Todo aquello que soñamos ser Capítulo 38
86%

Capítulo 38

Gala

Para cuando llega el viernes, después de una semana de frenesí en las redes sociales y, para qué mentir, en la casa, Kyle y yo estamos a punto de terminar nuestra novela.

Si alguien me preguntara si es posible escribir un libro en unas tres semanas le diría que ni de broma.

En cambio, la realidad ha superado a la ficción.

Nunca antes me había volcado en la escritura con tal pasión, dedicando mañana, tarde y noche a teclear con ansias.

En parte, es por volver a escribir con Kyle.

En parte, es por recuperar la pasión que tanto amo.

En parte, una parte que no sé si es minúscula o gigante, es por quitarme las acusaciones de Rebecca de la cabeza.

Escribir siempre ha sido mi método de escapismo, y ahora lo noto más que nunca.

La historia ha tomado un rumbo inesperado.

Los protagonistas, en lugar de reencontrarse en un retiro de escritura, lo hacen en pleno Londres.

Supongo que es lo que Kyle y yo habríamos deseado para nuestra propia relación.

Siempre nos quedará jugar con los escenarios de realidades alternativas.

En cualquier caso, tanto nuestros protagonistas, Eleanor y Jack, como nosotros, los de carne y hueso, estamos bien. Por ahora, al menos.

—Veo que alguien está muy concentrada —dice Candy, ocultando un bostezo con su mano—. Yo me retiro ya, si no te importa.

Observo la hora. Son casi las doce.

—Ahora que os habéis puesto las pilas, seguro que ganaréis.

Chasqueo la lengua, pues la competencia es demasiado dura.

Los poemas de Candy, por ejemplo, son de esos que te parten el alma en dos a la vez que te la reconstruyen, por mucho que la chica lo niegue.

La novela de época de Maude está tan bien ambientada que parece transportarte a la campiña inglesa de hace varios siglos.

Apenas he leído nada del thriller de Tom, pero por lo que Kyle comenta, tiene mucho potencial.

Y Rebecca… En fin, Rebecca sigue teniendo bastantes seguidores, y eso, por desgracia, es una gran ventaja.

Eso y lo que sea que se le ocurra hacer ahora para liármela…

Porque lo hará, estoy convencida de ello.

—Con volver a escribir con Kyle me doy por satisfecha.

Candy eleva las comisuras de sus labios con cierta tirantez. No comento nada, aunque sé que es todo una fachada. Tal vez algún día esté preparada para sincerarse conmigo como yo lo hice con ella.

—Lo siento —musito—. Si prefieres que no mencione el tema…

—¡No, no! No es eso, de verdad.

—¿El qué? —El susodicho irrumpe en la estancia con dos tazas humeantes de chocolate.

—Nada, cosas de chicas —replico para dejar el tema.

Él se encoge de hombros.

—Candy, ¿seguro que no quieres un poco de chocolate?

—Qué va. Mejor me voy a dormir ya.

Nos despedimos de la chica, que se aleja escaleras arriba con su fiel libreta en la mano.

Kyle se sienta a mi derecha y le echa un vistazo a la pantalla.

Señala un par de frases que reescribimos juntos.

Planeamos los capítulos que nos quedan y revisamos algunas partes anteriores para asegurarnos de que todos los cabos están atados.

Estoy tan ensimismada con el manuscrito que apenas me doy cuenta de cómo Kyle se acerca a mí hasta que su aliento me roza la cara.

—¿Sabes qué escena me gustaría repasar? —susurra con voz aterciopelada.

—¿Cuál?

Deposita un beso en la comisura de mis labios, tentándome.

—Esa en la que Jack empieza a hacer esto.

Su boca viaja hacia mi cuello, por donde esparce decenas de besos.

Suelto una risita, lista para seguirle el juego.

Sin embargo, una luz ilumina las escaleras.

Me imagino que Candy se habrá olvidado algo, pero no veo nada suyo sobre la mesa.

En su lugar, Tom hace acto de presencia con el cabello enmarañado y ojos entrecerrados.

—Me estaba quedando dormido —explica, como si no fuera obvio—. Como siempre, estaba mirando Twitter para que me entrara el sueño y me encontré con esto.

Nos enseña la pantalla de su móvil. Enfoco mi vista en un hilo con varios tweets , encabezado por uno que reza: «La verdad sobre Gala Hughes».

Pero ¿qué…? Se me comprime el corazón en las costillas y me quedo sin aire.

Agarro el teléfono de Tom para leer mejor.

Es un tweet tras otro explicando que soy una enchufada, que lo tenía todo planeado desde antes de entrar al retiro, que he estado jugando con Kyle y mil cosas más.

La cuenta, un tal @ilovedrama, ha sido creada hace escasas horas.

—Está por todo Twitter —prosigue Tom—. Es una masacre.

Entro al hashtag de #GalaHughesIsOverParty.

No puedo parar de leer todos los comentarios negativos.

Es una mezcla de mi estúpideo shippeo con Kyle, odio hacia mi persona, comparaciones con Candy o Rebecca, acusaciones de falsa y estratega…

Hay capturas del Facebook de mi padre, interacciones de mi primo con Noelle en Instagram, incluso una fotografía mía con Gabriel en nuestro pueblo cuando teníamos siete y trece años. ¿Por qué alguien subiría algo así?

Kyle me quita el móvil de las manos y aparta al chico para dejarme un poco de privacidad. Acuna mis mejillas con dulzura, manteniendo sus ojos fijos en los míos.

—Eso no es real, ¿vale? —dice, pero casi no lo escucho.

La preocupación se torna en ira y mi cuerpo se mueve solo hacia el piso de arriba.

Solo tengo una cosa en mente. Kyle y Tom me siguen de cerca para asegurarse de mis intenciones, pero todos sabemos muy bien lo que va a suceder.

Ni siquiera me molesto en llamar a la puerta de Rebecca, sino que la abro de par en par.

—¡Tú, rata de dos patas! —El español me sale a borbotones, incontrolable. Después de varios improperios en mi lengua materna, consigo cambiar al idioma que todos tenemos en común—. ¿Cómo has podido hacer algo así?

Rebecca enciende la luz y se frota los ojos. En la cama contigua, Maude se despereza.

—Perdona, Maude —me disculpo con una pizca de vergüenza—. Esto no va contigo.

—Haz lo que tengas que hacer —contesta decidida.

Doy varios pasos hasta quedar frente a Rebecca.

—Has vuelto a hacer de las tuyas, ¿no? —Ella arquea las cejas sin comprender a qué me refiero—. ¡No te hagas la tonta, esa mierda de cuenta de @ilovedrama es tuya! ¿Has seguido con la trola de que soy una enchufada?

Rebecca alza un dedo para interrumpirme.

—Primero, no es ninguna mentira. Segundo, estas no son horas para ponerse a pegar esos chillidos.

—¡Me da igual! Has sido tú, ¿verdad?

—Si hace falta, digo que he sido yo solo para que os calléis —interviene una voz.

Me giro hacia la puerta, donde, además de Kyle y Tom, se encuentra Frank con… ¿un protector de bigote? Da igual, no quiero ni pensarlo .

—Mira, bonita, haya sido yo o cualquier persona, es la realidad —se defiende Rebecca. Lo distingo perfectamente en su rostro: la sonrisa de la victoria—. Te lo has currado demasiado bien, pero ya se ha destapado todo. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Liarte con Dennis a ver si eso te da más fama?

Oigo el sonido de la bofetada antes de ser consciente del movimiento de mi mano.

Maude ahoga una exclamación, pero ya es demasiado tarde.

Una marca roja adorna el rostro de Rebecca, quien no es capaz de hacer más que abrir los labios.

Siento un hormigueo que se extiende desde las puntas de mis dedos a todo el cuerpo. El fuego me burbujea en las venas.

—Soy gay, por cierto —interviene Dennis a mis espaldas.

Las voces han debido de atraer al resto de concursantes, quienes se suman al grupito que se ha formado en la puerta del dormitorio.

Permanezco inmóvil, como si esto no fuera más que un mal sueño.

Contemplo mi mano, que me resulta más pesada que una piedra.

Por un momento incluso se me ha olvidado cómo respirar.

—Se lo voy a decir a Naisha. Con suerte, te echará del retiro por esto —sisea Rebecca una vez vuelve en sí.

La chispa en sus ojos es tan idéntica a la mía que me hace estremecer—.

¡Y se van a enterar todos mis seguidores!

—Se aproxima a mí hasta que su aliento me choca en la cara, provocándome escalofríos—. Has cavado tu propia tumba.

Aprieto la mandíbula. Tiene razón. Por mucho que sus actos me hayan traído hasta aquí, soy yo la que ha dado el golpe final. Los miro a todos y cada uno de ellos. Ignoro la batalla que se ha desatado dentro de mi ser y me atrevo a preguntar:

—¿De verdad pensáis eso? ¿Creéis que soy una enchufada?

—¡Claro que no! —Candy es la primera en responder y me enternezco.

—Por supuesto que no —coincide Kyle, quien se aproxima a mí para tomarme de la mano y besarme los nudillos—. Además, ya sabemos que la palabra de Rebecca es muy poco de fiar.

La susodicha se retira el pelo de la cara, hastiada. Me vuelvo hacia Maude, que se ha levantado de la cama para acercarse a mí. Con una mano alentadora sobre mi brazo, dice:

—Ya sabes que no me creo esas cosas, pero tampoco hace falta llegar a las manos. —Sus ojos arrugados me regañan como lo haría una abuela—. Eres mejor que eso, tienes que estar por encima

Contengo unas lágrimas que llevan fraguándose desde que llegué a Bibury. Fijo la vista en el resto de presentes.

—¿Tom? ¿Dennis? —Ignoro a Frank porque, honestamente, no podría importarme menos.

—A ver, es un poco sospechoso que seáis familia… —responde este último—. Pero no niego que ha sido una hostia bien dada.

—Yo no digo que seas enchufada —añade Tom—, aunque es un poco raro. No es que eso justifique las críticas en Twitter, pero… Bueno, podrías ser sincera con nosotros ahora que ya se sabe todo.

—¿Lo ves? —interviene Rebecca, de brazos cruzados y sonrisa prominente—. La duda está sembrada y ahora solo crecerá y crecerá. ¿De verdad crees que tienes posibilidades de ganar este concurso?

Salgo de la habitación a toda velocidad para dirigirme a mi cuarto.

Me repito que hay personas que confían en mí: Kyle, Candy, Maude.

Sin embargo, eso no me hace sentir mucho mejor.

No puedo parar de pensar en los comentarios de Twitter, uno tras otro, encadenando odio gratuito.

No quiero que mi sueño se rompa en pedazos, no otra vez.

Kyle y Candy, quienes me han seguido hasta aquí, me rodean para protegerme del resto de la humanidad. Su abrazo es cálido, pero el frío de mi interior es capaz de apagar cualquier fuego, incluso la chispa que siempre ha habitado en mí.

…

He vuelto a una de esas noches en las que no he dormido nada.

Maude me preparó una taza de té con miel pasada la una de la madrugada, cosa que no ayudó en absoluto.

Kyle permaneció a mi lado toda la noche, acariciando mi cabello y susurrándome que todo iría bien, con Candy al otro lado sujetándome la mano.

Cuando sale el sol, nada ha cambiado. Todo el mundo me odia. Esto es lo que querías, ¿no?

Naisha llega más temprano de lo normal. Su voz retumba en las paredes como un trueno.

Seguro que viene a echarme la bronca por liarla una vez más.

Todavía sobre la cama, me abrazo las rodillas, apretándolas contra mi pecho.

Kyle ha bajado a por algo de desayuno, mientras que Candy ha ido a darse una ducha. Estoy sola frente al peligro.

En efecto, Naisha no tarda en entrar al dormitorio, dejando la puerta ligeramente entreabierta.

—¿Has visto las redes? —dice a forma de saludo. Me analiza con la mirada antes de responderse a sí misma—. Vale, lo has hecho.

—Ha sido Rebecca —explico con voz queda—. No tengo pruebas, pero sé que ha sido ella.

Naisha se pinza el puente de la nariz.

—Es que no se puede estar quieta, voy a tener que darle otro sermón.

—¿A Rebecca? —pregunto sorprendida—. ¿No me vas a regañar a mí?

—¿Por qué iba a hacerlo? —Naisha se cruza de brazos.

—Porque soy yo la que se emborrachó y montó un espectáculo. Soy yo la que te besó otra vez después de lo de verdad o atrevimiento y jugó con tus sentimientos. Soy yo la que anoche le dio una bofetada a Rebecca delante de todos. Soy yo la que siempre está dando el cante.

Naisha sacude la cabeza. Acorta la distancia y se sienta a mi lado sobre el colchón.

—Todo eso ya está olvidado. —Me pasa un brazo por los hombros—. Además, no tienes la culpa de que te esté pasando esto.

—Hace una semana les caía bien a los seguidores del retiro. Decían que querían saber más de mí y ahora… ¿Cómo puede pasar de un extremo a otro tan rápido?

Ella me acaricia el brazo suavemente.

—Las redes son así de despiadadas. Y si no, pregúntale a Rebecca. —La expresión de Naisha se vuelve muy seria de repente—. Gala, tengo que decirte una cosa. No debería haberlo estado ocultando tanto tiempo, sobre todo si eso implica que estés sufriendo así, pero la verdad es que…

La puerta se abre para dar paso a Candy, la cual está secándose el pelo con una toalla.

—Oh, Naisha, ya estás aquí.

La becaria se separa de mí como si hubiéramos estado cometiendo un delito. ¿Qué cosa querría decirme como para que se sobresalte tanto con la llegada de Candy?

—Debería ir a hablar con Rebecca, entonces. —Carraspea—. Luego reuníos todos conmigo en el salón. Tenemos que hablar.

Y como todos los «tenemos que hablar», auguro que este no trae nada bueno.