Capítulo 37
Kyle
Han pasado días desde que Gabriel y Noelle estuvieron en la casa y, hoy martes, Gala sigue escribiendo más de lo que habla.
Parece que solo le quedan palabras para nuestra historia y está dispuesta a usar todas y cada una de ellas hasta que se desgasten.
Todavía nos faltan unos cuantos capítulos para acabarlo, pero ya estamos en la recta final.
Vamos tan rápido que no me sorprendería pestañear y haber concluido el epílogo.
Y, aunque no debería quejarme de ello, no puedo evitar sentir una presión en el pecho que me ahoga cada vez que Gala me responde con un monosílabo a cualquier cosa que le digo o, aún peor, moviendo la cabeza sin mirarme siquiera.
Sé que las acusaciones de Rebecca la han afectado, así como también sé que necesita tiempo para procesarlo.
Lo que no significa que no me esté subiendo por las paredes.
Después de terminar otro capítulo, Gala se va de mi habitación tras darme un beso casto y me informa de que va a ponerse a leer para descansar la mente.
Quiero darle su espacio, pero me cuesta mucho no estar pegado a ella todo el día y conseguir borrar los comentarios de Rebecca de esa mente tan inquieta.
Resoplo y me acomodo sobre el colchón, brazos detrás de mi nuca, mientras miro al techo y pienso en qué puedo hacer ahora.
Me he acostumbrado demasiado rápido a estar acompañado desde el despuntar del alba hasta que el sol se esconde.
Yo también podría ponerme a leer, pero no me apetece en absoluto.
Podría bajar a ver qué están haciendo los demás, pero dado que estamos cada vez más cerca de la fecha de entrega, seguro que todos siguen volcados en sus historias sin poder pensar en otra cosa.
Podría darme una vuelta, pero estoy en pijama y me da una pereza que me muero. Podría… Podría…
Qué mal se me da estar solo.
Cojo el teléfono móvil y no me lo pienso ni un segundo.
Marco el teléfono móvil del restaurante de mis padres y me muerdo el labio al compás de los pitidos que suenan al otro lado de la línea.
Aunque he estado escribiendo más que nunca y aprovechando esto al máximo, no puedo evitar volver a sentirme culpable.
¿Culpable u otra cosa? Culpable y prescindible, sí.
No he tenido noticias desde que les pedí que me dejaran espacio para poder concentrarme, lo que significa que no ha ocurrido nada relevante desde entonces o, por el contrario, sí que lo ha hecho pero no han necesitado pedirme ayuda.
El restaurante siempre ha sido mío porque ni Kevin ni Kayden tenían tanto tiempo para dedicarle, pero ahora que yo…
Carraspeo al escuchar cómo lo cogen. Ahora que yo no estoy ahí, es evidente que nunca he hecho la falta que creía.
—¡Anda, pero si es el desaparecido! —exclama Kevin—. ¿Cómo te llamabas…? Ah, sí, ¡Kyle! —Chasquea la lengua—. ¿O debería decir don Famoso? ¡Madre mía la que habéis liado en redes! Sobre todo tú, pillín…
—Hola a ti también. —Suelto una risita a pesar de la punzada que siento en el pecho—. ¿Cómo estáis? Llevamos mucho sin hablar.
—Sí, porque nos pediste que te diéramos espacio.
—Ya…
—Y te lo hemos dado. —No puedo verlo, pero sé que está sonriendo. Kevin siempre está sonriendo—. Nosotros estamos bien, todo sigue justo como lo dejaste. ¿Cómo estás tú? Y no se te ocurra irte por las ramas, que necesito detalles. ¿Qué tal va tu novela? ¿Ya la tienes acabada?
—¿Mi novela?
—¿De quién, si no? —Se ríe.
—Ya, ya. Es que no es solo mía, Kevin. Pensaba que te habrías enterado por algún lado, pero ya veo que no. —Entonces soy yo el que curva los labios en una mueca que hace que le duelan las mejillas—. ¿Estás sentado?
—¿Cómo?
Ruedo los ojos.
—Que si estás sentado.
—Ah, sí.
Tomo una gran bocanada de aire.
—No te lo vas a creer. ¡No te lo vas a creer!
—¿No te enseñaron a ir al grano, chavalín?
Ni que fuera Tom.
—Supongo que habrás visto que Gala está aquí. —Ensancho mi sonrisa. Hablar sobre ella me calma la presión en el pecho.
—Ajá…
—¡Pues hemos vuelto a escribir juntos! —Si me dieran una libra por cada vez que he hablado con Kevin sobre mi mejor amiga, probablemente hoy sería millonario.
Desde que era tan solo un crío, la chica se convirtió en nuestro tema de conversación en innumerables ocasiones.
Mientras comíamos, jugábamos a videojuegos…
¡Incluso antes de dormir! Kevin siempre me decía que me lanzara, pero es evidente que nunca llegué a hacerle caso.
Va a flipar cuando se entere de que eso ha cambiado—. Y, además…
—¿Además…?
—Adivina, adivinanza.
—Kyle…
Ignoro que hay algo en su voz que no me cuadra en absoluto y sigo.
—Nos besamos —le confieso, el corazón en un puño.
Aún parece un sueño incluso diciéndolo en voz alta—.
Tantas veces que ya he perdido la cuenta.
Dios, Kevin, cómo besa. Es perfecta. No sabes las ganas que tengo de contártelo todo en persona solo para ver la cara que pones.
¿No es genial? Creo que están siendo las mejores semanas de mi vida.
Un silencio desconcertante se instala entre nosotros.
Me pregunto si lo ha deducido por cómo nos shippean por redes sociales o si su instinto de hermano mayor sigue yendo por delante como de costumbre.
No lo decía en broma, ojalá pudiera verle la cara.
El techo blanco que pende sobre mí no es capaz de hacer ninguna mueca, y yo necesito saber. Necesito ver.
—Algo he visto, sí. —Ahora ya no sé si está sonriendo—. Pero no quería sacar conclusiones precipitadas. No sin hablar contigo. ¿Habéis resuelto vuestras diferencias?
—¿Lo hemos hecho? A ver, supongo que sí. No hemos hablado de lo que ocurrió entre nosotros, pero tampoco considero que haga falta. Estamos bien así, aquello fue agua pasada. No tiene sentido remover nada… ¿no?
—No sé, Kyle, tú sabrás.
—Y es como si el tiempo nunca hubiera pasado. Siento que seguimos siendo los mismos de antes.
Repiqueteo los dedos contra el colchón esperando una respuesta por su parte. De repente estoy… ¿nervioso? Muerto de miedo.
—¿Cómo te sientes al respecto? —inquiere—. Sé lo mucho que te importa esto.
—¿Yo? —Vacío mis pulmones en un largo resoplido—. De puta madre.
Por fin lo escucho reírse.
—¿De verdad? ¿Todo bien?
—Mejor que bien. ¿Es que no te acuerdas de cómo he estado estos dos últimos años?
Sentía que mi vida se había echado a perder, que ya nada…
Bueno, que ya nada volvería a hacerme ilusión.
Pero por fin eso ha cambiado, Kevin. Vuelvo a ser el mismo, vuelvo a sentirme yo por primera vez en mucho tiempo. ¿Sabes? He estado reflexionando.
—¿Y?
—Y esto es lo que quiero —respondo con orgullo—. Escribir hasta quedarme seco.
Kevin vuelve a tardar más de la cuenta en contestar.
—¿Lo has descubierto por Gala?
Frunzo el ceño.
—¿Por qué lo preguntas?
—¿Por qué crees?
Sacudo la cabeza.
—No lo sé —admito.
—¿Ha tenido que venir ella a recordarte quién eres?
—¿Cómo? ¿A qué viene eso?
Escucho un suspiro al otro lado.
—Kyle, tú siempre has sido escritor. Te he visto con un lápiz en la mano incluso antes de que supieras pronunciar bien tu nombre. Me alegra mucho que os hayáis reconciliado porque nunca he visto una relación tan pura como la vuestra, pero…
—Pero ¿qué?
—Pero no puedes volver a perderte en una persona —me pide—. Ni decir que has vuelto a ser tú mismo solo porque Gala ha regresado. ¿Crees que no me acuerdo de cómo estuviste estos dos años? Pensaba que te perdía, tío. Te anulaste tanto que me asusté.
Ojalá supiera qué contestar a eso.
—Y ver cómo te consumías… Joder, ha sido de las cosas más duras que he vivido.
Debería habértelo dicho hace mucho, pero eres la persona a la que más admiro en el mundo —me asegura.
Noto que me escuece la garganta por momentos—.
¿Tú lees lo que escribes? ¡Es increíble!
Eres tan talentoso que a veces no puedo evitar sentir envidia.
Porque tienes algo dentro, Kyle, y a pesar de todo eso has seguido al pie del cañón.
No solo sin descuidar a las personas que te rodean, sino también al restaurante.
Siempre has estado ahí, encargándote de todo aun teniendo tu propia vida.
Nunca sabes que necesitas escuchar algo hasta que lo haces. Se me escapa una lágrima, lo que logra que acabe agradeciendo no estar cara a cara con mi hermano mayor.
—Siempre he querido ser como tú —suelto.
—¿Perdón? ¿He oído bien?
—O como Kayden. —Ya está, ya no hay vuelta atrás—.
Nunca me he sentido suficiente en mi propia piel.
Ni lo suficientemente brillante como para destacar ni lo suficientemente bueno como para siquiera intentarlo.
Si soy escritor es porque Gala sabe guiarme.
Si tuviera que depender de mí mismo… Jamás habría llegado hasta este punto.
Me interrumpe antes de que pueda seguir hablando.
—No. Ni se te ocurra seguir por ahí —me advierte—.
Eres escritor porque lo llevas dentro, al igual que a Kayden le ocurre con el deporte o a mí con las ciencias.
Es a lo que nos dedicamos, pero no es todo lo que nos define, mucho menos lo que somos.
Eres mucho más que un escritor, Kyle. Eres amable, divertido y un poco tocapelotas.
También eres el mejor hermano del mundo.
Siempre has estado para mí, incluso cuando ni siquiera estabas ahí para ti.
¿Por qué nunca has dejado que los demás hicieran lo mismo?
—Porque no quiero ser un estorbo —murmuro, casi me da vergüenza decirlo en voz alta—. Porque ya tenéis suficiente con lo vuestro como para tener que lidiar con lo mío también.
—Pero es que yo quiero lidiar con lo tuyo.
¡Todos queremos! ¿Sabes que papá y mamá no paran de leer aquellas historias que escribiste de adolescente pero que nunca has llegado a publicar?
Día tras día, no paran de decir que te echan de menos.
Y no, no me vengas a decir que es por el restaurante. Es por ti. Te echan de menos a ti.
—Pero…
—¿Por qué no puedes creer que a la gente le importas?
Se me escapa un sollozo traicionero. Mi familia nunca me ha dado motivos para pensarlo, pero mis pensamientos siempre estaban ahí para recordármelo.
Tenía que ganarme el cariño de los que me rodeaban porque, de lo contrario, no me querrían si no tuviera nada que ofrecer.
Siempre he sido el niño simpático, pero nunca he tenido muchos amigos.
En el colegio me hacían el vacío y solo me relacionaba con mis hermanos.
En verano estaba con Gala, pero poco más.
Aprendí que tenía que dar más de lo que podía para mantener a las pocas personas que tenía cerca, esforzarme y sobrepasar mis propios límites. Si no, me quedaría solo.
Nadie quiere estar solo.
—No sé —contesto en su lugar—. Yo…
—¿Necesitas que te lo digamos más veces? ¿Te pongo a papá y a mamá al teléfono?
—¡No, no! Por favor, no los molestes.
—Kyle, eso es justo lo que…
—Por favor —le suplico—. Ya hablaremos cuando vuelva.
Otro suspiro. Seguro que le parezco insoportable.
—Estoy muy feliz por lo que ha pasado entre Gala y tú —continúa.
Eso hace que destense un poco los músculos—.
Y espero ser el padrino de vuestra boda, porque si no pienso tirar vuestras alianzas al mar para dar de comer a los tiburones.
Pero no quiero que te anules una vez más.
No quiero que pienses que tu valor depende de Gala, así como me niego a que creas que también depende de cómo nosotros te veamos a ti.
Eres Kyle Walker, joder, ¿no es una pasada?
No.
—Kyle…
—¿Qué? ¿Ahora me lees el pensamiento?
—Exacto. —Chasquea la lengua—. Cambia tu respuesta.
—¿Qué?
—Que la cambies, venga. Dilo.
—No voy a…
—¡Dilo!
Aprieto los labios, pero después los separo poco a poco de manera casi inconsciente. Entonces…
—Sí, es una pasada.
—¡Ese es mi chico! —exclama—. Pienso llamarte cada día para obligarte a decirlo. Y, cuando vuelvas, lo dirás cada mañana religiosamente justo delante de mí, para que yo lo vea. ¿Entendido?
—No puedes hacer eso.
—Dilo otra vez.
—No.
—Dilo o me chivo a Gala de que cuando le regalaste a Alitas estuviste llorando una semana arrepentido porque lo echabas de menos.
—¡Ni se te ocurra!
—Entonces dilo. Hazle ese favor a tu hermanito, venga.
Tomo una gran bocanada de aire y, a diferencia de la primera vez, quiero creérmelo un poco más.
—Es una pasada ser Kyle Walker.
—¡Es una pasada ser Kyle Walker! —repite—. Y es una pasada ser tu hermano porque ahora vas a contarme todos esos detalles que te ibas a guardar hasta que volvieras. Venga, desembucha, ¿cómo que os besasteis?
Le cuelgo poco después.
Me siento más ligero, más liviano. No soy una persona nueva.
De hecho, sigo siendo el mismo. Pero ¿no es eso lo que Kevin ha intentado transmitirme?
Sé que tengo un camino inmenso por recorrer, pero estoy dispuesto a aprender que es mejor que la gente te escoja por lo que eres a que se vaya por lo que pretendes ser.
A dejarme ver y no esconderme detrás de nadie nunca más.