41 Tillie
Tillie
AHORA
Apenas llego al hospital y entrego la bolsa de viaje de Caleb al personal de enfermería cuando Esme me manda un mensaje.
Tillie, tienes que volver. Owen está en apuros.
Está junto al Estanque, comportándose de forma extraña.
Me preocupa su seguridad. Me ha dicho la verdad: que eres su hermana.
No me enfada que no me lo dijeras. Eres como una hija para mí, y nunca te guardaría rencor por algo así.
Estoy segura de que tienes tus razones para haber ocultado su identidad, y hablaremos de eso más adelante, pero ahora mismo necesito que vuelvas deprisa y te reúnas conmigo en el Estanque.
Aprieto el teléfono con fuerza, invadida por el miedo. ¿Qué demonios ha hecho Owen ahora?
¿Acaso no ha hecho ya suficiente?
La enfermera a la que le entregué la bolsa de Caleb me ha dicho que está en la UCI y que no pueden darme información sobre su estado porque no soy familia.
Yo misma mataré a Owen si Caleb no sobrevive.
Después de enterarme de la verdad sobre nuestro padre y Maribel, cuanto menos vea a mi hermano, mejor.
Pero no sé cómo deshacerme de él sin delatarme ante Esme.
Aunque, pensándolo bien, su mensaje suena más comprensivo que furioso.
Nuestra conexión es genuina, y si le suplico que obligue a Owen a marcharse, lo hará.
Podría conseguir que lo encerraran diciendo que fui testigo de cómo intentaba asesinar a Caleb, pero eso implicaría a Lauren, y por lo que vi, ella parecía tan horrorizada como yo por lo que hizo Owen.
En cuanto a por qué Owen le ha contado a Esme que somos hermanos… mi hermano está loco. Nada bueno puede salir de esto, y para alguien tan hábil mintiendo, ha cometido un error monumental.
¿Qué espera conseguir? ¿Que, como Esme me aprecia a mí y él se ha acercado a ella, nos deje la casa si Caleb muere? Está verdaderamente loco. Si Caleb no sobrevive, Lauren heredará su parte.
Lo que significa que corre más peligro a manos de mi demente hermano de lo que cree.
Me martillea la cabeza mientras conduzco de vuelta a la casa, intentando analizar las implicaciones de contarle a Esme la verdad.
¿Me creería? Puede que la conozca desde hace mucho más tiempo que Lauren, pero Lauren es ahora su nieta política, y si Lauren miente y dice que fui yo quien mató a su padre hace todos esos años, que todo el plan de enterrarlo y encubrirlo fue mío, ¿a quién creerá Esme?
Se pondrá del lado de Caleb si él le pide a su abuela que proteja a su esposa, lo que significa que estoy en un aprieto mayor del que creía.
Al girar hacia el camino de entrada, recuerdo la primera vez que llegué a Ghost Gum House y la sensación de que ese lugar guardaba mi destino entre sus paredes.
Resulta que así era, porque si algún día encuentran el cuerpo de Ray…
Aparco y salgo del coche de un salto, desesperada por llegar al Estanque. Haga lo que haga Owen, o diga lo que diga, tengo que detenerlo.
Esme no sabe que Owen intentó ahogar a Caleb deliberadamente, y si se le escapa eso —junto con la revelación de que somos hermanos— me quedaré sin casa y, peor aún, quedaré como una mentirosa manipuladora que ha engañado a Esme durante años.
Salgo corriendo hacia el Estanque, esperando llegar a tiempo de conseguir que mi estúpido hermano mantenga la boca cerrada.
Pero al acercarme, Owen no aparece por ningún lado.
Tampoco Esme. En cambio, veo a Lauren asomada al Estanque, con las manos entrelazadas a la espalda, como si estuviera dando un paseo.
—¡Sharna! —la llamo, y cuando se vuelve, tropiezo.
Su expresión es una mezcla de horror y compasión.
—No te acerques más, Tillie —dice.
Pero la ignoro y echo a correr hacia el Estanque, frenando en seco al borde.
Normalmente no me acercaría tanto; mi miedo innato al agua me mantiene bien alejada de cualquier cosa más profunda que una bañera. Pero esa expresión en el rostro de Sharna me da más miedo que el Estanque.
Cuando veo a Owen flotando boca abajo en el agua, con los brazos extendidos, me espanta que mi primera reacción sea de alivio.
Mi hermano no va a revelar ninguno de mis secretos.
—¿Qué ha pasado? —pregunto.
—No lo sé. Lo he encontrado así. Lo siento mucho, Till.
—Gracias —digo de forma automática—. ¿Quizá le remordió la conciencia por lo que le hizo a Caleb?
—Quizá.
Se acerca de lado a mí.
—¿Lo viste? ¿Viste cómo mantuvo a Caleb bajo el agua?
Asiento.
—Vosotros dos salisteis corriendo y lo dejasteis por muerto.
—No fue mi mejor momento.
—¿Eso es todo lo que tienes que decir?
Se encoge de hombros.
—¿Qué quieres que diga? Sabes que no podemos permitir que vendan esta casa y hemos estado haciendo todo lo posible para impedirlo. De nada sirve acobardarse ahora.
Está sobrenaturalmente tranquila. Despiadada. Helada.
—Caleb no tenía que morir —digo—. Habríamos encontrado otra solución.
—¿De verdad?
Algo en su forma de decirlo me eriza la piel, y mi mirada vuelve a posarse en mi hermano.
La despreocupación con la que me contó que había quemado varias casas y nuestra casa de la infancia con nuestro padre y Maribel dentro.
La indiferencia de su rostro mientras empujaba a Caleb bajo el agua con la rama y lo mantenía allí.
¿Podría un monstruo como ese sentir remordimientos hasta el punto de quitarse la vida?
Lo dudo, y mientras considero la posibilidad de que Lauren le haya hecho a Owen lo mismo que él le hizo a Caleb, siento unas manos en mitad de la espalda.
—Lo siento, Tillie. Has sido como una hermana para mí, la mejor amiga que he tenido jamás —dice Lauren, un instante antes de empujarme hacia delante y hacerme caer de bruces al Estanque.
Aspiro por puro reflejo y trago una bocanada de agua sucia y fangosa. Me agito, intentando que los brazos y las piernas obedezcan a la vez.
Es inútil.
Sé en el momento en que toco el agua que voy a morir junto a mi hermano, y mientras me hundo bajo la superficie, con la oscuridad cerrándose por los bordes de mi visión, deseo no haberme hecho amiga jamás de Sharna Ulverstone.