Capítulo 35
Kyle
No le quito ojo a Gabriel. Mientras Noelle continúa hablando con mis compañeros sobre sus proyectos y apunta en una pequeña libreta toda la información que necesita para la creación de las portadas, su novio se limita a escuchar y, con fingido interés, asiente a cada lindeza que Frank está soltando por la boca sin inmutarse, cosa que ya es extraña.
O me estoy emparanoiando una vez más o él también me está mirando a mí.
Lo hace de forma sutil, casi imperceptible.
Tenso todos los músculos del cuerpo bajo el escrutinio de sus pupilas.
Conocí a Gabriel hace tanto tiempo que aquellos meses calurosos ya me resultan demasiado lejanos.
Parece que ni siquiera ocurrieron y son solo producto de mi imaginación de escritor.
Fue bastante simpático conmigo, de eso no tengo ninguna queja.
De hecho, hasta me atrevería a decir que le caí bien.
Pero ahora… Bueno, ahora digamos que lo más probable es que sepa que dejé de hablarme con su prima durante dos años y haya decidido odiarme con toda la razón del mundo.
Me pregunto si querría asesinarme de enterarse de cómo han avanzado las cosas.
Porque si a día de hoy no hablo con Gala es solo porque estoy demasiado ocupado besándola.
—Me odia.
—¿Cómo dices? —Gala frunce el ceño a mi lado. Sentados en el salón, y ahora que ha dejado de diluviar porque el tiempo en Inglaterra es de lo más cambiante, tenemos una vista panorámica del porche y somos capaces de verlo todo.
—Gabriel. Me odia, ¿verdad? Por lo que ocurrió. Seguro que piensa que soy un cabrón.
—Ni siquiera se acordaba de ti cuando le dije que me había reencontrado contigo aquí.
Tuve que refrescarle la memoria. — Se encoge de hombros—.
Y tampoco es que haya hablado con él sobre…
Sobre la pelea. No he podido hacerlo con nadie, en realidad.
Así que no tienes nada de qué preocuparte.
Sabe que nos distanciamos, pero poco más.
No sé si me sirve esa respuesta.
—Aunque si lo hiciera…
—No, no te odiaría —Gala termina por mí—. Gabriel es incapaz de odiar a alguien. Además, ¿sabes cuál fue el primer consejo que me dio para lidiar contigo?
—Sorpréndeme.
—Que te mirara el culo.
..Toma ya.
—¿Y lo tengo bonito?
—Kyle… —Se ríe.
—¿Qué? ¿Es que acaso no lo has visto? ¡Si encima te encanta estrujármelo! —Coloca una mano sobre mi hombro, pegándome así un pequeño empujón.
Noelle carraspea y Gala se separa de mí como si quemara.
Ninguno está acostumbrado a tener esta cercanía en público, mucho menos teniendo en cuenta que parte de su familia está a metros de distancia.
El problema es que cada día se nos hace más complicado mantener la compostura y fingir que no somos nada fuera de las cuatro paredes que juran protegernos.
A ver cómo nos las apañamos ahora para darles la buena nueva de que hemos vuelto a escribir juntos.
Y a liaros.
Y a liarnos.
Escucho el nombre de Gala, pero ambos nos levantamos al mismo tiempo.
Seguimos a Noelle hasta el porche, ahí donde Gabriel se nos queda observando de hito en hito.
No parece sorprendido, más bien al contrario.
Se le forma una sonrisilla que me recuerda mucho a la de su prima en cuanto nos sentamos frente a ellos.
Ninguno dice nada. Deberíamos explicarnos, pero me da la sensación de que no hace falta. La situación habla por sí sola.
—Así que estáis escribiendo juntos —afirma Gabriel. Ni siquiera vacila un segundo.
—Sí, eh… Nosotros, eh… —No sé por qué se me ha ocurrido abrir la boca. Solo me salen balbuceos sin sentido.
¿Por qué estás tan nervioso? ¡Compórtate!
—Interesante. —La sonrisa del chico se amplía.
—Muy interesante —coincide su novia—. ¿Y de qué va vuestra historia?
Buenísima pregunta.
—Pues, eh… Pues…
—De nosotros —prosigue Gala, en vista de que se me ha olvidado mi propio idioma. Parezco un extranjero practicando su inglés de Duolingo después de dos días seguidos de racha. ¿Soy yo o su primo acaba de guiñarle un ojo? Ella carraspea—. Hemos escrito una historia basada en nosotros, quiero decir.
—Entonces… ¿es una novela de romance? —continúa Noelle con cautela.
Gala palidece en respuesta y mi mundo se hace pedazos. ¿De qué es, entonces? ¿De dos personas que se acuestan sin más? ¿De dos malditos amigos con derechos que están acojonados por una simple etiqueta, que huyen de sus sentimientos porque ninguno se atreve a ser valiente?
—No, no. Es más bien… No sé, no sabría definirla. ¿Kyle?
Sí, hombre.
—Eh… — Venga, chaval. Demuéstrales cómo conoces más palabras —. Yo tampoco.
A Gabriel casi se le escapa la risa. ¿Qué digo? Se ríe con todas las letras.
—¿Sería más fácil si os pregunto de qué trata?
Voy a ponerle un altar a esta Noelle.
—¡Sí! —exclama Gala—. Sí, claro. Nuestros protagonistas son dos amigos que escriben juntos.
Amigos.
Joder.
—Amigos de la infancia —apunto—. Amigos de la infancia que escriben juntos.
—Espera, espera —dice Gabriel, todavía partiéndose el culo—. A ver, que yo me entere. ¿Son dos amigos? De la infancia, ¿no? Ni uno ni tres, sino dos. ¿Y escriben juntos? ¿Juntos, juntos? ¿O…?
Noelle le pega un codazo. No hay más que fijarse en sus ojos para saber que le está riñendo en silencio.
—Qué bonito. —Sonríe ella—. Supongo que no es una autobiografía como tal, pero me gusta la idea de que queráis plasmar vuestra realidad a través de otros personajes. ¿Ya lo habéis terminado? ¿Habéis hablado sobre cómo querríais que fuera la portada?
Ni la una ni la otra.
—Aún no. —Gala se muerde el labio antes de añadir—: Pero estamos en ello. Y sobre la portada…
—Nos fiamos de ti —le aseguro.
—¡Genial!
—¿Y ya habéis pensado el final? —inquiere Gabriel.
¿Y si no quiero que se acabe?
—Qué va —contesta mi mejor amiga por mí. Otra vez—. Estamos fluyendo.
Ahora es ella la que le guiña un ojo a su primo.
—De ahí salen las mejores historias —concluye él.
…
Candy es la siguiente en dirigirse al porche.
Intenta que no se note, pero sigue afectada.
Se la ve tan insegura que solo me apetece borrar esos comentarios de su cabeza solo para volver a ver una sonrisa de esas que nos regala sin pensarlo mucho.
Una que sea real. Va cabizbaja, casi ni se le ve el rostro entre tanto pelo naranja.
Nos la cruzamos al volver al salón y, aunque la chica nos mira y vuelve a fingir que todo va bien, ambos sabemos que no lo está.
—Menuda coincidencia, ¿no? —escupe Rebecca nada más atravesar la puerta de la cocina para llenarnos un vaso de agua—. Y qué conveniente.
—¿Cómo? —suelta Gala, preparada para ponerse a la defensiva.
La otra chica enarca una ceja y finge una risa. Parece la típica villana de cuento y, cuando nos enseña la pantalla iluminada de su teléfono móvil, su expresión me provoca escalofríos.
—A nuestra querida Gala Hughes la sigue en Instagram Noelle Blanc —dice, subiendo el tono de voz para que así todos la puedan escuchar.
Frank se acerca a pasos agigantados mientras los demás dejan de prestar atención a lo que sea que están haciendo para centrarla en nosotros—.
¿No es esta la mujer que está ahí fuera, la que va a crearle la portada al ganador del concurso?
Va pasando las fotos del perfil de Noelle una a una. Lo hace de forma tortuosa, regodeándose. A Gala se le tensa cada músculo del cuerpo. Da un paso hacia delante, negándose a dejarse amedrentar, y se cruza de brazos para guardar distancias.
—¿Es que a ti no te ha seguido todavía? —Hace un puchero fingiendo lástima—. Iba a hacerlo con todos los del retiro.
—A mí tampoco —apunta Frank.
—Ni a mí —prosigue Dennis.
Mierda.
—Y tampoco a tu querido Kyle. —Rebecca vuelve a guardarse el teléfono móvil en el bolsillo—. Solo a ti.
—Habrá empezado por mí.
—¿Le ha dicho también a su novio que te siga?
—Golpe bajo, lo que consigue que yo también me tense.
Estoy a punto de decir algo al respecto cuando Rebecca alza su dedo índice, deteniéndome—.
¿Y que suba varias fotos contigo en sus redes sociales?
Fotos muy antiguas, por cierto. Qué monada eras de pequeña, una pena que hayas crecido.
Toda la cocina contiene el aliento.
—¿Os conocéis de antes? —inquiere Tom, al que le dedico una mirada incrédula. Él levanta los brazos con inocencia—. ¿Qué?
—Mirad, parecen familia. —Dennis nos enseña una de las fotos a las que se refiere Rebecca—. Tienen los mismos ojos.
Y la misma sonrisa.
—Vaya mentirosilla estás hecha, ¿eh, Galita?
—Aprieto la mandíbula cuando Rebecca se acerca a ella.
Doy un paso al frente, pero no sirve de nada.
Gala levanta el mentón y la encara como solo ella sabe hacer.
Aunque está temblando de pies a cabeza—.
¿Por qué no dices la verdad por una vez en tu vida?
Te vendría bien para el cutis, que tienes unas ojeras de aquí a Londres.