Capítulo 34 #2
Me pregunto si no se refiere solo a mi relación con Kyle o si, por el contrario, piensa en ella misma.
En esos seguidores que ha perdido desde que comenzó el retiro, en los comentarios que favorecen a otros concursantes.
En concreto, en la gente que está pendiente de Kyle y de mí desde hace días.
Sus ojos oscuros, delineados con una raya que podría cortarte hasta el alma, reflejan un fuego que me es muy familiar.
—Además, a nosotros nos parece bien lo vuestro, ¿a que sí? —Todos vuelven a asentir—. ¿Veis? Podéis dejar de ocultarlo.
Suspiro, pero no me siento tranquila en absoluto. No comprendo qué ha llevado a Rebecca a mostrarse tan agradable —o a fingirlo— y no me creo que haya cambiado a su presa por Candy a pesar de lo del poema. Está esperando a dar la estocada final, la cuestión es cuándo sucederá.
Observo a Candy de reojo, que parece ensimismada con los poemas que nunca llegó a leernos.
Analizo a Maude, sonriente y sabia, quien me guiña un ojo.
Y, por último, miro a Kyle con el corazón en un puño.
Mi silencio pesa como las décadas de historia entre nosotros.
Elijo no pensar en el futuro, en qué será de nosotros cuando esta burbuja se pinche al salir del retiro.
De momento estamos aquí, todo está bien.
—¿A alguien le hace la revancha en el Mario Party? —pregunta Tom.
Jugamos, reímos y la tormenta, tanto la externa como la interna, queda en un segundo plano. Por ahora.
…
El lunes amanece lloviendo, pero sin rayos a la vista.
Al no poder disfrutar del porche, Maude, Candy y yo escribimos en el salón acompañadas por una taza de té.
Candy se cubre los hombros con una manta mullida, mientras que yo he optado por la sudadera que aún conservo de mi adolescencia con los símbolos de Cazadores de sombras , Los juegos del hambre y Divergente entrelazados. Perfecta para Dennis, desde luego .
Maude nos ha enseñado más de su novela y yo, que no soy la mayor fan del romance de época, bebo de cada línea que nos ofrece.
Los «su meñique más blanco que la nieve, trémulo, acarició el dorso de la mano de lord Cavendish en un arranque de valentía» se trasladan a los roces entre Kyle y yo cada vez que nos cruzamos, todavía tímidos.
A pesar de que no lo dice, sé que la mujer piensa lo mismo que yo.
La señorita Attaway y lord Cavendish. Maude y Edmund. Gala y Kyle.
Una llamada entrante hace que levante la vista del ordenador.
Entro en tensión al imaginarme la voz de mi madre, siempre férrea, echándome la bronca por lo que sea que se le haya ocurrido ahora.
Sin embargo, el nombre de mi primo reluce en la pantalla.
Les indico a Maude y Candy que me den un minuto mientras me levanto para atender a Gabriel.
—¡Hombre, si es mi prima la desaparecida!
—Hola a ti también.
Me detengo junto a las puertas de cristal que dan al porche, observando la lluvia.
—¿Cómo va esa novela? —pregunta él—. ¿Seguiste mi consejo? No sé por qué, pero me da en la nariz que sí. No he vuelto a recibir llamadas desesperadas y, desde luego, no te he visto borracha en ninguna red social.
Aún divertida, llevo la vista al cielo.
—Sorprendentemente, tenías razón —concedo—. Con lo de que me apoye en los demás y eso.
—Si es que siempre tengo razón.
—Calla o no te volveré a elogiar nunca. Pero sí, me ha servido mucho. Han… han pasado cosas. —Decir «cosas» es quedarme corta—. Aunque no todo es tan malo como creía, me he dado cuenta de que no estoy sola.
—Nunca lo has estado.
—O nunca lo he sabido ver. Oye, a todo esto, ¿me llamas por algo en concreto?
—¿Qué pasa? —Finge enfadarse—. ¿Un primo no puede llamar a su prima simplemente para ver cómo le va?
—Tú nunca haces eso.
—Me ofendes.
—Es la realidad —me defiendo.
—Tienes razón, te llamo por una cosa.
—¡Lo sabía!
Gabriel ríe. No sabría definirlo, pero suena mucho más maduro. Yo todavía me siento una niña y enfrentarme a la adultez me aterra. ¿Cómo lo hace él?
—Abre la puerta de casa —me pide.
—¿La puerta? Aquí está lloviendo, por si no lo sabes.
—Tú hazme caso.
—No sé qué pretendes… —digo mientras me dirijo a la entrada y apoyo la mano en el pomo—, pero espero que no sea…
Me quedo sin palabras en cuanto abro la puerta y me topo con tres figuras compartiendo un único paraguas. Naisha, con cara de perros, mi primo Gabriel, con cara de perro, pero de golden retriever , y su novia Noelle con una sonrisa enorme.
—¿Qué hacéis aquí? —pregunto en inglés, aunque todavía tengo el móvil en la oreja.
—Esperar bajo la lluvia porque a alguien le apetecía montar un espectáculo digno de Nicholas Sparks —gruñe Naisha mirando a Gabriel como si lo fuera a estrangular ahí mismo—. ¿Te vas a quedar parada o nos vas a dejar pasar?
Me hago a un lado a la vez que cuelgo la llamada. Todavía estoy demasiado anonadada como para abrazar a Gabriel, por lo que me limito a observarlo de hito en hito.
—En serio, ¿qué narices hacéis aquí?
—Espero que no estéis insultándome en español —replica Naisha colocando el paraguas en el paragüero.
Ni siquiera me había percatado de que Gabriel y yo habíamos cambiado a nuestro idioma natal. Me disculpo y me esfuerzo por hablar en inglés, a pesar de que me cuesta horrores hacerlo con mi primo.
—¿Me vas a decir qué pasa o no? —Me giro en dirección a Naisha—. ¿Me han echado del retiro y vienen a buscarme?
Es Noelle quien me pilla desprevenida y me envuelve en un abrazo. Todavía estoy procesando que están aquí cuando Gabriel imita el gesto de su pareja.
—Resulta que a Blissbridge se le ocurrió contratar a una ilustradora emergente para la portada de su nuevo libro —explica Gabriel, que está tan orgulloso de su novia que podrían salirle corazones por los ojos—. Cortesía de Naisha, a la caza de nuevos talentos.
—Eso es… —Trato de buscar las palabras—. ¡Enhorabuena!
La abrazo de nuevo, esta vez siendo más consciente de todo lo que está pasando. Le doy la enhorabuena unas diez veces más, emocionada como si fuera mi logro.
—Ya que mañana Noelle tiene una exhibición en Londres, la idea es que pase el día de hoy con vosotros, anotando ideas de vuestros proyectos —añade la becaria—.
Luego publicaremos algunos bocetos en nuestras redes sociales.
Además, como ha explicado Gabriel, el ganador tendrá la suerte de que la portada de su novela sea ilustrada por Noelle.
—Pobre de ella si es Frank… —musito en voz baja antes de volverme hacia Gabriel—. ¿Lo sabías todo este tiempo y no me has dicho nada?
—Secreto de estado. —Alza la palma de la mano.
—No me lo puedo creer, qué callado te lo tenías —protesto, golpeándole el pecho, aunque estoy pletórica.
—Bueno, venid a que os presente al resto de participantes. —Naisha señala el salón—. No hay tiempo que perder, Noelle tiene mucho trabajo por delante.
Gabriel me indica que pase delante de él, justo tras las dos chicas. Se me dibuja una sonrisa enorme al entrar al salón. No puedo creer que, por una vez en la vida, todo me vaya tan bien.