CAPÍTULO 11 #3
Antes de que él pudiera contestar, un responsable de la organización se acercó para acompañarla hasta la plataforma. Aylin se despidió rozándole de nuevo el brazo y se alejó entre los músicos.
Kenan permaneció junto al puesto del café mientras se anunciaba la actuación de aquella noche. Los periodistas se desplazaron hacia el pequeño escenario y el espacio se llenó de voces, indicaciones y movimientos de cámaras.
La presentación del programa cultural dio paso a una breve actuación de Aylin y sus músicos.
No era el concierto previsto para aquella noche, sino dos piezas destinadas a ofrecer a las autoridades y a la prensa una muestra del repertorio.
El acordeón y el violín atrajeron hacia la plataforma a buena parte de los asistentes, mientras el tercer músico marcaba el ritmo con un instrumento de percusión sujeto bajo el brazo.
Aylin cantó la primera pieza mirando al conjunto del pabellón.
Durante la segunda, encontró a Kenan entre quienes se habían detenido frente al escenario y mantuvo la atención en él el tiempo suficiente para que varias personas siguieran la dirección de sus ojos.
Kenan permaneció junto a los demás miembros de la delegación.
Conocía la facilidad con que una mirada sostenida ante las cámaras podía convertirse en una fotografía acompañada de una historia inexistente y no ofreció a los periodistas ningún gesto adicional con el que completarla.
Maia estaba al otro lado del grupo, junto al profesor Demir y la reportera de la televisión vasca.
Al terminar una respuesta, aguardó a que el cámara indicara que había dejado de grabar y condujo al profesor hacia el espacio reservado a las fotografías oficiales.
Si había advertido el interés de Aylin, no lo demostró.
La actuación concluyó entre aplausos y un nuevo movimiento de cámaras. Aylin descendió de la plataforma después de saludar a las autoridades y se abrió paso hasta Kenan mientras sus músicos empezaban a recoger los instrumentos.
—Ahora ya sabes qué vas a perderte si no bajas esta noche —dijo.
—Ya te he dicho que asistiré.
—Has dicho que el concierto figura en el programa. No es lo mismo.
—Es la razón por la que asistiré.
Aylin pareció aceptar la respuesta solo porque los periodistas continuaban cerca. Le alisó con dos dedos una arruga inexistente en la solapa antes de apartarse.
—Entonces procuraré que el programa merezca la pena.
Dos fotógrafos captaron el gesto. Kenan esperó a que ella retirara la mano antes de despedirse de los músicos y reunirse con el resto.
El recorrido continuó durante algo menos de una hora. Maia alternó entrevistas en euskera con consultas de los profesores y mantuvo con Kenan el mismo tono formal de toda la tarde.
Antes de marcharse, el periodista de Euskadi Irratia habló con ella y ambos consultaron sus teléfonos. Kenan vio que Maia anotaba algo en el programa.
De regreso al Ercilla, los profesores comentaron las entrevistas, el café sobre arena y la demostración de ebru . Llegaron cerca de las nueve.
La cena de la recepción oficial se serviría a las nueve y media y el concierto comenzaría una hora después. El programa exigía vestimenta de gala.
Elvira había salido directamente de la feria para cambiarse y comprobar cómo estaba Zeynep. Mientras tanto, la delegación podría localizar a Maia.
Los teléfonos vibraron con el horario y el recordatorio de que debían llevar traje oscuro. Kenan consultó la hora: apenas disponían de media hora para cambiarse.
Entró en el ascensor con Demir y varios profesores. Antes de que las puertas se cerraran, vio a Maia junto al mostrador, atendiendo una pregunta de los últimos miembros de la delegación.
En su habitación, Kenan dejó la acreditación y el teléfono sobre el escritorio. Abrió la maleta, sacó el esmoquin que había llevado para aquella noche y acababa de quitarse la chaqueta cuando el móvil vibró.
La notificación no procedía del grupo.
Maia Madinabeitia.
Maia: Te ha salido otra entrevista. El periodista de Euskadi Irratia que ha hablado con el profesor Demir quiere entrevistarte mañana antes de que salgamos hacia la Cámara de Comercio. Dice que serán diez minutos, aunque los periodistas siempre dicen eso. ¿Te lo confirmo para las ocho y cuarto?
Kenan leyó el mensaje una segunda vez. Seguía tratándose de una cuestión profesional, pero habían desaparecido el señor Gökalp y la corrección medida que Maia mantenía cuando había alguien delante.
Kenan: Confírmalo. Procuraré no darle motivos para alargarla.
La respuesta llegó pocos segundos después.
Maia: Eso dependerá más de tus respuestas que de sus preguntas.
Kenan: Seré breve.
El aviso de que Maia estaba escribiendo apareció casi de inmediato.
Maia: No te he oído serlo todavía, pero voy a confiar en ti.
Kenan terminó de desabrocharse los puños antes de responder.
Kenan: Arriesgado por tu parte.
La confirmación llegó acompañada del horario.
Maia: Entrevista confirmada. Mañana a las ocho y cuarto en el vestíbulo.
La conversación había regresado al terreno práctico, aunque no a la formalidad con la que había comenzado la tarde. Kenan dejó el teléfono junto a la acreditación y continuó cambiándose.