11 Caleb
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Caleb
SIETE MESES ANTES
Ala mañana siguiente, tras haber dormido sorprendentemente bien, estoy a punto de bajar cuando oigo una voz grave al otro lado de mi puerta. La entreabro a tiempo de ver a Owen tenderle el codo a la abuela.
—Deja que te ayude —dice con expresión solícita.
A la abuela le fastidia que alguien ponga en duda su fortaleza, así que espero que lo espante. En cambio, asiente y enlaza su brazo con el de él.
—Eres muy amable, jovencito.
Atónito, salgo de mi habitación y los veo bajar las escaleras. La abuela se mantiene firme sobre sus pies, gracias a Dios, pero se apoya en Owen como si estuviera a punto de perder el equilibrio.
Nunca he visto a la abuela indefensa, así que no sé si está enferma y le he atribuido el cansancio al agotamiento, o si ha llegado a depender de Owen, tal como me dijo Tillie cuando llegué ayer.
Si es lo segundo, me preocupa. ¿Ha sido Owen quien le ha metido en la cabeza la idea de vender? ¿Es por eso por lo que está haciendo lo impensable y desprendiéndose del único hogar que ha conocido? ¿Cree Owen que sacará provecho económico de la venta?
No quiero quitarle autoridad a la abuela, pero quizá tenga que pasarme a ver a su abogado mientras esté aquí, solo para asegurarme de que no ha cambiado el testamento.
Aunque Tillie me habría dicho algo así. A no ser que ella tampoco lo sepa, en cuyo caso Owen es más retorcido de lo que ninguno de los dos sospechamos.
Decidido a descifrar la situación, bajo al comedor, donde encuentro la mesa llena. Todos los asientos están ocupados y todas las miradas se vuelven hacia mí al entrar. Owen frunce el ceño al verme, aunque ese gesto desaparece al instante cuando se acerca a mí con la mano tendida.
—Me alegra verte, Caleb —dice, apretándome la mano con una fuerza innecesaria—. ¿Cuánto tiempo te quedas?
—Tenía un proyecto importante que supervisar, pero ahora que está terminado, pienso quedarme más tiempo en cada visita y venir con más frecuencia.
Veo un destello de rabia en sus ojos antes de que parpadee y lo borre, y sé que mis sospechas sobre este tipo están justificadas. Está tramando algo, y eso pasa por congraciarse con mi crédula abuela.
No es que ella se deje engañar fácilmente, pero quizá una visita a su médico no estaría de más. Una exploración física y mental completa disiparía mis temores. Anoche parecía despejada, pero ¿quién sabe cómo está cuando yo no estoy?
Si no me hubiera liado con Tillie, podría pedirle que fuera mis ojos y mis oídos, pero no quiero fomentar ninguna intimidad entre nosotros; si le confío mis preocupaciones sobre la abuela, malinterpretará la situación y creerá que dependo de ella.
—Hola, Caleb —Gianna saluda con la mano, con una sonrisa genuina.
Con su lustrosa melena oscura que le llega a media espalda, sus grandes ojos color avellana y sus marcados pómulos, resulta intimidantemente atractiva, pero el miedo residual que asoma fugazmente en su mirada indica que huye de algo o de alguien.
Lleva cuatro años viviendo aquí y llegó al mismo tiempo que Evelyn, que siempre va pegada a su lado. Ev es todo lo contrario a Gianna: rubia, ojos azules, cara redonda, y su mirada es desafiante, como si esperase lo peor y estuviera lista para plantarle cara.
Evelyn me lanza una mirada torva antes de esbozar una sonrisa forced, mientras Tillie se levanta y hace sitio a su lado para poner una silla más.
—Ven a conocer a todo el mundo —dice la abuela, haciéndome señas para que me siente a su izquierda, porque Owen está instalado a su derecha.
Su mano derecha.
No si puedo evitarlo.
—Caleb, te presento a Peony, Jas, Ria, Magda y Des —la abuela señala a los recién llegados uno a uno—. Todo el mundo, este es mi nieto, Caleb.
Se oye un coro de saludos y yo sonrío mientras voy mirando a cada uno en el orden en que me los han presentado.
Las chicas son jóvenes, de la edad de Tillie más o menos, y todas llevan la misma expresión recelosa.
Curiosamente, Ria es el vivo retrato de Tillie.
Tienen una estructura ósea similar, aunque Tillie tiene el pelo pelirrojo y los ojos azules, mientras que Ria los tiene castaños.
Pero sus rasgos son tan parecidos que podrían ser hermanas.
Des es el que desentona. Tiene unos treinta años y el ceño permanentemente fruncido.
Mantiene los ojos clavados en el plato, y eso para mí es una señal de alarma.
Un hombre incapaz de mirar a otro a los ojos tiene algo que esconder.
La abuela da unas palmadas para llamar la atención.
—Venga, comed todos. Y luego, todos al jardín, que quiero que quede bien arreglado.
Se vuelve hacia mí y me guiña un ojo, porque los dos sabemos por qué quiere el jardín en perfecto estado. La pregunta es: ¿por qué mi abuela no está más afectada por la venta de Ghost Gum House?
Aunque la abuela y Tillie se encargan de la mayor parte de la cocina, también hay un turno rotatorio para que todo el mundo comparta la carga de preparar las comidas.
Quien haya hecho las torrijas esta mañana sabe lo que se hace.
Con fresas del jardín y miel de producción local por encima, están deliciosas.
Antes de que pueda levantarme a hacerme un café, Tillie coloca una taza humeante delante de mí, y le sonrío agradecido, incómodo al notar que todas las miradas se posan en nosotros.
Por suerte, también les pone una taza a la abuela y a Owen, así que no parece que me esté favoreciendo.
Lo último que necesito es que todo el mundo me trate de manera diferente, no cuando tengo intención de indagar un poco para descubrir qué hay detrás de la repentina fragilidad de la abuela.
Anoche, tumbado en mi vieja cama llena de bultos sin poder dormir, había imaginado toda clase de escenarios inverosímiles, desde que alguno de los inquilinos estuviera envenenando a la abuela con la esperanza de acceder a su dinero, hasta que alguna enfermedad insidiosa la estuviera consumiendo antes de que fuera demasiado tarde.
Una locura, porque aunque anoche la abuela parecía cansada, conservaba todas sus facultades, así que darle vueltas a distintos escenarios desagradables no sirve de nada.
Hoy hablaré con ella sobre pedir cita con el médico para una revisión, para quedarme más tranquilo.
El comedor está en silencio y me siento como un intruso mientras algunos de los recién llegados me lanzan miradas suspicaces.
Evelyn y Gianna charlan en voz baja, y Tillie va de un lado a otro como una anfitriona, con movimientos extrañamente entrecortados, como si estuviera actuando en una obra de teatro.
Entorno los ojos cuando veo a Owen inclinarse hacia la abuela para deslizar medio trozo de torrija de su plato al de ella y luego rociarlo con miel.
Si alguien no conociera nuestra relación, pensaría que Owen es el nieto de la abuela, no yo, y estoy más decidido que nunca a averiguar qué ha estado pasando aquí durante mi ausencia.
En el lado positivo, si la estuviera envenenando, como irracionalmente sospeché anoche, acaba de darle la mitad de su torrija, lo que significa que mi suposición iba muy desencaminada.
La abuela le da las gracias a Owen mientras coge el cuchillo y el tenedor, pero se limita a marear la comida por el plato sin llevarse ni un bocado a la boca, lo que significa que su apetito ha disminuido al mismo tiempo que sus fuerzas.
La idea de perder a la única persona que ha ejercido de madre y padre para mí durante décadas me hace un nudo en la garganta, y doy varios tragos de café antes de poder hablar.
—¿Quién está listo para ponerse con el jardín?
El brazo de Tillie se dispara hacia arriba como si respondiera a una pregunta en clase.
—Yo me encargo de coordinar la limpieza, así que todos los que vayan a ayudar que se reúnan conmigo junto al cobertizo y les asignaré las tareas.
—Gracias, Till —digo, pero ella ya se ha ido, prácticamente saliendo disparada por la puerta trasera.
—Tillie se cree la jefa de jardinería —dice Evelyn, poniendo los ojos en blanco—. No nos deja podar una rosa ni coger un manojo de cebollinos sin su visto bueno.
—Supongo que lleva aquí más tiempo que nadie y se siente responsable —digo, aunque el comentario mordaz de Evelyn me recuerda aquella vez que traje a casa un limonero que regalaban en la ferretería del barrio y quería plantarlo junto al cobertizo, en el rincón más alejado del jardín.
Tillie se puso histérica, diciendo que yo no tenía ni idea de jardinería y que el árbol se moriría en ese sitio, así que lo plantamos juntos no muy lejos de la puerta trasera.
Nunca me había parecido mandona, pero aquel día de hace unos años me abrió los ojos.
Me hizo darme cuenta de que la inquilina más veterana de la abuela probablemente había llegado a querer este lugar tanto como yo.
Tillie considera que esta es su casa, lo que me hace preguntarme cómo lo llevará cuando tenga que marcharse en breve.
A juzgar por su reacción de anoche cuando lo mencioné, no le hace ninguna gracia.
—Caleb, hay algo que quiero enseñarte —dice la abuela, y aprieto los dientes cuando Owen la ayuda a levantarse como si fuera una inválida.
—Claro. —Recojo mi plato y el suyo y los llevo a la cocina, donde los aclaro y los coloco en el lavavajillas, como se espera que haga todo el mundo.
Cuando me doy la vuelta, Owen está justo detrás de mí, demasiado cerca, y aspiro bruscamente antes de dar un paso atrás.
—Estoy preocupado por tu abuela —dice en voz baja, con una mirada rápida por encima del hombro—. No está siendo ella misma.
Le estudio detenidamente, buscando el menor indicio de que lo está haciendo para despistarme, de que él está detrás de lo que le pasa a mi abuela.
Pero su expression es abierta, sus ojos nublados por la preocupación.
—Tenemos mucha confianza, pero no me quiere decir qué le pasa.
Tengo dos opciones. Darle una falsa sensación de seguridad para que confíe en mí, o tratarlo como a un sospechosos. Me decanto por la opción más inteligente.
—Gracias por cuidar de ella, Owen. Significa mucho, sobre todo cuando yo no he podido estar tan presente como me gustaría. Sí que parece más frágil.
—Me alegra que hayas vuelto —dice Owen, con la mirada desviada hacia la ventana que tengo detrás y que da al patio—. Hay un ambiente raro en la casa últimamente.
—¿Qué tipo de ambiente?
—Como si todo el mundo caminara sobre cáscaras de huevo. —Owen se estremece—. Como si algo malo estuviera a punto de pasar.
Se me eriza el vello de la nuca. No soy supersticioso y no le doy mucho crédito a la intuición, pero tengo la sensación de que Owen es sincero, y si lo es, ¿qué demonios está pasando aquí?