35 Caleb
Caleb
AHORA
El mordisco del agua helada me despierta de golpe.
Parpadeo, incapaz de ver más allá del marrón turbio del Estanque.
Los pulmones se me contraen, asfixiándome, mientras intento gritar y el agua se me cuela a borbotones por la boca abierta.
¿Cómo he llegado aquí? ¿He sufrido otra laguna?
Lo último que recuerdo es estar hablando con Tillie en la orilla del Estanque.
Y ahora estoy bajo el agua.
¿Está intentando matarme?
Pataleo y agito los brazos desesperadamente mientras puntos negros bailan en los bordes de mi visión. Me impulso hacia arriba con todas mis fuerzas, rompo la superficie y aspiro aire a bocanadas. Lo veo todo borroso, pero distingo una figura a unos treinta metros de distancia, observándome.
Pedir ayuda no sirve de nada.
Quienquiera que sea, es responsable de que me encuentre en esta situación.
Aun así, el instinto de supervivencia se impone y grito.
Solo consigo emitir un gorgoteo.
Lo intento otra vez.
Más fuerte.
Pero vuelvo a hundirme.
Algo pesado me empuja la cabeza desde atrás.
Alzo una mano y mis dedos encuentran una rama gruesa apoyada sobre mi coronilla, obligándome a permanecer bajo el agua.
Más hondo...
Más hondo.
Intento apartarme nadando, pero la rama no cede. Quien la sostiene es más fuerte que yo... o quizá soy yo quien ya está demasiado débil por toda el agua que he tragado.
Al poco, dejo de luchar.
La oscuridad invade mi visión como una nube.
Y me quedo ciego.
Sin poder respirar.
Mi último pensamiento es para la abuela.
Y para el peligro en el que está.