CAPÍTULO 13 #3
La risa abierta de Kenan hizo que ambos volvieran la cabeza. Maia ya la había escuchado en su cocina, pero nunca delante de la delegación. La sorpresa de Barış confirmó lo que ella apenas empezaba a intuir: Kenan rara vez se permitía reír de aquel modo en público.
Al descubrirlos observándolo, él arqueó las cejas.
—¿Qué ocurre?
—Nada —respondió Barış, ocultando una sonrisa tras la copa.
La conversación derivó hacia viajes de la fundación, aeropuertos cerrados y reservas equivocadas. Barış contaba las historias que mostraban a Kenan irritado o incapaz de resolver problemas corrientes; él corregía sus exageraciones, pero no intentaba detenerlo.
—En Italia consiguió que nos alojaran en dos ciudades distintas —contó Barış.
—Las reservas las había hecho tu departamento.
—Por eso conozco tan bien la historia.
Maia miró a Kenan.
—¿Y no despediste a nadie?
—Lo pensé.
—No es verdad —dijo Barış—. Nos invitó a cenar porque llevábamos todo el día intentando solucionarlo.
—Estaba comprobando que no volvierais a equivocaros de ciudad.
La seriedad de Kenan solo resistió un segundo antes de que la risa de Maia y Barış terminara por arrastrarlo.
A medida que avanzó la comida, Maia dejó de pensar en Barış como el hombre utilizado para volver inocente la invitación. Participaba, hacía preguntas y llenaba los silencios antes de que pudieran volverse incómodos.
Cuando las risas se apagaron, Barış dejó los cubiertos sobre el plato y miró a Maia.
—Hay algo que llevo varios días queriendo preguntarte. ¿Cómo aprendiste a hablar turco así?
—Con muchos años y bastante insistencia. Empecé gracias a Zeynep, Elvira y su familia. Pasaba parte de las vacaciones con ellos en Çeşme y aprendí para no depender de que me tradujeran todas las conversaciones.
—Me dijiste que habías pasado varios veranos allí —intervino Kenan—. No que hubieras estudiado el idioma de manera formal.
—Cuando terminé mi segunda carrera, viví un año en Turquía para perfeccionarlo y obtener el título.
Kenan guardó silencio unos segundos.
—Tampoco me habías contado eso.
—No había surgido.
—¿Por qué turco? —preguntó Barış.
—Porque los idiomas se me dan bien y tenía con quién practicar. Además, aunque el turco y el euskera no están emparentados, comparten cierta lógica: construyen muchas palabras mediante sufijos y suelen dejar el verbo para el final. Al principio eso me ayudó bastante.
Maia bebió un poco de agua antes de continuar.
—Durante aquel año viví primero con unos familiares de Elvira, pero después alquilé una habitación para obligarme a desenvolverme sola —explicó Maia—. Si me hubiera quedado rodeada de gente dispuesta a ayudarme, habría recurrido a ellos cada vez que no encontraba una palabra.
—Así que elegiste estar sola para no poder abandonar —resumió Barış.
—Elegí no tener una salida fácil. No es exactamente lo mismo.
Kenan sonrió ligeramente.
—Eso sí parece propio de ti.
—¿El qué?
—Elegir la opción más difícil para asegurarte de que funciona.
Maia quiso negarlo, pero Barış asintió como si, después de apenas unos días, dispusiera ya de pruebas suficientes.
—¿Y después regresaste a España? —preguntó.
—Sí. Todavía creía que acumular títulos terminaría aclarándome qué hacer con las dos carreras.
—¿Lo aclaró?
—En absoluto. Por eso ahora tengo también un máster y estoy terminando un doctorado.
La respuesta volvió a provocar una sonrisa en Kenan. Barış lo observó un instante. Su mirada pasó de Kenan a Maia y después al teléfono que él seguía dejando olvidado sobre la mesa.
—¿Y qué harás cuando termines la tesis? —preguntó Barış.
—Está casi terminada. La defensa no podrá celebrarse hasta octubre, pero cuando termine mi contrato de investigación quiero marcharme una temporada a Múnich.
—¿Para mejorar tu alemán? —preguntó Barış.
—Exacto. Y para buscar trabajo allí durante el verano. Volveré para defender la tesis cuando fijen la fecha.
Maia explicó que contaba con algunos contactos y alojamiento para las primeras semanas, pero que el resto tendría que resolverlo al llegar.
Kenan no intervino hasta que ella terminó.
—¿Cuánto tiempo piensas quedarte?
—No lo sé. Dependerá de lo que encuentre.
La respuesta no pareció satisfacerlo, aunque se limitó a tomar la copa de agua.
—Llevo meses preparando un viaje que todos los demás consideran improvisado —añadió Maia—. Según Danielle, es una estrategia de vida; según mi madre, una señal de que he perdido el juicio. Probablemente sea una mezcla de ambas.
Kenan apoyó la espalda en la silla.
—No pareces alguien que deje demasiadas cosas al azar.
Maia sostuvo su mirada.
—No. Por eso considero que hasta mis peores decisiones deben esperar a que termine el contrato.
La diversión que había acompañado la conversación desapareció lentamente de la expresión de Kenan.
—Entonces tendré que asegurarme de seguir siendo una pésima idea hasta el lunes.
Barış miró primero a uno y después al otro, tratando de reconstruir una conversación de la que evidentemente le faltaban varias partes.
—Por ahora estás haciendo un trabajo impecable —respondió Maia.
Kenan rio. Barış dobló la servilleta con deliberada lentitud y la dejó junto al plato.
—Voy a fingir que no necesito ninguna explicación y a pedir la cuenta.