Todo lo que enterramos 12 Tillie #2
29%

12 Tillie #2

¿Es Sharna tan ingenua? ¿Ha cuestionado alguna vez su historia? Ninguna adolescente se creería el cuento de Fitz como la verdad, lo que significa que Sharna podría ser corta, tonta, o las dos cosas.

Aunque Sharna no parece tenerle miedo. Simplemente parece inocente, mientras que las vibraciones que desprende Fitz son malas. Muy malas.

—¿Te gusta vivir aquí?

—No. —No duda, y eso me dice más que cualquier cosa que pueda añadir—. No tengo amigos, estudio por internet bajo la atenta mirada de papá, no puedo acceder a la red libremente y no salimos a ningún sitio. Me aburro muchísimo.

Lo que estoy a punto de hacer es una imprudencia, pero tengo conciencia y no puedo dejar a Sharna aquí.

Ya he abandonado a mis hermanos.

No puedo abandonar a Sharna también.

Además, Wayne y Maribel son duros y listos, como yo. Sharna no se entera de nada si cree que Fitz es su protector y salvador.

—¿Quieres hacer algo divertido conmigo? —pregunto, sabiendo que tengo que ir con cuidado para no asustarla. No es tan espabilada como yo. Si lo fuera, no estaría viviendo con un psicópata y llamándole papá.

Sus ojos se iluminan.

—Sí, ¿cómo qué?

Me acerco más, como si fuera a revelarle un gran secreto.

—Me voy de viaje, pero estoy sola, y creo que sería muchísimo más divertido si vinieras conmigo.

Se echa hacia atrás como si le hubiera metido un dedo en el ojo.

—¿Quieres decir escaparnos?

—Yo prefiero llamarlo divertirse por libre, sin que adultos mandones te digan lo que tienes que hacer.

Sus ojos están muy abiertos de asombro, pero está reflexionando, porque vislumbro un atisbo de rebeldía.

—¿O sea que no le digo a papá lo que voy a hacer?

—Ni hablar. Solo intentaría frenarnos.

Asiente.

—Tienes razón. Estoy harta de que me diga lo que puedo y no puedo hacer. Los padres son de lo más controladores.

—El mío también es así, por eso me he ido de viaje.

No me gusta hablar de mi vida en casa, pero para ganármela, tengo que darle una pizca de sinceridad. Además, necesito saber de antemano exactamente cuánto trauma carga.

—Pero mi padre no solo era mandón. Me hacía daño. Muchas veces.

—Qué triste. —A Sharna se le caen las comisuras de la boca—. Fitz no me ha hecho daño, pero la forma en que me controla a veces me da ganas de gritar.

Quisiera abrazarla aliviada de que no haya sido maltratada. Pero aunque Fitz no la haya dañado físicamente, la tortura emocional y mental a la que la ha sometido, sin mencionar lo de sus padres biológicos, es reprobable.

—Entonces está decidido. Vienes conmigo —digo, dándome cuenta a posteriori de que las dos juntas llamaremos menos la atención que yo sola huyendo.

Pienso rápido, así que puedo enfrentarme a cualquier pregunta inoportuna de adultos entrometidos, y prepararé a Sharna con un discurso para que tampoco nos descubra.

En cuanto a que Fitz venga a buscarnos, lo dudo mucho. No puede denunciar a Sharna como persona desaparecida porque los últimos a los que querría involucrar son a la policía, y si se ha esforzado tanto en esconderla aquí durante años, ¿cómo puede pedir ayuda?

Sharna merece ser libre, y si sus padres siguen por ahí… esto podría ser mi redención. Ayudar a alguien que no puede ayudarse a sí mismo. Y quizá sirva para calmar un poco el dolor de alma que siento por no volver a ver a mi hermano y mi hermana.

—Bien, aquí está el plan —digo—. Ve a preparar una mochila con algo de ropa, vaqueros, camisetas, ropa interior, y el dinero de la paga que tengas. Y si puedes meter algo de comida como barritas de proteínas, hazlo también.

—Puedo hacerlo. —Su emoción es palpable—. No tengo mucha paga, unos veinte dólares, ni tampoco móvil, pero sé dónde puedo conseguir más dinero.

Claro que no tendría acceso a un móvil. Eso pondría en peligro a Fitz si hacía amigos en internet que le hicieran demasiadas preguntas o buscara información sobre sí misma.

No me sorprende que esté escolarizada en casa, con él controlando su acceso a la red y permitiéndoselo solo para las clases. Imbécil.

Arruga la nariz.

—Paro eso significa que tendré que robarle a papá.

Vaya. Tengo que ir llevándola poco a poco, mientras que yo llevo años guardando dinero de mi padre, ese cabrón.

—Si no te ha dado mucha paga en todos estos años, técnicamente no es robar. Es coger lo que te deben.

—Es verdad. —Un brillo travieso le ilumina los ojos y exhalo aliviada—. Y eso significa que me debe mucho, así que cuando coja la recaudación del último mes, no será tan grave.

El corazón me da un vuelco.

—¿Cuánto vas a coger?

—La mayoría de los que vienen de fuera pagan con tarjeta, pero muchos lugareños, los mayores, siguen usando efectivo. Papá lo guarda en una caja de seguridad, pero sé dónde esconde la llave.

No ha respondido a mi pregunta de cuánto dinero va a coger, pero me da igual. Será más que mis míseros doscientos dólares y, con un poco de suerte, bastará para pagarnos billetes de autobús o tren para salir del estado.

—Bien, ve a buscarlo todo y yo esperaré aquí para distraer a tu padre si creo que va a salir de la tienda.

—No saldrá de la tienda. Soy la única que le cubre si necesita salir a la parte de atrás.

—De acuerdo. Pues date prisa porque tenemos que irnos e intentar que alguien nos lleve.

No entiendo su amplia sonrisa.

—No hará falta.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Mrs. Modd viene aquí a la misma hora todos los miércoles.

Llegará en cinco minutos, y es la única persona en la que papá confía para cuidarme.

Incluso la deja llevarme a Lurcheron a veces, nuestro pueblo más cercano, para hacer compras de chicas, así que eso es lo que haremos.

Si le digo que voy con ella porque me ha bajado la regla, no lo cuestionará, y nos dará horas de ventaja porque no entrará en pánico buscándome.

Vaya. Quizá Sharna es más lista de lo que le doy crédito.

—Tu padre no puede vernos salir juntas con ella, así que me voy ahora y camino hacia el pueblo, y cuando estés con Mrs. Modd, podéis parar a recogerme, ¿de acuerdo?

—De acuerdo.

Veo a Fitz mirándome por la ventana de la estación de servicio, así que hago un gran aspaviento de saludarle con la mano antes de alejarme de Sharna.

—Hasta ahora, ¿vale?

Sharna asiente, pero le tiembla el labio inferior.

—Tengo un poco de miedo.

—Yo también tengo miedo.

La admisión es parcialmente cierta, pero no puedo reconocer mi miedo, porque si se apodera de mí, nunca dejaré atrás Nueva Gales del Sur y mi vida anterior.

—Va a ser una gran aventura —digo, forzando una sonrisa—. Ya verás.

Vislumbro confianza en los ojos de Sharna, y me pregunto: ¿me la merezco cuando apenas me fío de mí misma?