Todo aquello que soñamos ser Capítulo 32 #2
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Capítulo 32 #2

Mi mano se desliza hacia su vientre, más allá de la cinturilla de su ropa interior, pero Kyle me detiene.

—Sabes muy bien que no es eso. —Acaricia mis senos despacio, su lengua uniéndose pronto a sus dedos—. Recuérdame lo que deseas.

Arqueo la espalda mientras reparte pinceladas por mi cuerpo al desnudo, tan concienzudo como un pintor ante su mejor obra.

—A ti.

Eso parece satisfacerlo, al menos por ahora, y continúa su trazado de besos hasta mi cuello.

—Cuidado, fiera —le advierto—. Ya sabes lo que pasó la última vez.

Pero él gruñe y su boca continúa serpenteando por mi cuello, cubriendo cada zona de besos tan delicados como ansiosos.

El vaho que desprende la ducha nos rodea como si estuviéramos en una nube.

La figura de Kyle se difumina, pero mis manos, firmes sobre él, me recuerdan que estamos más cerca que nunca.

Trastabillamos hasta que choco contra el lavamanos.

—Llevaba años esperando poder tocarte así. —Sus dedos se cuelan entre mis piernas y gimo.

No habíamos vuelto a tener este tipo de contacto desde el fin de semana pasado.

No porque no lo quisiera, evidentemente, sino porque estábamos inmersos en la creación de nuestra historia y con los ojos de todos los presentes puestos en nosotros.

Han pasado cinco días y, sin embargo, parece que hayan sido cinco meses.

Siempre estaré sedienta de Kyle, ni todo el agua del mundo podría saciarme.

—¿Cuántos años? —le sigo el juego.

Kyle traza círculos sobre mi clítoris. Su mirada continúa fija en mí, feroz.

—Como un millón.

Jadeo y me entrego en cuerpo y alma a la causa.

Aquí, entre el sonido de la ducha aún corriendo y los vapores, parece que estamos protegidos del mundo.

Me uno a sus caricias, sosteniendo su sexo primero con manos temblorosas —con todos los sentidos embotados por sus movimientos entre mis muslos—, luego decidida.

Nos tocamos con la misma complicidad que frente a un documento en blanco.

Ágiles, precisos, seguros de cada tecla.

No es suficiente, mis latidos me ruegan más de Kyle, más de nosotros.

Sedienta, hambrienta de él, completamente ciega por él.

Me da la vuelta y nos veo reflejados en el espejo, desdibujados en el vaho.

Somos líneas difusas pero, cuando me besa el hombro, la espalda, la espina dorsal, se afilan todas las partes de mi ser.

Nos veo claros como el día, y veo claro lo que siempre he anhelado.

Oigo el rascar de un preservativo, mi respiración acelerada.

Lo veo claro, clarísimo. Kyle y Gala. Gala y Kyle.

La tinta que nos une, las teclas que nos vinculan.

Esto es lo que siempre ha debido ser, solo el destino —ese en el que nunca he creído— sabía que llegaríamos a este punto tarde o temprano.

Las manos de Kyle se ciernen en torno a mi cintura, las yemas de sus dedos buscando cobijo en mis partes más tiernas.

Dejo escapar un suspiro cuando lo noto entrar, apenas una exhalación que encierra mucho más de lo que nos atrevemos a decir.

«Recuérdame lo que deseas», me pidió, y no fui del todo sincera.

Debería haber contestado de otra forma: «A ti, pero no como amigo, no como lo que sea que estamos haciendo ahora.

Te deseo a ti de manera abrumadora, pero no puedo permitirme que te vuelvas a marchar.

Que sea yo la que te obligue a huir de nuevo».

Por el momento, me conformaré con ese «a ti».

Me inclino sobre el lavamanos, los codos apoyados.

Kyle también exhala al entrar en mí. Es ahora cuando los dos somos muy conscientes de lo que hemos hecho.

De lo bien que encajan nuestros cuerpos.

Al moverse, cada vez a más velocidad, se acompasan nuestros corazones.

Al acariciarme se hilan otra vez nuestras vidas.

—Gala… —canta mi nombre como si no conociera vida más allá.

Se mueve con el miedo de quien ya se ha despedido del amor de su vida una vez.

Con el ansia de quien teme perderlo todo de nuevo.

Me permito gemir su nombre, oculta por los sonidos de la ducha, mientras acelera sus embestidas.

Lo veo todo blanco, todo incierto. Sus manos en mi clítoris, en mis pechos, en mi pelo.

Lo siento por zonas, tocándome tan sediento como yo lo estoy, y lo siento muy dentro, más allá del alma.

Cuando me dejo ir, lo hago clamando por él.

Por nosotros. Es demasiado tarde, nunca me recuperaré de esta caída .

Él se une a mí poco después y es también mi nombre el que pende de sus labios con sabor a miel.

No dejamos de besarnos, somos incapaces, mientras nos movemos hacia la ducha.

Kyle se deshace del condón y lo tira a la basura.

El agua quema sobre mi piel, pero ni siquiera ella puede borrar el roce del chico sobre esta.

Kyle Walker está impregnado en mí, lo estará siempre.

Él alcanza el champú y, con delicadeza, comienza a frotarme el pelo.

No consigo soltar la risita atorada en mi garganta, pues me pesa demasiado el pecho.

Nos duchamos hablando en auténtico silencio, solo el lenguaje de las manos y los besos.

Salimos de la ducha con el cabello pegándose a nuestras frentes y una sonrisa de oreja a oreja.

No sé cuánto tiempo ha pasado; probablemente el suficiente como para que Maude empiece a preocuparse.

Deberíamos ser sinceros con todos, pero no quiero salir de esta maravillosa burbuja.

No de momento. Y no, sobre todo, después de la conversación con Candy de hace un par de noches.

Que sepa lo que ocurre entre nosotros es muy distinto a verlo con sus propios ojos.

Sigue diciéndote eso, Gala. Mentirte es mejor que admitir el miedo que te corroe por dentro .

Termino enseguida de ponerme la ropa y planto un beso en la mejilla de Kyle.

—Yo salgo primero, tú espera unos segundos —pido.

Hago como que no veo la decepción en sus ojos y abandono la estancia.