Todo lo que no prometimos CAPÍTULO 15 #2
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CAPÍTULO 15 #2

La niña no respondió. Se encaramó a ella con la naturalidad de quien no contemplaba la posibilidad de que pudieran negarle el sitio y se acomodó de lado sobre su regazo. Maia la ayudó a colocar las piernas y pasó un brazo alrededor de su cintura para evitar que resbalara.

—Ya veo que solo necesitabas una silla mejor.

Defne apoyó la cabeza contra su pecho.

Mientras los invitados terminaban de acomodarse, Begoña quiso saber cómo habían transcurrido las jornadas, si Maia estaba comiendo bien y por qué llevaba unos zapatos que apenas le permitían caminar.

Zeynep aseguró que nadie de la delegación permitía que se olvidara de comer, una información que provocó nuevas preguntas que Maia evitó contestar.

Defne fue perdiendo el interés por la conversación. Cerró los ojos y buscó una postura más cómoda contra ella. Maia apartó de su cara un mechón de cabello y continuó acariciándoselo casi sin darse cuenta.

—Se va a dormir —murmuró Begoña.

—Ha tenido un día muy largo —dijo Zeynep—. El viaje, la casa llena y ahora esto.

—No es la única.

Maia miró a Begoña.

—Yo he dormido la siesta.

—Pues no se te nota.

Zeynep ocultó una sonrisa en el vaso. Maia acomodó mejor a Defne y sintió cómo el cuerpo de la niña terminaba de relajarse sobre ella; poco después, su respiración se volvió lenta y regular.

—Cuando se duerma del todo, llamaré a Ezel —susurró Zeynep.

—Déjala. No pesa nada.

Begoña contempló a la niña y después a Maia.

—Eso dices ahora. Espera a que lleve media hora sin moverse.

Maia apoyó la mejilla un instante sobre el cabello de Defne y volvió la vista hacia el escenario. Los pies todavía le dolían dentro de los tacones, pero ahora disponía de una razón perfectamente válida para permanecer sentada.

La cantante inició un repertorio más ligero que el de la noche anterior, adecuado al murmullo de un cóctel. Desde su silla, Maia podía ver a Kenan conversando con el decano y dos representantes de la Cámara de Comercio.

Al agradecer los aplausos, la cantante recorrió el salón hasta localizarlo y le dirigió una sonrisa demasiado personal para formar parte de la actuación.

Zeynep advirtió el gesto.

—No ha perdido el tiempo.

Maia siguió acariciando el cabello de Defne.

—Quizá solo esté buscando una cara conocida entre el público.

—Lleva toda la noche encontrando siempre la misma.

Durante la siguiente pieza, Kenan permaneció junto a Barış, dos profesores y un representante de la universidad, atento con la cortesía que concedía a quien ocupaba el escenario y sin hacer nada que alentara a la cantante. Aun así, ella volvió varias veces hacia él.

—Es como un imán para las mujeres —murmuró Zeynep.

—Es rico, poderoso y bastante conocido en Turquía. El magnetismo tiene una explicación sencilla.

—También es guapo.

—Eso no convierte a las mujeres en objetos metálicos.

Zeynep contuvo una risa para no despertar a Defne.

—A esa parece estar afectándole bastante.

La niña se movió sobre el regazo de Maia. Ella ajustó el brazo alrededor de su cuerpo y esperó a que volviera a acomodarse antes de mirar de nuevo hacia el escenario.

Maia tomó un vaso de agua de la bandeja de un camarero y fingió concentrarse en la música.

Al finalizar el primer bloque de canciones, la cantante bajó de la plataforma. Habló con varios invitados antes de dirigirse hacia Kenan.

—Mira —dijo Zeynep.

—No pienso mirar.

—Ya estás mirando.

La mujer saludó a Barış y se situó junto a Kenan. Mientras decía algo, le apoyó una mano en el antebrazo y se inclinó hacia él para hacerse oír por encima del ruido.

Kenan respondió con cortesía. La cantante rio sin retirar la mano y señaló hacia la salida, como si propusiera continuar la conversación en otro lugar.

Él contestó; la mujer ladeó la cabeza e insistió.

—Le está invitando a tomar algo después —dijo Zeynep.

—No puedes oírlos desde aquí.

—No hace falta. Parece que piensa continuar donde lo dejó anoche.

Maia volvió la cabeza hacia ella.

—Tú no estabas aquí anoche.

—¿Es que no has mirado la prensa rosa turca, Mai?

Zeynep sacó el teléfono y bajó el brillo antes de abrir una noticia que había guardado.

Varias fotografías mostraban a Kenan durante la cena de la víspera.

En una hablaba con la cantante junto al escenario; en otra, ella se inclinaba sobre su silla con una mano apoyada en el respaldo.

El encuadre eliminaba al resto de los invitados y convertía una conversación breve en algo mucho más privado.

El titular insinuaba que Kenan había encontrado compañía durante su estancia en Bilbao.

—Había periodistas acreditados durante la cena —explicó Zeynep—. Las fotografías empezaron a circular esta mañana.

Maia observó la pantalla un instante más.

—No ocurrió nada.

—Ya lo sé. Si hubiera ocurrido algo, seguramente no habrían tenido que elegir las fotos con tanto cuidado.

Maia devolvió el teléfono a Zeynep y acomodó a la niña hasta que volvió a relajarse. Al levantar la vista, vio que Kenan observaba la mano de Aylin, todavía apoyada sobre su manga.

Él se apartó con suficiente suavidad para no resultar descortés. Cuando levantó la cabeza, sus ojos encontraron directamente a Maia.

Zeynep dejó escapar un sonido bajo.

—Ni se te ocurra —advirtió Maia.

—No he dicho nada.

—Lo estabas pensando demasiado alto.

La cantante siguió hablando unos instantes. Kenan contestó algo más y la mujer terminó por alejarse.

—Le ha dicho que no —concluyó Zeynep.

—Eso parece.

—¿No vas a sonreír?

—¿Por qué iba a hacerlo?

—Porque llevas cinco minutos mirándolos como si estuvieras valorando si puedes despedirla de un trabajo para el que no la has contratado.

Maia sintió que le subía el calor a la cara y bajó la vista hacia Defne, aunque la niña seguía profundamente dormida y no podía ofrecerle ninguna ayuda.

—No estaba mirando de esa manera.

—Por supuesto.

Zeynep guardó el teléfono justo cuando Kenan empezó a avanzar hacia ellas. En lugar de regresar junto a Barış, atravesó el salón y se detuvo frente a las tres mujeres.

Saludó a Begoña y a Zeynep antes de fijarse en Defne, dormida contra el pecho de Maia.

—Parece que la actuación ha perdido una espectadora.

—Ha tenido un día muy largo —respondió Maia mientras ajustaba el brazo alrededor de la niña.

Kenan rozó con el pulgar la correa del reloj, aunque no bajó la cabeza para consultar la hora.

—Cuando tengas un momento, me gustaría hablar contigo.

Dejó transcurrir una pausa.

—Esta vez no tengo ninguna prisa.

Zeynep no le dio tiempo a marcharse. Dejó el vaso sobre la mesa auxiliar y extendió los brazos hacia Defne.

—Perfecto. Entonces podéis hablar ahora.

—Zeynep…

Con cuidado para no despertarla, pasó un brazo por debajo de las piernas de la niña y otro alrededor de su espalda. Maia tuvo que ayudarla durante el cambio, pero Defne apenas protestó antes de acomodar la cabeza contra el hombro de su tía.

Zeynep se recostó en la silla con la niña sobre el regazo.

—Ve. Yo me quedo con ella.

Maia le dirigió una advertencia que su amiga ignoró por completo. Kenan no intervino; se limitó a esperar hasta que ella se levantó.

Lo siguió hasta el pasillo de los ascensores. Cuando la puerta del salón se cerró tras ellos, el ruido de la recepción quedó reducido a un murmullo.

—¿Qué ocurre?

—Quiero disculparme por la forma en que me comporté esta tarde.

Maia no esperaba tanta claridad.

—Solo viniste a avisarnos de la videoconferencia. No tiene importancia.

—No me refiero a eso. Me molestó lo que creí ver y reaccioné mal. No debería haberme marchado de aquella manera ni haber vuelto incómodo el trayecto. Tampoco tengo derecho a pedirte explicaciones sobre Saim, y no voy a hacerlo.

La admisión no contenía ninguna pregunta ni una exigencia disimulada. Kenan había asumido su comportamiento sin intentar convertirlo en responsabilidad de ella.

—Por otra parte —añadió él—, entre los treinta minutos, el pasillo y el incendio que nadie más había visto, creo que has dejado bastante clara tu opinión sobre mi precipitada retirada.

—Temía haber sido demasiado sutil.

—Nunca corriste ese riesgo.

La seriedad le duró apenas hasta que una sonrisa empezó a formarse en su boca. Maia tuvo que contener la suya.

Llevaba horas preparando aclaraciones que se había negado a ofrecer. Sin embargo, al oírlo renunciar a ellas, perdió buena parte de sus motivos para callar.

—Saim forma parte de mi familia.

El alivio de Kenan fue breve, aunque no consiguió ocultarlo por completo.

—Gracias.

—Has dicho que no querías explicaciones.

—He dicho que no iba a pedírtelas.

La expresión de Maia debió de delatarla, porque Kenan bajó la voz.

—No me mires así.

—¿Así cómo?

Él dio un paso hacia ella. No llegó a tocarla, pero la distancia dejó de ser suficiente para fingir que aquella conversación seguía siendo inocente.

—Como si supieras exactamente cuánto me está costando respetar lo que me pediste.

—Podrías haber dicho que no.

—Podría haberlo hecho.

Kenan permaneció donde estaba, lo bastante cerca para alterar la respiración de Maia, pero sin reducir un centímetro más la distancia.

—Y, aun así, aceptaste.

—Porque no necesito estar de acuerdo con tu decisión para respetarla.

La respuesta resultaba más peligrosa que cualquier intento de acercarse.

—No puedes decirme algo así y esperar que yo siga aportando toda la sensatez a este acuerdo.

—Pensaba que te sobraba.

—Empieza a escasear.

Permanecieron separados por el último paso que ninguno parecía dispuesto a dar. Desde el salón llegó una ráfaga de aplausos que devolvió a Maia la conciencia de las personas al otro lado de la puerta.

Kenan retrocedió primero.

—Entonces será mejor que volvamos antes de que se termine del todo.

Esta vez fue Maia quien necesitó unos segundos antes de seguirlo.