28 Lauren
Lauren
AHORA
Todos en esta casa tienen secretos, lo cual es comprensible, teniendo en cuenta que casi todos sus habitantes huyen de algo o de alguien.
Pero hay una corriente subterránea que no me gusta.
Tengo la sensación de que me observan.
No es una persona en concreto ni un incidente específico, sino una aprensión general que me eriza la nuca cada vez que entro o salgo de una habitación, aunque esté vacía.
Esme me ha acogido en su casa y en su vida, tal como yo quería, pero tengo la impresión de que es más aguda de lo que Caleb cree.
Él tiene dudas sobre su lucidez mental y sobre la influencia que los demás residentes ejercen en ella, pero estoy empezando a preguntarme si su abuela es más astuta de lo que aparenta.
Como ahora mismo, por ejemplo.
Tillie y yo estamos desyerbando el huerto. La jardinería no es lo que más me gusta, como ya le comenté a Esme cuando llegué. Sin embargo, ella me sugiere con frecuencia que ayude a Tillie aquí fuera, y no tengo claro cuál es su intención.
¿Está intentando obligarnos a hacernos amigas?
¿Sabe más cosas sobre mí de lo que aparenta?
No sé cómo sería posible, pero, en cualquier caso, tendré que esforzarme más por mantener a Esme de mi lado.
Es fundamental que mi plan salga a la perfección.
Para lograrlo, tendré que insinuar que pienso continuar el linaje McDougal.
A todas las abuelas les gustan los niños, ¿no? Es mi carta de triunfo, y no puedo jugarla demasiado pronto. Pero le he ido lanzando indirectas a Esme, como «esta habitación sería perfecta como cuarto de bebé» o «¿hay buenos colegios por aquí?».
Cada vez que digo algo así, los ojos de Esme se iluminan, así que sé que cederá cuando por fin le dé «la noticia» de que quiero formar una familia aquí y de que se me parte el corazón solo de pensar en que venda la casa familiar de Caleb.
En cuanto al resto de los habitantes, Ria me intriga. Por lo general se me da bien leer a las personas, pero hay algo en ella que me pone en guardia. A menudo la encuentro mirándome fijamente, como si le hubiera hecho algún daño. Es desconcertante.
Siempre anda cerca de Owen, y una pequeña parte de mí se pregunta si él habrá abierto la boca y le habrá contado que tuvimos algo. Pero no es tan tonto, ¿verdad?
Sigo sin saber su historia ni cómo acabó aquí.
Busqué información sobre su mujer en internet y no encontré gran cosa.
Es una persona desaparecida y el caso sigue abierto, lo que significa que Owen probablemente sea el principal sospechoso de la policía y por eso se esconde aquí.
Sorprendentemente, nunca volvieron a contactar conmigo.
Pensé que lo harían, dado que yo había sido la otra, pero quizá no tenían pruebas de la implicación de Owen en la desaparición de su mujer y no creyeron que yo tuviera nada útil que aportar.
Sé que tarde o temprano tendremos que hablar, pero con ojos por todas partes necesito ir con cuidado. Lo último que necesito es que Esme o Caleb empiecen a sospechar de mi relación con Owen.
De todas las personas de la casa, Tillie es la que más me observa. Su resentimiento por haberme casado con el hombre al que sigue deseando de forma tan evidente se nota en cada mirada de reojo, en cada mirada fulminante que cree que no veo.
Pero es a ella a quien necesito tener más cerca. Tillie es la clave para ganarme la confianza de Esme; lo sé con certeza. Esme trata a Tillie como a una nieta, y dado el tiempo que lleva viviendo aquí, su estrecha relación no me sorprende.
—Eso que estás arrancando no es una mala hierba, es una plántula de zanahoria. —Tillie señala la diminuta plantita que he sacado de la tierra y frunce el ceño—. No sabes mucho de jardinería, ¿verdad?
No pretendo saber, y esbozo una sonrisa forzada.
—Nunca ha sido lo mío.
—La vida en la ciudad, claro.
—Sí, vivir en un piso no te da muchas oportunidades de hacer jardinería.
—¿No tienen algunos barrios del centro huertos comunitarios?
—Sí, pero yo viví en Sídney y luego en el CBD de Melbourne, así que compraba la fruta y la verdura en el supermercado que había debajo de mi edificio en ambas ciudades.
—Nunca sabe igual —dice, mirándome como si estuviera loca por envenenarme el cuerpo con productos del súper.
—Estoy de acuerdo. —Me paso la mano por el estómago—. No había comido tan bien hasta que llegué aquí.
Se quita un guante de jardinería para apartarse el pelo de la frente.
—¿Cuánto tiempo vas a quedarte?
El que haga falta.
Digo:
—Esme es la única familia de Caleb, y quiero conocerla bien.
Sus ojos se entrecierran con desconfianza.
—Lo entiendo, pero para alguien que ha vivido en la ciudad, ¿no te aburres?
—¿Y tú?
Se echa hacia atrás como si le hubiera clavado una estaca de jardín, así que añado:
—Me refiero a que llevas mucho tiempo viviendo aquí. ¿Nunca has querido explorar lo que hay más allá de Amberfield?
El miedo le nubla los ojos.
—He visto lo que hay más allá de este pueblo y estoy más segura aquí que en cualquier otro sitio.
—Lo entiendo.
Porque en el momento en que puse un pie en esta casa, sentí lo mismo.
Que por fin puedo dejar de correr.
Tiene poco que ver con la casa en sí, y mucho con lo que representa.
Una forma de proteger mi futuro.
Un camino hacia adelante.
Una manera de enterrar el pasado de una vez por todas.
—¿Cuándo se va Caleb?
Tillie no tarda mucho en volver a su tema favorito.
—Está empezando un nuevo proyecto, así que esta semana.
Inclina la cabeza hacia un lado, estudiándome.
—¿No lo vas a echar de menos? Es raro que dos recién casados pasen tanto tiempo separados.
—Nuestra relación es sólida.
Y yo tengo la plena certeza de que cuanto más tiempo pase mi marido fuera, mejor. Ahora que me estoy afianzando en Ghost Gum House y mi plan está en marcha, cada vez me resulta más difícil fingir que quiero a mi nuevo marido.
Tengo la suerte de que Caleb es un buen hombre y me resulta atractivo. Pero después de fingir mi obsesión para embaucarlo y lograr que se casara conmigo a toda prisa, mi entusiasmo va decayendo.
Caleb nunca sabrá que Steve volvió a ayudarme una vez más. Se coló en los sistemas de una importante empresa de consultoría y creó un proyecto con la condición de que Caleb lo dirigiera. Al día siguiente, su jefe lo llamó para darle la buena noticia.
Buena para mí, dado que significa que Caleb tendrá que quedarse en la ciudad mientras yo me dedico a ganarme a su abuela para influir en la decisión que tome sobre esta casa.
Lo que mi marido no sabe no puede hacerle daño.
En cuanto a Tillie, puedo con ella. Puedo lidiar con los celos residuales que le produce que yo sea la mujer de Caleb. ¿Con lo que no puedo lidiar? Con las dudas sobre mi objetivo y sobre en quién puedo confiar lo suficiente dentro de esta casa para conseguirlo.