Todo lo que enterramos 40 Lauren
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Lauren

AHORA

Después de que la ambulancia se lleve a Caleb, Esme insiste en que la acompañe a su dormitorio.

No quiero estar cerca de ella, por miedo a desmoronarme a sus pies entre sollozos y dejar escapar la verdad.

Pero ella exige que haga lo que dice, y no me queda otra opción.

Si Caleb no despierta, tengo su poder notarial —tanto médico como financiero—, así que seré copropietaria en igualdad de condiciones de esta casa.

Lo que significa que jamás aceptaré venderla y mi secreto seguirá a salvo.

—Cierra la puerta al entrar —dice Esme mientras la sigo hasta el dormitorio.

Es la habitación más grande de la casa, con unas vistas increíbles sobre el jardín, hasta el Estanque, y en ese momento comprendo por qué me ha hecho venir aquí.

Lo vio.

Todo.

Y sabe que soy cómplice del asesinato de su nieto.

—Caleb va a estar bien —dice en voz baja, como si mantuviera una conversación intrascendente, pero veo que le tiemblan las manos cuando me hace un gesto para que me siente en la chaise longue junto a la ventana.

—Debería estar con él. —Me llevo una mano al pecho, fingiendo hasta el final—. Soy su mujer.

—Eres una mentirosa y una asesina, y haré que te pudras en el infierno por todo lo que has hecho.

El miedo me serpentea por la espalda. Negarlo sería inútil si vio lo ocurrido, así que recurro a una verdad a medias.

—Sé que tiene mala pinta, que no hiciera nada para detener a Owen, pero estaba en estado de shock. Y jamás habría podido reducirlo. Está como una cabra, es un lunático...

—No me refiero a ese asesinato. —La sonrisa de Esme es escalofriante—. ¿Cómo mataste a tu padre, Sharna?

Me quedo boquiabierta, incapaz de articular palabra mientras mi mente da vueltas.

—¿Sabes quién soy?

Su carcajada áspera no tiene ni rastro de humor.

—Lo sé desde el principio. —Me señala la cara—. ¿Crees que cambiarte el color de pelo y ponerte gafas podía engañarme?

—Pero cómo... —Sacudo la cabeza, aturdida por este giro terrible—. Desaparecí de niña. Tengo un aspecto completamente distinto.

—Reapareciste de adolescente y la historia fue noticia en todo el país. —Se toca la sien—. Nunca olvido una cara.

Podría alargar esto, fingir que no sé de qué habla respecto a mi padre, pero ¿qué sentido tiene? Si Esme conoce mi secreto, estoy perdida de todas formas.

—Me viste enterrar a mi padre —digo, como una afirmación, no como una pregunta.

Ella asiente.

—Soy insomne desde hace décadas, así que os vi a ti y a Tillie arrastrar su cuerpo entre los arbustos que separan nuestras casas, cavar una tumba poco profunda y meterlo dentro.

—¿Por qué no nos denunciaste? ¿Y por qué acogiste a Tillie y la dejaste vivir aquí todos estos años?

Se encoge de hombros.

—Tenía mis sospechas sobre Ray. La manera en que miraba a Caleb cuando era pequeño me ponía en guardia. Y me preocupé cuando reapareciste para vivir con él, así que supuse que había intentado algo contigo y que tú habías reaccionado en defensa propia.

Su expresión dura se suaviza.

—No merecías un juicio ni la cárcel, no después de todo lo que habías pasado.

—Mató a mi madre —digo, pensando que necesito ganarme toda la simpatía posible para evitar que Esme cambie de idea y me entregue ahora a la policía—. Ella le pagó a Fitz para que me escondiera todos esos años y fingió mi secuestro.

—Ya me lo imaginaba. En cuanto a Tillie, no tenía ni idea de qué papel jugaba en todo esto, pero cuando la encontré durmiendo frente a mi puerta a la mañana siguiente, la acogí con la intención de averiguar qué había pasado.

Pero es una amiga leal. Nunca te mencionó, a pesar de mis sutiles tanteos, y ha guardado tu secreto todos estos años.

—¿Pero por qué permitirle quedarse?

No tiene sentido que Esme haya albergado bajo su techo a una posible asesina.

—Algunas personas merecen una segunda oportunidad.

No entiendo la críptica respuesta de Esme, y antes de que pueda interrogarla, añade:

—Supongo que por eso pusiste la mira en mi nieto. Para proteger tu secreto.

Asiento, harta de fingir.

—En cuanto Tillie descubrió que querías vender y que podría haber promotores interesados en comprar, nos entró el pánico, porque habrían remodelado el jardín y descubierto el cuerpo. Así que, cuando sus intentos de acercarse a Caleb fracasaron, di un paso al frente.

La confusión le arruga la frente y yo suelto una risita.

—¿No sabías que Tillie y Caleb se acostaron el año pasado?

—No. —Sus labios se comprimen en una línea de disgusto—. Mi pobre nieto, engañado por dos como vosotras.

Me dan ganas de decir: «Caleb es un ingenuo», pero no tiene sentido provocarla.

—Caleb es un buen hombre y me importa mucho.

A juzgar por su mirada entornada, no me cree. No importa. Si Caleb no sobrevive, seré la nueva copropietaria de la mitad de Ghost Gum House, y con la edad que tiene Esme, tarde o temprano tomaré el control de este lugar de un modo u otro.

Esme también lo sabe. Por eso me mira con idénticas dosis de desdén y miedo.

—¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar para proteger tu sucio secretito? —pregunta.

—No estoy segura de a qué te refieres...

—No diré una palabra sobre dónde está enterrado el cuerpo de Ray si haces lo que te digo.

Nunca pensé que la anciana pudiera intimidarme, pero mientras escucho su plan con un horror creciente, me doy cuenta de que el chantaje es el menor de sus pecados.