Todo lo que no prometimos CAPÍTULO 11 #2
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CAPÍTULO 11 #2

Kenan reconoció a Aylin Berzeg antes de que llegara hasta él. La cantante, de familia circasiana, había actuado en varios eventos de la fundación y aquella noche ofrecería un concierto en el Hotel Ercilla como parte del programa cultural.

Aylin le tendió ambas manos. En lugar de limitarse a estrechar la que él le ofrecía, la retuvo entre las suyas.

—No esperaba encontrarte aquí.

—Formo parte de la delegación.

—Eso ya lo veo. —La mirada de Aylin recorrió su traje con una lentitud que no pretendía pasar inadvertida—. Podrían haberme avisado antes. Habría ensayado con más entusiasmo.

Los músicos intercambiaron sonrisas contenidas. Kenan retiró la mano sin brusquedad y los saludó uno por uno.

—Creía que no necesitabas incentivos para cantar.

—Depende de quién vaya a escucharme.

Aylin continuó mirándolo mientras le explicaba que acababan de terminar la prueba de sonido en el hotel y que habían acudido a la recepción para participar en la presentación del programa cultural.

Kenan no tuvo dificultad en reconocer el interés. En Estambul había respondido a insinuaciones semejantes con una cortesía suficiente para no alentarlas ni convertirlas en un rechazo innecesario.

Esta vez fue consciente de la presencia de Maia antes incluso de localizarla.

Se encontraba a varios metros, junto a uno de los profesores de la delegación y una periodista que sostenía un micrófono con el distintivo de una televisión local.

Maia escuchaba la pregunta con la carpeta apoyada contra el cuerpo. Cuando la reportera terminó, se volvió hacia el profesor y comenzó a traducir al turco.

Nada en su expresión indicaba que hubiera reparado en Aylin.

Kenan no pudo saber si aquello se debía a que no la había visto o a que estaba cumpliendo con excesiva precisión el límite establecido entre ambos.

—¿Vendrás al concierto? —preguntó la cantante.

—Figura en el programa.

—No te he preguntado si figura en el programa.

Antes de que Kenan respondiera, uno de los responsables de protocolo reclamó su atención. Aylin aceptó la interrupción con una sonrisa y le rozó el antebrazo al apartarse.

—Hablaremos esta noche.

Se reunió con sus músicos sin esperar confirmación.

Kenan observó cómo se alejaba hacia el espacio donde habían preparado una pequeña plataforma para presentar el concierto y después regresó junto a los periodistas.

El recorrido oficial comenzó pocos minutos más tarde.

Los representantes institucionales avanzaron entre los puestos acompañados por las cámaras, deteniéndose ante las demostraciones previstas.

Una de las intérpretes de la organización se situó junto a las autoridades y se encargó de trasladar las explicaciones de los artesanos durante el recorrido.

Elvira y Maia se repartieron a los miembros de la delegación, interviniendo únicamente cuando alguna pregunta se dirigía a ellos o un periodista solicitaba una entrevista.

Al llegar al puesto de ebru , la artesana dejó caer varios pigmentos sobre la superficie de la cubeta.

Abrió los colores con una aguja fina, trazó tallos y pétalos y apoyó después una hoja de papel sobre el agua.

Cuando la levantó, el dibujo había quedado adherido a ella con la nitidez de una impresión.

La intérprete de la organización trasladó al castellano la explicación de la artesana. Después atendió varias preguntas de las autoridades y de los periodistas reunidos alrededor de la cubeta.

Una reportera de una televisión local aguardó a que terminara y formuló una pregunta en euskera. La intérprete vaciló antes de pedirle, en castellano, que la repitiera.

Maia, situada junto al profesor Demir a pocos metros de ellas, intervino.

—Puedo traducirla.

Escuchó de nuevo a la periodista y trasladó la pregunta al turco.

Quería saber si los motivos tradicionales habían cambiado para adaptarse al mercado actual. La artesana respondió mientras señalaba los pigmentos y varias obras ya terminadas.

Maia esperó a que concluyera y se volvió hacia la periodista.

La traducción que siguió no se parecía a ninguno de los idiomas en los que Kenan la había oído trabajar. El euskera tenía un ritmo distinto, sin semejanza con el castellano que escuchaba alrededor ni con el turco que Maia acababa de utilizar.

Ella lo hablaba sin vacilaciones, manteniendo la atención de la reportera mientras señalaba una de las láminas para completar la explicación.

Cuando terminaron, uno de los coordinadores de prensa se acercó a Maia.

—¿Puedes ayudarnos con las entrevistas en euskera? El intérprete asignado ha avisado de que llegará tarde.

Maia miró hacia Elvira antes de responder.

—Siempre que no tenga que alejarme de la delegación.

—Son entrevistas a sus miembros —aclaró el coordinador—. Habíamos previsto hacerlas en castellano, pero dos medios prefieren utilizar el euskera.

—Entonces sí.

Elvira, que no hablaba euskera, había quedado fuera del primer intercambio, aunque comprendió el acuerdo cuando Maia se lo explicó en castellano.

—Ocúpate tú de esas entrevistas —dijo Elvira—. Yo me quedaré con el resto.

No hubo tiempo para organizarse mejor. Un periodista quiso entrevistar a Kenan en castellano mientras otro solicitaba unas declaraciones del profesor Demir en euskera.

Maia dejó al primero con Elvira, que podía encargarse de la interpretación al turco, y se quedó junto a Demir, alternando el turco y el euskera sin esfuerzo aparente.

Kenan sabía desde el principio que dominaba varios idiomas. La había escuchado traducir durante las jornadas y conocía su formación académica. Sin embargo, verla trabajar allí, sin una cabina ni unos auriculares que la separaran del resto, modificaba la impresión.

Maia debía escuchar preguntas formuladas desde distintos puntos, decidir a quién atender primero, recordar respuestas largas y trasladarlas sin perder la intención de quien hablaba. Además, vigilaba que ninguno de los miembros de la delegación quedara aislado.

Cuando terminó la entrevista de Demir, otro periodista se aproximó a Kenan y preguntó si podía atenderlo en euskera.

Maia estaba ocupada con Demir al otro lado del puesto de cerámica, de modo que el hombre esperó a que terminara. Ella se acercó pocos minutos después.

—Disculpe la espera —dijo al periodista.

Después se colocó a un lado, a una distancia suficiente de Kenan para que ambos cupieran en el encuadre sin parecer juntos.

—Cuando quiera.

El periodista formuló la primera pregunta.

Maia la tradujo al turco sin dirigir a Kenan más atención de la imprescindible. Él respondió acerca de la colaboración entre la fundación y las universidades, y ella trasladó sus palabras al euskera.

La entrevista continuó de aquella manera.

Maia conservó el tratamiento formal incluso cuando la cámara dejó de grabar y el periodista se entretuvo consultando algunos datos. No hubo ninguna señal de la mujer que había discutido con él en su habitación ni de la que había permanecido dormida a unas filas de distancia durante el trayecto.

—Gracias, señor Gökalp —dijo cuando terminaron.

—Señorita Madinabeitia.

Ella se apartó para atender a otra persona.

Kenan la siguió con la mirada solo el tiempo necesario para comprobar adónde se dirigía.

Aylin se encontraba ahora junto a la demostración del café y aceptaba una taza de manos de quien dirigía la preparación.

Cuando vio a Kenan, levantó la suya en una invitación y señaló otra que acababan de servir.

Aceptó la invitación y se acercó.

La cantante le entregó el café antes de que pudiera rechazarlo.

—Esta noche no tendrás tantas excusas para escapar —dijo.

—No necesito ninguna excusa. Estoy trabajando.

—Siempre estás trabajando cuando no quieres responder.

Aylin llevó la taza a los labios sin dejar de observarlo. A pocos metros, Maia traducía para una periodista mientras uno de los cámaras modificaba su posición. Maia no volvió la cabeza hacia ellos.

Kenan probó el café. El poso aún no se había asentado y el primer sorbo resultó más espeso de lo previsto.

—¿Quién es? —preguntó Aylin.

Él tardó un instante en comprender que no se refería a ninguna de las autoridades.

—La intérprete que sustituye a Zeynep.

—Eso ya lo he oído. También he visto que llevas diez minutos comprobando dónde está.

Kenan dejó la taza sobre la bandeja.

—Entonces no necesitabas preguntar.

Aylin sonrió. No pareció molesta ni dispuesta a fingir que había interpretado otra cosa.

—Ahora el concierto empieza a interesarme mucho más.