19 Lauren
Lauren
ENTONCES
Caleb está perdidamente enamorado.
Y yo puedo volver a respirar.
Ellos conocen mi plan ahora y creen que es brillante. Si mi relación con Caleb sigue el curso previsto, nuestro secreto permanecerá a salvo.
Él es de los que se casan. Ya lo hemos hablado varias veces. Solo llevábamos doce semanas saliendo cuando lo mencionó por primera vez, y desde entonces ha vuelto a sacar el tema en más de una ocasión.
Ahora ya no puedo esperar más.
Ellos me han llamado esta mañana y el peligro es inminente.
Tengo que actuar.
Ya.
—Me encanta este puerto —digo, apoyándome en Caleb y presionando el pecho contra su brazo—. Y te quiero.
Él sonríe y me besa la frente.
—Y yo a ti.
—¿Sabes una cosa? Si algún día nos casamos, me gustaría que fuera exactamente así. —Abro el brazo de par en par, abarcando el paisaje—. Tú y yo, en un yate, con el capitán oficiando la ceremonia y la tripulación como testigo.
Él se incorpora, apartándome sin querer en el proceso.
—¿Lo dices en serio?
—Claro. No necesito todo el alboroto de una boda. —Le acaricio la mejilla con la palma de la mano—. Solo quiero que seas mi marido.
—Entonces hagámoslo.
Finjo desconcierto durante un instante.
—¿Hacer qué?
—Casarnos. Ahora mismo.
Su expresión es tímida, casi avergonzada.
—Hace unas semanas empecé con los trámites legales porque pensaba pedirte matrimonio este fin de semana.
—¿Hablas en serio?
Asiente.
—Eres la mujer de mi vida, Lauren. Me encanta todo de ti.
Me besa.
—Te quiero. Así que, si quieres casarte en un yate, ¿a qué estamos esperando?
—Eres increíble.
Le echo los brazos al cuello y escondo la cara contra su pecho para ocultar mi sonrisa de triunfo.
—¿Eso es un sí?
Me aparta con suavidad y asiento.
—Es un sí rotundo.
Su risa rebosa felicidad mientras me levanta en volandas y me hace girar.
Mi alegría no es fingida, porque esto es exactamente lo que quiero.
Durante nuestra relación he descubierto que a Caleb no le gusta que le digan lo que tiene que hacer, así que, si lo conduzco con delicadeza hacia el resultado que deseo y él cree que la idea ha sido suya, nuestra vida resulta mucho más sencilla.
Y eso es precisamente lo que acaba de ocurrir con su espontánea proposición.
¿Quiero casarme con él y quedar unida para siempre a un hombre al que no amo?
Ni hablar.
Pero no tengo alternativa. Casarme con Caleb es la única forma de garantizar que mi secreto permanezca a salvo.
Porque, en cuanto me deslice una alianza en el dedo, estaré un paso más cerca de abrirme camino hasta el centro de su vida. Él tiene algo que yo quiero, y nada va a impedir que lo consiga.
Cuando Caleb me deja de nuevo en el suelo y me sostiene a cierta distancia para contemplarme el rostro, le dedico la sonrisa más radiante que soy capaz de fingir.
—¿Estás segura de esto, Lauren?
—Completamente. —Apoyo la palma de la mano sobre su pecho, justo encima del corazón—. Soy tuya, así que hagámoslo oficial.
El brillo de las lágrimas en sus ojos hace que me sienta la peor persona del mundo por el engaño que estoy perpetuando, pero sofoco ese inesperado ataque de culpa.
Lo hago por ellos y por mí.
Por la amistad que nos une en los buenos y en los malos momentos.
No merecemos ser castigados por nuestros pecados.
—Voy a hablar con el capitán y vuelvo enseguida. —Me besa—. No cambies de idea y te tires por la borda, ¿de acuerdo?
—Ni de broma.
No he llegado hasta aquí para echarme atrás en el último momento.
Mientras Caleb habla con el capitán, que sonríe como si fuera su propio hijo quien estuviera a punto de casarse, saco el móvil del bolso y envío un mensaje.
Me caso en unos minutos. Misión cumplida. Nos vemos pronto.
Puede que mi prioridad sea proteger nuestro secreto, pero reunirnos de nuevo es un regalo añadido. Son mi familia elegida y, como ocurre con la mayoría de las familias, haré cualquier cosa por proteger lo que es mío.