Todo lo que enterramos 38 Lauren
91%

38 Lauren

Lauren

AHORA

Llego demasiado tarde.

Cuando alcanzo el Estanque, presencio lo impensable.

Owen está ahogando a Caleb.

Siento un dolor extraño donde debería estar el corazón. No quiero a Caleb. Lo utilicé. Pero era un buen hombre que no merecía morir, aunque yo misma había contemplado esa posibilidad en cuanto vi los papeles de la inmobiliaria sobre el escritorio del estudio.

La venta no puede seguir adelante, pero después de entrar en pánico unos minutos y preguntarme qué demonios podía hacer, decidí redoblar la estrategia del embarazo: fingir uno para, más adelante, sufrir un aborto.

Estoy convencida de que Esme no venderá si insisto en que quiero criar aquí a su bisnieto.

Entonces Tillie me encontró y me envió hasta aquí.

Así que sabe lo que ha hecho Owen.

Cuando llegué, vi a Owen sujetando una gruesa rama de eucalipto mientras mantenía la cabeza de Caleb bajo el agua.

Paralizada por la impresión, lo llamo a gritos. O no me oye, o decide ignorarme. Mientras observo cómo Caleb deja de luchar y Owen arroja la rama antes de echar a correr, pasando a mi lado sin apenas mirarme, no puedo evitar sentir un ligero alivio.

Owen me ha hecho un favor.

Como viuda de Caleb, tengo derecho a su parte de la casa, lo que significa que Esme no podrá vender sin mi consentimiento.

Aunque tampoco querrá hacerlo ahora.

Estará demasiado ocupada llorando a su nieto.

Echo a correr tras Owen y, cuando nos acercamos a la casa, su carrera se convierte en un trote lento que por fin me permite alcanzarlo.

Jadeando, niego con la cabeza.

—¿Qué demonios has hecho?

Lo miro boquiabierta.

—He hecho lo que había que hacer.

Tiene la mandíbula tensa y la mirada desafiante.

—No finjas que tienes el corazón roto.

Suelta una risita burlona.

—Sé por qué te casaste con él.

—No sabes nada de mí.

Ignoro el nudo que empieza a formarse en mi estómago.

Tengo la inquietante sensación de que está jugando conmigo.

—¿Ah, no?

Esta vez estalla en una carcajada y señala el cobertizo del extremo del jardín.

—Sé que no eres mejor que yo, porque tú también mataste a un hombre.

La sangre se me hiela, pero finjo no entender.

Tengo que hacerlo.

Porque si conoce mi secreto, no sé de lo que puede llegar a ser capaz.

—No sé de qué estás hablando.

Entorna los ojos y su sonrisa adquiere un aire depredador.

—No hace falta que te hagas la tonta conmigo.

Sé que mataste a tu padre y lo enterraste junto al cobertizo.

Sé que la única razón por la que te casaste con Caleb fue asegurarte de conservar esta casa para que ningún promotor inmobiliario obsesionado con comprarla removiera ese jardín y sacara a la luz tus pecados.

Sé que obligaste a Tillie a encubrirte, hasta el punto de que lleva años envenenando a Esme para evitar que vuestro pequeño secreto salga a la luz.

Me quedo paralizada.

Conmocionada hasta la médula.

Lo único que tiene sentido es que Tillie me ha traicionado.

¿Pero por qué contárselo precisamente a Owen?

¿Está metida con él?

Me observa con unos ojos fríos, casi reptilianos.

—¿Y bien? ¿Qué tal lo he hecho? ¿Crees que te conozco?

—No sabes una mierda.

Las palabras salen escupidas entre el miedo y la rabia.

Quiero arrancarle los ojos.

Peor aún.

Quiero silenciarlo, igual que él ha silenciado a Caleb.

—¿Sabías quién era yo cuando nos acostábamos? —pregunta, siguiéndome con la mirada como si fuera un gusano retorciéndose bajo un microscopio.

—¿Quién eras?

Estoy completamente perdida.

No entiendo adónde quiere llegar.

—No lo sabías.

Se ríe.

—Pues la broma es para ti, cariño. Yo sí sabía perfectamente quién eras y por eso te mantuve cerca durante tanto tiempo.

Eres una maniática del control, pero fui yo quien provocó nuestro primer encuentro.

Cuando Tillie me contó lo que le habías hecho a tu padre, cuánto tiempo llevaba encubriéndote y el peligro de que todo saliera a la luz, tuve que tomar el control de la situación.

Te atraje con mi dinero y mi vida de lujo porque Tillie me dijo que así sobrevivías: cazando hombres ricos. Y fue demasiado fácil.

Yo te manipulé a ti.

Se señala los ojos con dos dedos y luego me apunta con ellos.

—Necesitaba vigilarte.

—No lo entiendo.

Es la primera verdad que digo en muchísimo tiempo.

—Quizá deberías preguntárselo a tu querida Tillie.

Niega lentamente con la cabeza.

—Mi hermana siempre tuvo muy mal criterio para confiar en la gente.

¿Hermana?

¿Tillie es la hermana de Owen?

Las piezas del puzle empiezan a recolocarse en mi cabeza.

—¡Sorpresa! —dice, abriendo los brazos—. Cuando Tillie no consiguió que Caleb se enamorara de ella y tampoco fue capaz de matar a Esme porque mi hermana tiene el corazón demasiado blando, se puso en contacto conmigo al mismo tiempo que contigo. ¿Sabías que fue ella quien me encontró?

Por lo visto, no sé absolutamente nada.

Durante todo este tiempo creí que era yo quien movía los hilos.

Pero Tillie me ha manipulado.

Sospechaba que quizá estuviera envenenando a Esme, pero oírlo de su boca me deja sin respiración.

La asesina soy yo.

No ella.

¿Por qué llegaría tan lejos para protegerme?

—No tenía ni idea de que fuerais hermanos. ¿Y vuestra otra hermana?

Su expresión se vacía de golpe y la tristeza oscurece sus ojos.

—Eso no es asunto tuyo.

He tocado un punto sensible.

Pero ahora no es el momento de profundizar.

Tenemos que hablar de Caleb y de lo que ocurrirá cuando la policía empiece a investigar este lugar.

Porque todos tenemos algo que esconder.

—No puedo creer que hayas matado a Caleb. ¿No te preocupa que la policía venga a por ti? Tu mujer desapareció, eres el principal sospechoso y ahora muere otra persona estando tú presente.

Endereza los hombros con una arrogancia casi insultante.

—¿Tengo pinta de estar preocupado?

Sonríe.

—Mi mujer no está desaparecida. Está muerta. Y soy más listo que tú y que Tillie porque la escondí en un sitio donde jamás la encontrarán.

—¿La mataste? ¿Por qué?

La pregunta se me escapa antes de poder detenerla.

Qué estúpida soy.

Porque si conozco la verdad, corro el mismo peligro que su esposa.

—Por dinero. La razón número uno por la que la gente pierde la cabeza y hace estupideces.

Su risa resulta inhumana.

—Descubrió lo nuestro. Amenazó con quitármelo todo y dejarme sin un céntimo. Así que me ocupé del problema... y luego me fui a comer contigo.

Horrorizada, intento asimilar que había asesinado a su mujer el mismo día que almorzó conmigo y la policía lo interrogó.

Nunca dejaré de equivocarme con este hombre.

Pero necesito saber por qué estaba tan obsesionado conmigo.

—¿Por qué querías vigilarme?

—Para proteger a Tillie, por supuesto.

Eso es exactamente lo que yo también he hecho todos estos años.

Hay algo que se me escapa.

Antes de que pueda seguir preguntando, unas sirenas rompen el silencio.

Owen mira por encima de mi hombro y frunce el ceño.

—Han llegado demasiado rápido.

La única persona que sabe lo que Owen acaba de hacer es Tillie.

¿Habrá tenido un ataque de conciencia y llamado a la policía?

Aunque eso también la incriminaría.

Me duele la cabeza.

Nada tiene sentido.

—Owen... ¿qué vamos a decir?

—Lo de siempre.

Hace el gesto de cerrarse la boca con una cremallera.

—Nada.

Como si nuestros secretos fueran un juego.

Las sirenas están ya muy cerca.

Me vuelvo y descubro, sorprendida, que no es la policía.

Son los paramédicos.

Lo que significa que quizá Caleb siga vivo.

Owen comprende las implicaciones al mismo tiempo que yo.

Toda la sangre desaparece de su rostro.

Y, por primera vez en mucho tiempo, siento una diminuta chispa de esperanza.

Si señalo a Owen y a Tillie...

Quizá consiga salir indemne.

Aunque es un pensamiento absurdo.

Ellos le dirán a la policía que excave donde está enterrado mi padre.

Y entonces estaré perdida.

¿Cómo han podido llegar los paramédicos tan rápido?

Cuando veo aparecer a Tillie desde la dirección del Estanque, haciéndoles señas para que se acerquen, por fin entiendo.

Mi mejor amiga.

Mi cómplice.

Ha cometido una estupidez monumental.

Y todos vamos a pagar las consecuencias.