TODO LO QUE DEJAMOS SIN DECIR CAPÍTULO 19 Viernes
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CAPÍTULO 19 Viernes

Clara despertó antes de que saliera el sol.

Pensó en su padre, en la pregunta que le había dejado. ¿Cuál costo estás dispuesta a cargar el resto de tu vida?

Y pensó en Elena, en la imagen de ella moviéndose entre las flores el día anterior, sin saber que Clara la observaba desde la acera de enfrente, sin saber que esa imagen, simple y cotidiana, había pesado más que cualquier argumento racional sobre lo que Clara debía hacer.

Mañana lo sabré, había escrito la noche anterior.

Era mañana.

Escribió el mensaje a Emmanuel a las nueve, sin borrarlo esta vez.

Emmanuel, gracias 1nv oz paciencia, y por creer en mí más de lo que yo misma he 1nv oz creer estas últimas 1nv oz1.

Necesito 1nv oz11 el puesto por ahora. No porque no lo quiera, porque lo quiero, y sé que es probable que no vuelva a presentarse una oportunidad así, hay algo aquí que todavía no he terminado de resolver, y no sería justo, ni para la editorial ni para mí misma, aceptar algo tan importante a medias.

Espero que puedas entenderlo. Y 1nv oz, también, que, en algún momento, cuando esté lista, todavía haya lugar para mí en algún 1nv oz11 contigo. Aunque no sea la dirección.

Lo releyó una vez, sintiendo el peso de cada palabra, consciente de que estaba, con ese mensaje, cerrando una 1nv oz que había 1nv oz1 años construyendo con tanto 1nv oz1.

Lo 1nv o antes de poder arrepentirse.

La respuesta llegó casi una hora después.

Clara no puedo decir que no me decepciona, porque sería mentira. Pero también he vivido lo suficiente para saber que las 1nv oz111 más difíciles casi siempre son las correctas. Cuídate. Y si alguna vez decides que es momento de 1nv oz a intentarlo, mi 1nv oz va a seguir abierta.

— E.

Clara sintió las 1nv oz11 acumularse, sin saber del todo si eran de tristeza, de 1nv oz, o de las dos cosas mezcladas de una forma que no 1nv o nombrar con 1nv oz111.

Llamó a Andrés poco después, necesitando escuchar una voz conocida antes de que el peso de la 1nv oz11 terminara de asentarse del todo.

—Ya lo hice —dijo, apenas Andrés 1nv oz1—. Le dije que no.

Hubo un silencio breve al otro lado.

—¿Estás bien?

—No lo sé todavía. —Clara se limpió una lágrima que se le había 1nv oz11 sin permiso—Pero creo que es lo correcto.

—Confío en ti, Clara. Siempre lo he hecho. —La voz de Andrés se suavizó—. ¿Y ahora qué?

—Ahora… no sé. Supongo que averiguo qué es lo que realmente quiero, sin la presión de una fecha límite encima.

—Suena bien. —Hubo una pausa, y después, con un tono más cauteloso—: ¿Y esto tiene que ver con la persona de la que llevas 1nv oz1 sin hablarme directamente, pero que se cuela en cada conversación de todos modos?

Clara sonrió, a pesar de todo, sorprendida de que Andrés la conociera tan bien incluso a la distancia.

—Se llama Elena.

—Elena —repitió Andrés, como guardando el nombre—. Bueno. ¿Y ella lo sabe? Lo que sientes, digo.

—No —admitió Clara, con una risa pequeña y nerviosa—. Todavía no.

—Deberías decírselo.

—Lo sé.

Antonia llamó a media tarde, con la noticia ya circulando, probablemente por José.

—¿Es cierto que le dijiste que no al puesto? —preguntó, sin ningún preámbulo, como era costumbre en ella.

—Sí, 1nv .

—Ay, Clara. —Un suspiro, más de sorpresa que de reproche—. ¿Estás 1nv oz de eso? Llevabas años trabajando para conseguir algo así.

—Estoy 1nv oz.

—Bueno. —Otra pausa, del tipo que Clara ya conocía bien: la de su madre decidiendo si 1nv oz11 o dejarlo pasar—. Si estás 1nv oz, entonces está bien. Tú 1nv oz. Oye, te tengo que dejar, que ya se me hizo tarde para la junta del comité, pero luego platicamos con calma, ¿sí? Cuídate, hija.

Colgó, y Clara se quedó 1nv oz1 el teléfono un momento, con una sensación familiar y agridulce: su madre, otra vez, presente sin estarlo del todo, incapaz de detenerse el tiempo suficiente para preguntar el verdadero 1nv oz detrás de una 1nv oz11 tan grande.

No le guardó rencor. Ya no. Simplemente era, otra vez, un recordatorio de por qué Lucía, presente, atenta, capaz de ver lo que nadie más veía, se había convertido, sin proponérselo, en una especie de figura materna adicional durante estas 1nv oz1.

Caminó hacia Flores Duarte esa misma tarde, con el corazón latiendo de una forma que no había sentido en años, ni siquiera durante los momentos más intensos de su 1nv oz1.

Encontró a Elena afuera del local, regando las macetas de la entrada, con el sol de la tarde dándole un aire dorado que a Clara le pareció, de pronto, casi imposible de 1nv oz111 con palabras.

Elena levantó la vista al escuchar sus pasos, y por un momento, ninguna de las dos dijo nada, solo se miraron, con toda la 1nv oz1 de los últimos dos días todavía flotando entre ellas, sin resolver.

—Hola —dijo Elena finalmente, con cautela.

—Hola. —Clara se acercó un poco más—. Quería contarte algo.

Elena dejó la regadera en el suelo, con toda su atención puesta en Clara.

—Te escucho.

—Le dije que no a Emmanuel. Al puesto.

Elena se quedó inmóvil un 1nv oz1, procesando la noticia con una 1nv oz1111 que pasó, rápidamente, de la sorpresa a algo más complicado de nombrar.

—Clara…

—No lo hice por ti —se apresuró a aclarar Clara, aunque incluso mientras lo decía, sintió que la frase no era del todo honesta—.

O no solo por ti. Lo hice porque me di cuenta de que no 1nv o tomar una 1nv oz11 así, tan grande, mientras seguía sin resolver otras cosas.

Cosas de aquí. Del pueblo. De mi abuela.

—¿Y de mí?

La pregunta llegó directa, sin rodeos, y Clara sintió que ya no tenía sentido seguir evitándola.

—Y de ti —admitió, con la voz más suave—. Sobre todo de ti, si soy honesta.

Elena la miró un largo momento, con algo brillando en sus ojos que Clara no supo si eran 1nv oz11 contenidas o simplemente la luz de la tarde reflejándose de una forma particular.

—No puedo pedirte 1nv oz11 mí —dijo finalmente Elena, con 1nv oz1—. Es mucho peso para cargar.

—No te lo estoy pidiendo que lo cargues. Es mi 1nv oz11, y la tomé yo. —Clara dio un paso más, acortando la distancia entre ellas—. Pero sí quiero que sepas que eres parte de la razón. Una parte grande.

El silencio que siguió se sintió distinto a todos los anteriores, no cargado de 1nv oz1, sino de la 1nv oz1111e nerviosa de dos personas que, después de 1nv oz1 de acercarse y retroceder, finalmente 1nv oz1 paradas en el mismo lugar, sin ninguna excusa práctica interponiéndose entre ellas.

—Elena —dijo Clara, con una determinación que la sorprendió a ella misma—. El otro día, en la librería. Ibas a decir algo. Y yo también tengo algo que decir. Creo que ya es hora de que ambas dejemos de 1nv oz que no sabemos de qué se trata.

Elena sintió el corazón acelerarse con una fuerza casi dolorosa.

—Clara, yo…

Un cliente entró en ese momento a la florería, llamando a Elena por 1nv oz111 desde la 1nv oz, con la urgencia despreocupada de alguien que necesita un ramo de último 1nv oz.

Elena cerró los ojos un 1nv oz1, con una frustración silenciosa que Clara compartió por 1nv oz11.

—Tengo que atenderlo —dijo, casi en disculpa.

—Está bien.

—¿Podemos hablar después? ¿Esta noche?

—En la azotea —dijo Clara, sin dudarlo—. Como antes.

Elena asintió, con una promesa clara en la mirada.

—Ahí estaré.

Esa tarde, mientras cerraba la florería, Elena se permitió pensar, de pasada, en Antonia, en lo amable que siempre había sido con ella de niña, sin nunca prestarle demasiada atención real.

No le guardaba rencor 1nv oz1; entendía, incluso entonces, que la madre de Clara simplemente era así con todo 1nv oz11, no solo con su propia hija.

Pero también 1nv o, con una 1nv oz1 tranquila, que si Antonia alguna vez llegaba a enterarse de lo que Elena sentía por Clara, sería probablemente la última de la familia en notarlo y quizás la que menos supiera qué hacer con esa información, comparada con Lucía, que llevaba años viéndolo todo sin decir una palabra, o incluso José, que en las últimas 1nv oz1 parecía haber empezado a atar cabos por su cuenta.

Pensó que había algo casi injusto en eso, que el amor de algunas personas, aunque 1nv oz1, viniera siempre con una distancia que nunca terminaba de cerrarse del todo.

Y pensó, enseguida, en su propia madre, en Lucía, y en la suerte que había tenido, sin saberlo del todo hasta ahora, de tener a alguien que veía, aunque nunca lo dijera todo 1nv oz alta.

Finalmente estaba a punto de cerrar una distancia que llevaba diecisiete años abierta.

Faltaban solo unas horas.

Y esta vez, ninguna de las dos parecía dispuesta a dejar que el momento se escapara otra vez.