Capítulo 43
Kyle
Estos últimos días me han hecho sentir más en casa que nunca.
No son las calles de Londres ni su familiar olor a lluvia.
Tampoco es el restaurante de mis padres o la calidez de las conversaciones con mis hermanos.
Sé que he vuelto a mi hogar cuando giro ligeramente la cabeza y me topo con Gala ensimismada con nuestro libro.
Desde que nos reconciliamos hemos estado viéndonos casi a diario y, aunque hayamos dejado todo esto del retiro atrás, no hemos podido evitar volver a hacer lo que nos llena para paliar el cosquilleo en los dedos.
Nos queda tan solo un capítulo para terminar con lo que empezamos.
Parece mentira que estemos a punto de conseguirlo.
Independientemente de haber perdido el premio, ambos sabemos que hemos ganado por el simple hecho de estar juntos.
—¿Quieres leer lo que llevo? —pregunta Gala, sacándome de mis pensamientos.
—¿Ya lo has acabado?
—Casi. —Sonríe.
Me tiende su ordenador portátil a la par que yo me acomodo en la cama.
La luz dorada del atardecer que entra por la ventana hace que los tonos fríos de su habitación luzcan completamente diferentes.
Siempre me ha gustado la decoración de su cuarto.
Cuando era pequeño solía venir aquí para jugar mientras nuestros padres pasaban la tarde.
Se podría decir que incluso me he criado entre estas cuatro paredes.
Comienzo a leer lo que lleva escrito con lentitud.
La relación entre Jack y Eleanor va sobre ruedas.
Me llena de orgullo ver cómo los personajes han sido capaces de afrontar cualquier adversidad, se han apoyado en cada momento difícil y han terminado confesando sus sentimientos de la mejor forma posible. Justo como Gala y yo.
Me considero fan de los finales estremecedores, de esos que te hacen agarrar el libro con fuerza y querer reconstruir sus partes rotas.
Me gusta sufrir después de una buena historia, creo que hace que su lectura merezca la pena.
Aunque he de admitir que con este proyecto estoy siendo consciente de la importancia de los desenlaces simples pero bonitos al mismo tiempo.
El hecho de que nos hayamos basado en nosotros para escribir este libro hace que ansíe que la historia acabe mejor de lo que nadie nunca podría imaginar.
—Está genial, Gala —le digo antes de devolverle el ordenador—. Es perfecto.
—¿Estás llorando? —Ella enarca una ceja, divertida.
No es hasta que lo menciona que me doy cuenta.
Mis ojos se aguan por la emoción de estar a punto de terminar el libro juntos.
La mezcla de sentimientos de estas últimas semanas también consiguen que mi corazón se ablande.
Gala y yo nos hemos recuperado de nuevo, nuestra relación ha dado un paso más y hemos conocido a personas maravillosas por el camino.
Todavía pienso en Candy, Tom y todos nuestros demás compañeros que continúan en Bibury en busca de un hueco en el mundo de la literatura.
Hemos hecho varias videollamadas con Candy y Naisha nos ha escrito en más de una ocasión, pero no es lo mismo.
Incluso seguimos recibiendo comentarios por redes sociales, y eso que Rebecca ya no ha subido más vídeos hablando del retiro desde la última vez que la vimos.
Es como si casi nada hubiera cambiado salvo por el ínfimo detalle de que ya no estamos ahí con ellos.
Mañana tienen que entregar sus obras. Si tuviera que ganar alguien, me gustaría que fuese Candy.
Estoy seguro de que su brillo traspasará fronteras.
No obstante, sigo anclado en la idea de que podríamos haberlo intentado.
¿Quién sabe si hubiéramos triunfado? El libro es bueno, y no lo digo porque seamos los autores.
Casaría perfectamente con los intereses de los lectores y la editorial.
Pero no voy a presionar a Gala. Si ella no se ve preparada para publicar nada, no seré yo quién la obligue.
Me basta con volver a crear magia con ella.
—Es probable —admito con un hilo de voz—. Estoy muy orgulloso de nosotros, ¿sabes? Haber terminado otra obra es todo un logro.
—Yo también lo estoy —añade ella—. Además, creo que el final es justo como tenía que ser: con Eleanor y Jack juntos. Después de todo lo que han pasado, se lo merecen.
Deduzco que no solo se refiere a ellos por la manera en que me mira. La infinitud de sus pupilas habla por sí sola.
—Este es solo el principio —apunto, dándole a entender que yo tampoco estoy hablando del libro—.
Me gusta pensar que después del epílogo la historia sigue su curso.
Me imagino a los personajes continuando con su vida, teniendo una rutina justo como la tenemos nosotros.
Porque las historias no tienen por qué acabar en la última página, ¿no? Siempre hay algo más allá.
—¿Qué quieres decir?
—Que estoy seguro de que nuestros protagonistas tienen mucha felicidad por delante —explico—. Al igual que nosotros.
Ella curva los labios en respuesta y vuelve a centrarse en la escritura. Mientras tanto, yo me limito a observarla. Sus dedos se mueven al son de sus ideas. Su ceño se frunce en cada letra y no deja de teclear en ningún momento. Es la viva imagen de lo mágico, de lo hechizante.
—¿Qué te gustaría hacer con él cuando por fin lo acabemos? —me atrevo a preguntar—. Podríamos imprimir dos copias para tenerlo en físico.
Gala carraspea y deja de centrar su atención en la pantalla para mirarme de nuevo. Ya no veo miedo en sus ojos, pero sí un atisbo de inquietud.
—No lo sé —musita.
—La decisión es tuya. —Cojo su mano para acariciar sus nudillos—. Es un libro maravilloso, estoy seguro de que en algún momento verá la luz, pero siempre y cuando tú estés preparada.
—No quiero equivocarme.
—Lo que anhelas nunca es un error.
Gala desvía la mirada desde nuestra obra hasta mí sucesivamente. Sé lo que se le está pasando por la cabeza. Conozco todas sus dudas porque son las que yo mismo tuve en un pasado. No voy a presionarla en ningún momento. Quiero que sea ella la que dé el paso.
—Es que… —Se muerde el labio inferior antes de decir nada más—. La otra noche estuve hablando con Candy por teléfono y…
—¿Y? —la insto a continuar.
—He comprendido que nuestro libro merece ser leído.
Puede que me esté lanzando al abismo sin paracaídas y con una mochila llena de miedos, incluso es probable que ya sea tarde —prosigue—.
Ni siquiera Naisha sabe si es posible lo que tengo en mente.
Pero, Kyle… ¿Qué te parece si volvemos a intentarlo?
—¿A qué te refieres?
—A volver —responde, esta vez con confianza—.
A plantarnos mañana en el retiro para entregar nuestro manuscrito acabado y presentarlo al concurso.
Me da igual que nos digan que no o que opinen mal de nosotros, no pienso volver a dejar escapar una oportunidad así.
Todo aquello que me asusta no debe ser razón para limitarme, ¿no crees?
Me quedo mudo ante su petición. Lo único que puedo hacer es acercarme a ella con cuidado y besarla como nunca lo he hecho. Sus labios me reciben con sorpresa, aunque no tardan en corresponderme. No tengo otra forma de expresar lo que siento ahora mismo, lo que creo que está por venir.
—Esta es la Gala que conozco —digo entre besos—. Valiente, fuerte y decidida.
—¿Eso es un sí? —responde acompañada de una pequeña risa.
—Por supuesto, mi amor. No me cabe duda de que vamos a conseguirlo.
…
Bart nos recoge de casa de Gala a las siete de la mañana del día siguiente.
Ella lo llamó para pedirle un último favor, esta vez de verdad.
Él respondió encantado y aquí estamos. Acostumbrado a coger dos trenes para ir a Bibury, el viaje en coche se me hace bastante corto comparado con los anteriores.
Siento el corazón desbocado y los dedos temblar.
No hemos avisado a nadie, ni siquiera a Candy.
Si bien es cierto que le comentamos a Naisha pinceladas con respecto a nuestra idea de volver, la becaria tampoco está completamente enterada.
No estamos seguros de cómo vamos a hacerlo.
Esto es una completa locura, pero de locuras se vive.
El hombre nunca habría podido ser capaz de volar si se hubiera conformado con caminar.
Cuando llegamos, Bart nos despide con una sonrisa y con la esperanza de volver a encontrarnos.
Se me ocurre que podríamos llevarle una caja de bombones por todas las veces que nos ha ayudado, aunque sea para agradecerle que siempre haya estado allí.
Quizá me coma un par de bombones de la caja, le diré que se han extraviado…
Justo como él hizo que nos perdiéramos en mitad del pueblo.
El sol de Bibury calienta mi piel. El verde de los árboles se aviva a mis ojos y el recuerdo de cómo se ven las constelaciones desde aquí cuando anochece me cura hasta el alma.
Respiro hondo cuando entiendo que es justo donde debemos estar.
Ya no importan las peleas, todas esas veces que nos hemos confundido o aquellas en las que no hemos creído tomar el camino correcto.
Por primera vez, Gala y yo estamos de acuerdo en algo con respecto a nuestro futuro y no pensamos desaprovechar tal oportunidad.
Entrelazo nuestras manos antes de entrar al gran jardín que nos recibe como quien se reencuentra con un antiguo amigo. Nadie está fuera, por lo que suponemos que están ultimando los detalles que faltan para dar por concluidos sus libros. Aprieto sus dedos instintivamente por el nerviosismo.
—Otra vez aquí —comenta, igual de nerviosa que yo—. Aún estamos a tiempo de echarnos atrás.
—Ni de coña.
Cuando llegué aquí por primera vez pensé que nunca sería capaz de escapar de Gala Hughes.
Ahora he comprobado que es cierto y no me importa en absoluto.
Nunca podría olvidar su mirada como la miel, esos labios suaves perfectamente creados para encajar con los míos y ese corazón tan puro que le late en mitad del pecho.
Tampoco sería capaz de ignorar lo que me hace sentir.
Kyle Walker es el mismo con o sin Gala, pero no me cabe duda de que ella lo realza para ser mejor.
Justo aquí, en este jardín que ha visto desde lo peor de nosotros hasta nuestros sentimientos más puros, me doy cuenta de cuán afortunado soy. Por primera vez en mucho tiempo puedo decir que somos valientes. Valientes por volver, valientes por estar. Pero sobre todo, valientes por permitirnos ser.
Vuelvo a juntar nuestros labios.