Capítulo 44
Gala
La cara de nuestros compañeros al vernos no tiene precio.
Candy es la primera en reaccionar, corriendo a abrazarnos con efusividad.
A Frank, en cambio, se le desencaja la mandíbula.
Si pensaba que se había librado de nosotros, la lleva clara.
Gala y Kyle tienen mucha guerra que dar, que eso se me da de maravilla.
Por su parte, Maude, Tom y Dennis se alegran de vernos, mientras que Rebecca nos observa con recelo sin participar.
—Lo que yo decía, esto es una telenovela más que un concurso serio —es el primer comentario de Naisha. Después, su gesto se suaviza y nos abraza—. Me alegro de que hayáis vuelto.
La casa está tal y como la dejamos hace unos días.
El canto de los pájaros suena como una melodía de bienvenida, transportándome a las semanas de desconexión que pasé en este lugar.
Todavía hay libros de Candy adornando cada rincón o cigarrillos apagados en el cenicero del porche, cortesía de Dennis.
Maude sigue en su sillón, tapada con una manta y con La abadía de Northanger entre manos, y nos sonríe con la sabiduría de la edad.
Le guiño un ojo, pues le debo más de lo que nunca creería.
—¿No es un poco injusto que puedan presentarse al concurso cuando ambos se han ido antes de tiempo? —interviene Frank.
Kyle me aprieta la mano y doy gracias, porque si no ya le estaría tirando de ese bigote ridículo que tiene.
—Gala y Kyle tienen tanto derecho como vosotros —responde Naisha con seriedad—. Y creo que nadie podría criticar a Gala por marcharse después de los comentarios que recibió en redes. Y no solo eso, sino también de algunos de sus compañeros.
Rebecca agacha la cabeza, consciente de hacia quién va el comentario.
En realidad, no parece molesta con la situación, tan solo inusualmente triste.
No trató de contactarme más desde que le pedí que no lo hiciera y tampoco compartió más contenido para redes sociales sobre el retiro.
Creo que ha perdido bastantes seguidores desde entonces.
Hoy viste sencilla, tan solo un vestido ligero y unas sandalias, nada de maquillaje.
—Vamos, que ya sabemos quién va a ganar —replica Frank—. Todo porque la señorita tiene contactos.
—Se acabó. Una palabra más y te marchas. No pienso volver a repetir que no está enchufada. —La voz de Naisha sale una octava más aguda de lo habitual, pero lo achaco a la frustración—. Si alguien está en contra de que Gala y Kyle participen, puede coger la puerta e irse.
Ninguno de los presentes se atreve a contestar. Naisha concluye la discusión con un leve asentimiento.
—Bien, entonces dadme vuestros manuscritos para que los envíe a la editorial.
La becaria se sienta frente al ordenador de Tom, quien se lo ha cedido, e inserta un pen drive .
Uno a uno le compartimos nuestras creaciones en silencio.
Estoy tan nerviosa que solo quiero que termine este momento, y sé que no soy la única.
Nos miramos con inquietud a sabiendas de que solo uno conseguirá el tan ansiado premio.
Cuando Naisha apaga el portátil, todo ese miedo desaparece.
A pesar de los malentendidos y las discusiones, todos nosotros nos llevamos un pedacito del retiro.
De aquí a unos meses recordaré con diversión cómo Bart nos perdió por Bibury.
En un año por estas fechas cerraré los ojos y veré un cielo plagado de estrellas con el sonido de los grillos como acompañamiento.
Dentro de cinco años iré a la presentación de alguno de los libros de mis compañeros.
En diez años —quizá con un par de novelas publicadas— me acordaré de las noches de juegos, las risas constantes, las canciones de madrugada, los sueños de la juventud.
…
Un mes después, Blissbridge nos escribe para volver a reunirnos en la casa del retiro.
Me he pasado el resto del verano en casa de mi padre, ayudando en el restaurante y, sobre todo, escribiendo.
Escribiendo tantísimo que no sé cómo todavía me quedan palabras.
Kyle y yo seguimos teniendo esa chispa —la buena, no la de los incendios— y las ideas llueven constantemente. Entre beso y beso, sangramos tinta.
Hemos quedado con Candy en la estación para ir todos juntos.
En cuanto nos ve, nos saluda con vehemencia y nos pone al día de sus vivencias, aunque solemos hablar casi cada día.
Nos habla sobre cómo está haciendo un curso de organizadora de eventos para compaginarlo con su trabajo de niñera, así podrá apoyar económicamente a su madre.
Sobre todo, nos aborda con constantes fotos de su querido Pumpkin, el conejo con más mala leche que he visto nunca.
Durante el trayecto evitamos hablar de lo evidente.
Aunque no queremos hacernos ilusiones, todos albergamos la esperanza de ganar el concurso.
Lo cierto es que podría ser cualquiera. En cualquier caso, me contento con haber tenido esta experiencia que me ha unido a Kyle como jamás me habría imaginado y me ha hecho reencontrarme con la escritura.
Me llevo no solo al chico de mis sueños, sino amistades para toda la vida.
Somos los segundos en llegar después de Maude. Nuestros antiguos compañeros se nos van uniendo poco a poco y, para no perder costumbres, Naisha es la última. Aparece con las gafas de sol sobre el pelo y un piercing recién hecho en la nariz.
—¿Cómo van esos nervios? —nos saluda.
En esta ocasión no viene sola, sino que un hombre alto con el cabello engominado la acompaña.
Nos lo presenta como Mike Geller, uno de los editores de Blissbridge que se encargará de la novela del ganador.
Eso me pone mucho más nerviosa y aprieto el brazo de Kyle con angustia.
Por suerte, él está ahí para responderme con caricias.
Entre abrazos, besos y charlas, Naisha consigue reunirnos a todos en el salón.
La tensión se palma en el ambiente, como si fuéramos desconocidos.
Rebecca se ha sentado en la esquina más alejada, con la tez pálida y los labios fruncidos.
Para mi desgracia, no han parado de salirme sugerencias para que la siga en Instagram o me han saltado anuncios de su colaboración con una marca de pintalabios.
Mala hierba nunca muere. Y, aún así, desde aquel día no ha parado de perder seguidores.
—Como os decían en el correo, retransmitiremos la noticia a través de un directo de Instagram —explica la becaria—. Asumo que ninguno tenéis problema con ello, ¿no?
Todos sacudimos la cabeza a la vez. Naisha nos comenta brevemente cómo funcionará la cosa. Por suerte, solo saldrán Mike y ella en el directo hasta que anuncien al ganador. Una vez presentado, este contará la trama de su novela y hará el paripé de dar las gracias y demás. Algo rápido, sencillo.
Naisha inicia el directo y mi corazón da un vuelco.
Entrelazo los dedos con los de Kyle. Él me dedica una mirada rápida, pero alentadora.
Pase lo que pase, este es el comienzo de nosotros .
Uno mi mano con la de Candy, quien hace lo mismo con Maude y al final terminamos todos unidos en un semicírculo. Todos menos, por supuesto, Rebecca.
—Ha pasado ya un mes desde que nuestros chicos enviaron sus manuscritos a la editorial —anuncia Naisha tras una breve presentación—.
Todos han trabajado muy duro para llegar a donde están hoy.
No hay duda de que se han dejado la piel en sus historias y cada una de ellas es única.
Sin embargo, Blissbridge solo puede escoger un ganador y en esta ocasión es…
La Tierra deja de girar por un segundo eterno.
Para la Gala de veintidós años este momento lo habría supuesto todo. O ganas o te hundes.
Para la Gala de veinticuatro tan solo es el principio.
—Rebecca Johnson.
Me desinflo. Esa pequeña posibilidad de ganar se extingue. Todas las miradas recaen en Rebecca, quien, al contrario de lo que podría suponer, apenas reacciona. Se frota las manos con un nerviosismo poco común en ella, esquivando los ojos del resto.
—Enhorabuena —la felicita Naisha con una sonrisa demasiado forzada—. Como muchos sabréis, Rebecca es una conocida creadora de contenido…
Desconecto completamente de la retahíla de halagos hacia la influencer .
Me muevo a cámara lenta, como si se tratara de una película.
Observo a Kyle con los ojos bañados en lágrimas, la expresión complaciente de Candy que parece encerrar mucho más, el disgusto de Tom, el ceño fruncido de Frank, la apatía de Dennis, la débil sonrisa de Maude.
Con el corazón encogido, me vuelvo hacia el sofá donde ahora Rebecca acompaña a Naisha.
—Cuéntanos, ¿cómo surgió tu novela? —dice la becaria con tono mecánico, como si lo hubiera ensayado hasta la saciedad.
Rebecca toma aire. Cuento los segundos que pasan hasta que habla. En ella no distingo nada de la mujer confiada y atrevida que creía conocer.
—Gracias por concederme esta oportunidad —musita—. Ha sido todo un honor…
Sus ojos se posan en mí apenas una décima de segundo, aunque percibo su duda. Luego mira a Kyle y aprieta los labios. Naisha mantiene su sonrisa poco creíble y le dice a la audiencia que deben de ser los nervios, pero yo sé que no tiene nada que ver con eso.
—No puedo aceptar este premio —anuncia Rebecca.
Naisha se sorprende tanto que no es capaz de responder. Al otro lado del sofá, Mike murmura un «¿cómo?». Todos intercambiamos miradas anonadadas.
—Obviamente me lo va a ofrecer a mí —dice Frank por lo bajo.
—No me puedo creer que ella de entre todos diga que no puede aceptarlo —añade Dennis.