Todo aquello que soñamos ser Capítulo 20 #2
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Capítulo 20 #2

No sé qué interpretar de mi negación. Claro que no quiero que Naisha se marche, pero dudo si es por pura hospitalidad o debido al beso de hace unas horas.

Fue un buen beso. Simple, corto, pero bueno.

Tengo la sensación de que si no me hubiera apartado tan rápido, Naisha habría seguido, y eso me aterra por dos motivos: primero, porque sé que lo habría disfrutado (hace mucho que no tengo nada de acción, lo siento) y segundo, porque no me podría haber quitado a Kyle de la cabeza.

Porque durante cada segundo me habría imaginado sus labios sobre los míos, su mano en mi nuca atrayéndome hacia él.

Esta vez, cuando se me revuelve el estómago, son mariposas lo que siento.

Y es porque, en mi mente, cuando Rebecca me reta, beso a la persona de la que llevo años enamorada.

—Podemos compartir cama —sugiero.

Señalo mi colchón de tamaño medio. Supongo que no habrá problema por pasar la noche con Naisha.

No es como si mi cabeza y mi corazón fueran a liarse más de lo que ya están.

«Aunque otras dos personas sí podrían liarse», me dice una vocecilla en lo más profundo de mi mente.

Tengo muy claro quiénes quiero que sean esas personas y ninguna de ellas es Naisha.

Ella asiente y, tras apagar el ordenador, se cambia de la cama de Candy a la mía.

Muevo el peluche de pingüino a un lado — lo siento, Alitas — para que Naisha no lo vea.

A continuación, le doy al interruptor de la luz para luego dirigirme lentamente hacia donde ella se encuentra.

El colchón se hunde bajo nuestro peso y quedamos cara a cara.

Su tez oscura apenas es visible entre las sombras, pero su respiración constante me recuerda que hay tan solo unos centímetros entre nosotras. Mi vello se eriza.

—Naisha… —susurro.

—¿Sí?

—¿De verdad estamos bien? No quería incomodarte ni nada.

—No me has incomodado.

—Pero… —Escucho a Candy moverse y aguardo unos instantes hasta comprobar que sigue dormida—. Esto no va a poner en peligro mi participación en el concurso, ¿no?

Naisha ríe con sorna.

—Te recuerdo que soy una don nadie en Blissbridge. En cualquier caso, me despedirían a mí.

—Eh, eso no es así —protesto—. Sin ti este concurso sería una ruina.

—Qué graciosa eres.

Le doy un golpecito en el brazo.

—Y lista también —bromeo y Naisha solo resopla—. Lo siento por todos los aprietos en los que te he metido.

No responde y durante décimas de segundo pienso que se ha dormido. Cuando me quiero dar cuenta, Naisha está tan cerca que nuestras narices se rozan.

—No te disculpes.

Nuestros alientos se entremezclan y creo que, si cierro los ojos, podría imaginarme a Kyle frente a mí y rogarle que me besara como debería haber hecho en el lago.

Y entonces la fantasía se rompe. Veo a Kyle dándome la espalda, llamándome cobarde.

Lo veo de la mano de Candy, sonriendo como nunca ha hecho conmigo.

Eligiéndola a ella, porque jamás podré estar a su altura.

Escuece tanto que ya no es una chispa lo que se prende en mi interior, sino un maldito volcán.

Así que, cuando Naisha me besa, le correspondo.

La beso porque puedo, porque crea la falsa ilusión de que llevo las riendas de mi vida.

La beso con un nudo en la garganta y un estómago sin mariposas.

Pero no es Kyle . Ella coloca su mano en mi nuca y me atrae hacia sí con una delicadeza de la que no la creía capaz.

Pero no es Kyle . Se trata de un beso lento, como si nos estuviéramos descubriendo.

Pero no es Kyle . Sus labios son tan suaves como los recordaba y se abren con timidez para dar paso a su lengua.

Pero. No. Es. Kyle .

Me detengo al instante. Pongo distancia entre nosotras, jadeando, y me cubro el rostro con vergüenza. No puedo enfrentarme a Naisha después de esto. Joder, ni siquiera sé cómo voy a mirarme al espejo. ¿Cómo voy a mirar a Kyle?

—¿Gala? —susurra con tono preocupado.

Inspira, espira. Inspira, espira. Repito esa acción tan simple varias veces. Le doy la espalda a Naisha, consciente de que me estoy comportando como una cría. Posa la mano en mi hombro, aunque no me fuerza a girarme.

—¿Estás bien? ¿He hecho algo que te haya molestado? —Se me parte el corazón al escuchar sus palabras—. Lo siento si te malinterpreté. Pensaba que tú también querías…

—No es eso.

Silencio. Un suspiro largo. Más silencio.

—¿Y entonces qué es?

—No es que no quiera… —Se me corta la voz—. Sí que quiero, o querría si las circunstancias fueran diferentes, pero…

—No estás preparada. ¿Es eso?

—Es… algo así.

No vuelve a contestar. Una lágrima resbala por mi mejilla y ni siquiera tengo fuerzas para secarla.

Tan solo quiero correr a la habitación de Kyle y gritarle que me quiera a mí por encima de todo.

Que me perdone por todo lo malo que he hecho, aunque sé muy bien que es demasiado pedir incluso para una persona tan buena como él.

—Llevo enamorada de otra persona mucho tiempo —confieso, y es como si me quitara un gran peso de los hombros.

—Oh.

Hago acopio de todo mi valor para encararla. Mis ojos ya se han acostumbrado a la oscuridad, así que puedo distinguir mejor sus facciones. No parece ni enfadada ni triste, solo desconcertada.

—No es que no quiera… —Gesticulo, señalándonos a ambas—. Esto, nosotras. Eres totalmente mi tipo. Me pareces guapísima y tenemos el mismo humor. Es solo que…

—La otra persona —adivina ella.

—Exacto.

Mueve levemente la cabeza. Se coloca boca arriba, con los brazos sobre su vientre y la mirada fija en el techo. Me merezco arder en el infierno por esto .

—Lo siento por haber jugado contigo de esta manera.

Ha estado fatal —reconozco avergonzada. Se me escapan las lágrimas, imparables—.

Es solo que… joder, no pretendo justificarme, ¿vale?

No espero que me perdones porque te dé un discursito ahora, pero…

Sé que nunca sucederá nada con esa otra persona.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque lo sé. La cagué hace años y, cuando tuvimos ocasión de retomarlo, volví a meter la pata hasta el fondo.

Cuando Rebecca me retó vi la oportunidad de pasar página.

Dios, es terrible ahora que lo oigo en alto.

—Me empapo las manos tratando de secar las lágrimas que no paran de salir—.

Tienes todo el derecho a odiarme y no dirigirme la palabra nunca más. Si me quieres echar del retiro…

—No me seas dramática —rezonga ella, ocultándose en su máscara de indiferencia.

—No debí haberte besado la primera vez, pero sobre todo no debí haberte respondido a este segundo beso.

Mientras no deje de pensar en esa persona no podré empezar algo nuevo y…

no sé, no me veo capaz de dejar de pensar en ella nunca.

Es como si estuviera escrito en las estrellas, y eso que yo no creo en esas chorradas.

—Ya veo. Es mejor haber aclarado las cosas ahora, así no nos hacemos ilusiones —dice mordaz. No puedo culparla. Como no se me ocurre qué decir a eso, permanezco callada—. Buenas noches, Gala.

—Buenas noches, Naisha.

Se da la vuelta, pero yo no soy capaz de moverme.

Por mi mente se suceden las imágenes de Kyle y yo en el lago y del reciente beso que he compartido con Naisha.

Al final, toda mi vida vuelve una y otra vez a Kyle.

Es el epicentro de todo. Sin él no sería quien soy, no estaría aquí.

Pienso en lo que le he confesado a Naisha.

He dicho «enamorada». No que me guste, no que sea importante para mí, sino que estoy enamorada de esa persona.

Me levanto tratando de hacer el menor ruido posible.

Camino de puntillas por toda la casa hasta llegar a la cocina, donde me sirvo un vaso de agua.

Una noche más, sé que no voy a lograr conciliar el sueño.

Estoy dando un trago cuando me percato de un movimiento en el exterior de la casa.

Entrecierro los ojos y creo distinguir a Kyle, así que voy a su encuentro sin pensarlo dos veces.

Fuera corre una suave brisa que mece las ramas de los árboles.

Tan solo se escucha la melodía de los grillos.

Kyle está de pie, inmóvil, con la mirada perdida en el firmamento.

Un millón de estrellas penden sobre nuestras cabezas como una enorme lámpara de araña.

Me abrazo a mí misma para resguardarme del viento y me detengo junto a Kyle.

Se vuelve hacia mí con lentitud. El marrón de sus iris hace temblar mis cimientos, viendo todos los miedos que guardo tras mi fachada.

Ninguno de los dos dice nada, pues la electricidad del ambiente habla por sí sola.