gracias. Me alegra que le hayan gustado.
El camarero dejó la botella de agua frente a Maia y comenzó a servir el vino que Aylin había pedido. Ella esperó a que terminara antes de recoger la copa.
—No conocía Bilbao —continuó—. Apenas he tenido tiempo para verla, pero espero poder regresar con más calma.
—Merece la pena. Estas visitas suelen dejar poco espacio para conocer las ciudades fuera de los hoteles y los actos oficiales.
—Eso parece. Aunque me alegró encontrar algunas caras conocidas.
Aylin dirigió una mirada hacia el salón. Kenan conversaba con Demir y uno de los profesores cerca de los ventanales.
—El señor Gökalp y yo ya habíamos coincidido en varias ocasiones en Estambul. Tenemos bastantes amigos en común y acabamos asistiendo a los mismos actos, aunque después la prensa suele contar los encuentros a su manera.
Maia recogió la botella de agua que el camarero acababa de dejar frente a ella.
—Imagino que forma parte de la exposición pública.
—Por desgracia. Supongo que habrá visto las fotografías de anoche.
—No he tenido tiempo de revisar la cobertura de la feria —respondió Maia—. Ayer terminamos bastante tarde y esta mañana teníamos la entrevista y la reunión en la Cámara de Comercio.
—No me refería a las fotografías oficiales.
Aylin hizo girar ligeramente la copa entre los dedos.