Todo aquello que soñamos ser Capítulo 28 #2
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Capítulo 28 #2

Suelta un suspiro ahogado. Al conectar nuestras miradas, sé que no hay vuelta atrás. Que lo amo y ya me he vuelto demasiado loca tratando de enterrar estos sentimientos. Que lo amo y quiero demostrárselo de la forma más puramente humana, cada uno de sus poros fundiéndose con los míos.

—Siempre he sido tuyo —confiesa, lo que me hace detenerme un momento—. Incluso en la distancia, incluso en el olvido. Tuyo.

Aspiro todo el aire de la sala. No hace falta que Kyle me ruegue para lo que hago a continuación.

Estampo mi boca sobre la suya, esperando que eso le demuestre todo el amor que le profeso.

Al separarnos, cuento las constelaciones que se pueden ver en su mirada.

Ni Casiopea ni la Osa Mayor, no; en nuestro propio universo somos la constelación más brillante.

Voy bajando la boca por su cuello, deteniéndome en su pecho, marcando su vientre. De nuevo, envuelvo la mano en torno a su dureza mientras continúo mi descenso. Kyle se reclina contra el brazo del asiento, todo el cuerpo en tensión. Enreda los dedos en mi pelo, tirando levemente de él.

—Tuyo… —me recuerda, su voz igual que el terciopelo.

Es suficiente para incitarme a deslizar la lengua por toda su longitud.

La respiración de Kyle se acelera mientras mis labios lo rodean.

Quiero darle todo de mí, expresar con acciones lo que no soy capaz de poner con palabras.

Yo también soy toda suya, ya lo era antes siquiera de ser consciente de ello.

Después de esta noche, se evaporará lo que un día fuimos. La lluvia extinguirá el fuego, pero permanecerá el rastro de lo que en un instante soñamos llegar a ser. Solo el tiempo dirá si algún día alcanzaremos ese sueño.

…

El chupetón que adorna mi cuello es la prueba del delito.

Intento tapármelo por todos los medios, pero, por mucho maquillaje que aplique, todavía quedan resquicios.

Tan solo espero que nadie se fije en él, que sé lo harán, porque son cotillas a más no poder.

Lo que me faltaba es que Rebecca tenga una nueva exclusiva.

Entra a la cocina con dignidad, como si no hubiera pasado nada .

Pero ha pasado, vaya si lo ha hecho. El recuerdo de Kyle todavía me hace estremecer.

Si me paro a pensarlo —su mano sobre mi boca, sus dedos danzando por mi cuerpo, sus suspiros ahogados—, me temblarán las piernas mientras bajo las escaleras.

Me abanico con la mano en el descenso, después de haberme adecentado un poco en el baño de la planta superior.

Si Candy se ha percatado de mi desaparición anoche, no ha dado muestras de ello.

La voz de Kyle es lo primero que escucho, acompañada por otra que también reconozco a la perfección.

Debe de estar con Naisha en la cocina, probablemente colocando la compra que ha traído la chica.

No puedo entrar ahí. ¿Cómo los voy a mirar a la cara?

Primero beso a Naisha y le rompo el corazón para después enrollarme con Kyle. Premio a la amiga del año.

—Oye, quería pedirte una cosa, si no es mucha molestia —oigo decir a Kyle.

No debería espiarlos tras la puerta, pero me es imposible moverme al escuchar esa frase.

Por un momento pienso que el chico le va a preguntar a Naisha sobre el día que nos besamos en el lago.

Dios, no. O peor, Kyle ha decidido contarle a Naisha lo que sucedió anoche.

¿Por qué haría algo así, idiota? A no ser que quiera regodearse… Contengo la respiración.

—Mientras no me toques mucho las narices —contesta ella.

—No, bueno… Verás, es que… Yo…

—Suéltalo ya, no tengo todo el día.

Me acerco más a la puerta, casi pegando la oreja.

—Quizá podrías considerar… —Kyle titubea y baja la voz antes de continuar—. Comprar condones.

El silencio que prosigue a su petición es una de las cosas más angustiosas que he vivido nunca. No tengo que verlos para imaginarme la expresión de Naisha o el rostro colorado de Kyle. La chica se aclara la garganta, recuperándose de la conmoción.

—Vaya, vaya, estás hecho todo un donjuán, ¿no?

La semana pasada Naisha descubrió que la persona que me gustaba era Kyle, por lo que no hace falta tener muchas luces para atar cabos. Estoy a punto de darme cabezazos contra la puerta cuando unos pasos suenan escalera abajo.

—¿Ocurre algo? —pregunta Candy al verme plantada en la escena del crimen.

—¡No, no, no!

Hago aspavientos con las manos, lo cual, pensándolo mejor, no me ayuda a parecer menos sospechosa. Dejo caer los brazos a ambos lados de mi cuerpo y pongo mi mejor sonrisa.

—Buenos días —saludo como si nada.

A pesar de que Candy se muestra algo recelosa, termina cediendo.

—Buenos días. Anoche tampoco podías dormir, ¿eh? —Y aquí viene: el paseo de la vergüenza. Me pregunto si tratará de ocultarse en una de sus sonrisas mientras indaga sobre el tema o lo esquivará por completo.

—No, no. — Como vuelvas a repetir esa palabra te caes con todo el equipo . La chica entrecierra los ojos—. Dormí bien.

—Pero si te fuiste de la habitación de madrugada y no volviste hasta las tantas —comenta con una ceja alzada.

Vale, ha escogido la primera opción. Tendremos que sacar nuestras dotes de actriz—.

¿Estás bien? ¿Te pusiste enferma? ¿Te sentó algo mal de la cena?

Seguro que Naisha ha traído manzanillas y podemos…

Empiezo a notar los sudores fríos, pero en ese instante Naisha y Kyle, relucientes como dos ángeles, salen de la cocina. La chica me mira primero a mí, después a Candy y por último a Kyle. A continuación, suelta un bufido, pero las comisuras elevadas de sus labios la delatan.

—Menuda tenéis montada —dice entonces.

—¿Qué? ¿Por qué? —inquiere Candy

Los ojos de Naisha se posan en mi cuello y no cabe ninguna duda de que se ha dado cuenta. Me tapo el chupetón de forma instintiva, lo cual, por supuesto, atrae todas las miradas. En especial, la de la persona que menos quiero que lo vea, menos incluso que Rebecca.

—Un mosquito. —Suelto la risa más falsa que he proferido nunca. Ni siquiera Candy se la traga.

—No, nada —resuelve Naisha, sacudiendo la cabeza—. Esto no es ningún picadero como para que ahora venga la gente pidiendo condones.

La expresión de mi compañera de habitación es de puro horror.

Si la pobre supiera qué sucedió anoche de verdad…

Pero no lo va a saber jamás. Si este chupetón no me delata, me llevaré este secreto a la tumba.

Es eso o romperle el corazón a Candy y, ahora que creo tener una nueva amiga, no podría soportarlo.

Evito girarme hacia Kyle a toda costa, sé que un simple roce o una mirada nos inculparían.

«Siempre he sido tuyo», llevo sus palabras tatuadas en todos los rincones de la piel.

—¿Ha sido Frank? —pregunta Candy, con la cara tan roja como su cabello—. El otro día estaba haciendo unas preguntas muy raras.

Le palmeo el hombro, fingiendo no dar crédito.

—Qué ocurrencias tiene este hombre.

—Pues no sé con quién espera ligar como para necesitar condones… —musita ella pensativa.

Naisha no dice nada, pero su mirada es lo suficientemente esclarecedora.

Me excuso con que voy a hacerme el desayuno para poder abandonar esta conversación de locos.

Lo último que oigo antes de entrar a la cocina es algo sobre que Naisha nos hará unas breves entrevistas para colgar en las redes de la editorial.

Espero poder escaquearme también de eso.

De hecho, espero escaquearme del universo por lo menos de aquí a los ochenta años.

Kyle entra en la estancia poco después. Me tiembla la mano mientras echo la leche en un bol. «Incluso en la distancia, incluso en el olvido», se me clavan cada una de las sílabas bajo la piel, entre los huesos.

—Eso ha sido bastante incómodo —dice ocupando un asiento a mi lado.

—Ha sido lo peor. Casi me muero.

Roza el lugar donde se intuye el chupetón. Por fin me atrevo a mirarlo y todos los recuerdos me azotan con la fuerza de un mar embravecido. Los destellos en la cresta de las olas son sus ojos brillantes, la marea incontrolable, su lengua sobre mi cuerpo. Me estremezco.

—Lo siento por esto.

—No lo sientas —replico—. Solo me habría gustado que fuera algo menos… visible.

Kyle sonríe y me retracto; hoy está más guapo que nunca.

La mañana después, con legañas y el pelo hecho un nido de pájaros.

Podría besarlo aquí mismo. Quiero hacerlo.

Es más, por un momento pienso que él mismo lo hará, aunque Rebecca nos interrumpe.

No nos presta mucha atención, sino que se prepara el desayuno a la vez que escucha música con sus AirPods.

La influencer pasa a mi lado para alcanzar una manzana y es entonces cuando sé que estoy jodida. Detiene su mirada en un punto muy concreto, incluso se agacha. Demasiado tarde para la excusa del mosquito.

—¿Qué haces? —grazno.

—¿Eso que tienes ahí es un chupetón?

—¡No!

—¡Lo es!

—¡Que no!

La puerta se abre para dar paso a Frank, ataviado con una bata de satén que tiene su nombre bordado. No me puedo creer que la persona que suele saltarse los desayunos haya decidido aparecer justo ahora. Venga ya, ¿quién más falta? ¿Bart?

—¿Qué es este griterío? —se queja.

Rebecca me mira, dubitativa. Está a punto de contarle lo del chupetón, lo leo en su mirada. Me quedo paralizada, ni siquiera soy capaz de suplicarle que no lo haga. Transcurren unos segundos hasta que la chica se vuelve en dirección a Frank.

—Nada, chiquilladas —le explica.

—Más vale. Dice Naisha que nos va a hacer una entrevista o algo. ¿Sabéis que va a preguntar?

Agradezco a Rebecca en silencio. Quizá es por la conversación que tuvimos el otro día o quizá simplemente se le han cruzado los cables. En cualquier caso, me ha salvado de una buena. Por ahora.